Reconocido con el Premio Nacional de Geografía 2025, el geógrafo ha hecho de la divulgación en una herramienta clave para acercar la ciencia a la ciudadanía. Con un estilo cercano y crítico, reflexionó sobre su trayectoria, el empoderamiento de la comunidad en cuanto a conocimiento y lo que depara el futuro.
Con más de 27 años ligados a la Universidad Católica, Marcelo Lagos ha dedicado su carrera a investigar fenómenos naturales con un enfoque en su impacto en las comunidades humanas. Es doctor en Ciencias Ambientales por la Universidad de Concepción, profesor de pregrado y postgrado, y desempeña distintos cargos administrativos en la Facultad de Geografía. Sus clases, artículos y explicaciones en televisión han logrado que cualquier persona, más allá de su formación, pueda comprender el porqué de estos fenómenos que, según Lagos, van más allá de la propia naturaleza.
El pasado 4 de agosto fue distinguido por unanimidad con el Premio Nacional de Geografía 2025, reconocimiento otorgado por la Sociedad Chilena de Ciencias Geográficas (SOCHIGEO). Destacaron su extensa trayectoria, su aporte en la formación de nuevas generaciones y, especialmente, su labor de divulgación científica, donde se ha convertido en un traductor de la geografía para la sociedad. Lagos será premiado en una ceremonia que se realizará el 7 de noviembre en el XLV Congreso Nacional y XXX Internacional de Geografía en el Campus Villarrica de la Universidad Católica.
Hoy, Marcelo dice que no es que él quiera estudiar catástrofes. Al contrario, prefiere estudiar sobre el amor o la felicidad, y sobre cómo vivir y construir un mundo mejor. Sin embargo, el “desastre” le recuerda todo el camino que falta por recorrer, ya que, en rigor, estos no deberían ocurrir, o más bien, no afectarnos como lo hacen.
El PUClítico tuvo la oportunidad de dialogar con el docente, quien nos conversó en el patio de la Facultad de Geografía, edificio que lo ha acompañado y cuidado en su vida académica. Allí, reflexionó sobre su carrera, la divulgación científica en el país y la democratización del conocimiento.
—¿Cómo fueron sus inicios en el ámbito de la geografía? ¿Qué fue lo que despertó su interés?
— Nunca pensé en esa idea de ser profesional, exitoso y conocido, y comunicador científico. En esa época las preguntas que yo tenía y las respuestas que buscaba se conectaban con alguna línea de pensamiento que explicara temas relacionados con la naturaleza y con el medio ambiente, y no había mucha oferta. Llegué a geografía y descubrí que existía esto, con su malla curricular, con diversas temáticas y componentes mezclados con lo físico, lo natural, lo humano, lo social y lo económico. Porque la ciencia social es una disciplina que interactúa con múltiples disciplinas, hay muchos saberes y me encantó. Me sentí cómodo.
— ¿Por qué es importante para usted seguir investigando sobre los procesos naturales extremos en nuestro país?
— Al estudiar el desastre, este es la punta del iceberg, donde abajo hay causas de fondo conectadas con el poder económico, un modelo de desarrollo extractivista, y un modelo de desarrollo neoliberal donde Chile es vanguardia. Se genera una serie de impulsores que potencian el riesgo como gobernanzas débiles, planificación urbana deficiente, pobreza, desigualdad, descuido y maltrato de los ecosistemas frágiles. Todo eso construye condiciones inseguras, las cuales pueden terminar en desastre porque son verdaderos castillos de naipes.
Añade que, para él, el conocimiento académico está ligado con salir de la zona de confort: desprenderse de la academia y traspasar al mundo real. “Hay que incomodar”, reflexiona, pues solo así se conseguirían políticas públicas y proyectos que hagan justicia.
—¿Qué ha significado para usted el rol de la divulgación en torno a la prevención y los desastres naturales?
— Se ha ido construyendo un camino de permitir que las comunidades tengan una opinión y una visión más crítica de los territorios donde habitan. También, siento que he contribuido a que las comunidades se empoderen de ciertas temáticas necesarias para exigir justicia y, particularmente, para el derecho que tenemos todes a habitar territorios dignos y seguros. Esto les permite entender la dinámica física-natural de un proceso natural, pero también comprender cómo la planificación urbana debería garantizar habitar con seguridad, o cómo el cambio climático y la componente humana es responsabilidad de unos seres especiales, y que de alguna forma eso afecta a la gente más precarizada y pobre.
Lagos subraya la importancia de no utilizar el concepto de “desastres naturales”, debido a que este se utiliza para “justificar lo injustificable”. Explica que “se está construyendo un imaginario que postula que la naturaleza nos quiere hacer daño, que el desastre ´es natural´. El desastre no es natural, es un constructo social”. Para el docente, la naturaleza no tiene la responsabilidad de los desastres, ya que es el ser humano quien decide dónde construir.
En cuanto a su rol, el académico expresa que jamás imaginó llegar a donde está. Sin embargo, identifica en su papel un cierto desarrollo, en cuanto puede divulgar conocimiento de manera “más simple”, con facilidad de adaptación, potencialidad de llegar a distintos públicos y, en sus palabras, con un factor de “empatía académica”.
— ¿Ha sido difícil acercar la geografía a las nuevas generaciones?
— Yo siento que la recepción del estudiantado siempre es amable. Es de escucha, respeto e interés. Me motiva a hacer clases entretenidas, porque generalmente la paso muy bien. Normalmente llevo solo un plumón a clases, no necesito nada más.
El académico destaca el perfil de estudiante que se adopta en su curso, pues cree que, tal como él hace años atrás, es el de alguien que busca respuestas más allá de un modelo establecido, sumado con el enfrentamiento a poderes hegemónicos que aportan a la construcción de riesgos y desastres.
— Parte del reconocimiento del premio es por acercar la geografía a los medios de comunicación. ¿Cómo inició su rol en los medios?
— Los medios de comunicación se transformaron en una pizarra para irradiar, compartir y responder a las preguntas de las comunidades en temas donde todos buscan respuestas. Uno podría decir que Chile es un país que permanentemente está siendo afectado por mugrosos procesos de la naturaleza y, por lo tanto, las sociedades deberían ser muy cultas en estas materias.
Lagos comenta que el mundo de las comunicaciones se acercó a él luego de volverse “viral” al comentar sobre una catástrofe ocurrida en 2004 en el sudeste asiático. “Ellos me buscaron”, dice entre risas. Entrevista tras entrevista, fue generando cada vez más rating en los medios hasta ganar popularidad. Su éxito lo atribuye a que él explica las cosas tal como se las expone a sus alumnos: con claridad y comprensión.
Además, dice sentirse cómodo con la incomodidad, pues con las cámaras “yo me doy con alguna seudo-neurodivergencia que debo tener. No siento la necesidad de ser aceptado, por lo tanto, no estoy preocupado de qué opinan de mí los otres”. A su vez, destaca la curiosidad de las personas por saber un poco de todo. Así, consiguió su cargo de asesor científico en diferentes canales de televisión.
Pero el camino no está terminado. Lagos opina que, si bien la divulgación científica ha crecido exponencialmente en Chile, se debe concentrar en reforzar la calidad del periodismo que la difunde. Sostiene que los medios masivos se enfocan en saltar de tendencia a tendencia, generando un material menos profundo.
— ¿Cómo es su visión acerca de la investigación geográfica en Chile? Específicamente, ¿está Chile preparado para afrontar estas situaciones?
— Somos sociedades que reaccionan frente a una situación, pero cuando no ha ocurrido es como si no existiera y caemos en una especie de ilusión e invulnerabilidad, de pensar que “a mí no me va a pasar”.
Para el geográfo, en Chile se ha aprendido a convivir con la amenaza sísmica debido a su gran frecuencia en nuestro país, provocando que las conductas de autocuidado hayan sido potenciadas y adquiridas por la ciudadanía. Sin embargo, expresa que “cuando es algo raro, poco frecuente, ahí puede haber consecuencias, porque somos sociedades reactivas”.
Para ejemplificar, utiliza el caso del tornado ocurrido este año en Puerto Varas. Este suceso permite enfatizar la importancia de estudiar y entender cómo adaptarnos a los distintos escenarios que se pueden presentar en el futuro. Ese tipo de escenarios, especialmente los vinculados con el cambio climático, “nos indican que vienen escenarios complejos en el futuro”.
—¿Cómo recibió el premio? ¿Se había planteado la posibilidad de que fuese posible?
— No, nunca. Nunca nunca nunca. La verdad es que nunca he esperado un reconocimiento, porque las cosas uno las hace porque -en mi caso- soy feliz, me llena, me siento bien, la vivo bien y evidentemente yo no tengo el perfil del académico típico.
Para Marcelo, recibir el Premio Nacional de Geografía fue una sorpresa conmovedora. No obstante, vio otro valor en esto: un reconocimiento de la comunidad más joven, demostrando que estas valoran la comunicación científica. A su vez, aprecia que este galardón habitualmente se les otorga a personas mayores, mientras que él se siente aun de mediana de edad.
“En este minuto yo estoy justamente ahí en la ola, como un impulsor que potencia aún más mi posibilidad de avanzar en la comunicación y en el compartir. Pero también se refuerza el escuchar y contribuir desde distintos saberes de la comunicación científica, la investigación y la docencia universitaria. Para construir, junto con todos mis pares, más justicia y un mundo mejor”, reflexiona. Finalmente, agrega que el intercambio de conocimiento debe hacerse con respeto, escucha y empatía.
— ¿Qué se viene ahora? ¿Qué le depara para el futuro?
Lagos medita un momento sobre el paso de los años. Cree que a su edad ya empieza a preguntarse hacia dónde va. “La vida pasa volando y yo quiero disfrutarla a concho”, concluye. Sobre su carrera, reflexiona:
“En principio, evidentemente, sigo pensando en la academia. Pero también sigo pensando en cómo disponer de más tiempo para sentarme a materializar toda la experiencia acumulada. Eso implica libros o conocer otros territorios que me muero de ganas de conocer, estar y aprender. Lo que yo creo que se viene es un sabático que me permita de alguna forma decantar el camino recorrido y probablemente salga algún producto de eso. Te hablo del mediano plazo, más adelante no sé”. Lagos añade con gracia: “Quizás termine limpiando piscinas por ahí, no lo sé”.
—¿Qué mensaje podría darles a los jóvenes que también son entusiastas en el conocimiento?
— La ciencia no necesariamente tiene respuesta para todo y la ciencia no son solo las ciencias naturales, las ingenierías o la astronomía. La universidad es ciencia: las humanidades, las ciencias sociales, el diseño. Desde toda trinchera del conocimiento uno puede contribuir al desarrollo de la sociedad y, por lo tanto, cualquier pregunta que uno tenga y que pueda responder y lleve a avanzar como sociedades humanas -y no humanas- es bienvenida.
Para cerrar, el académico pone especial hincapié en la búsqueda de distintos conocimientos. Para él, las personas no deberían limitarse a sus carreras universitarias, sino más bien ser entusiastas de distintos saberes. Marcelo se ve reflejado: “Yo soy geógrafo, pero me especializo en eventos extremos y me interesa trabajar con las comunidades. De igual forma soy comunicador científico, padre, surfista, ando en skateboard, me gusta el heavy metal y todo eso a la vez”.
Profesor, divulgador, surfista o padre: todas esas facetas se entrelazan en un mismo espíritu inquieto que, más que estudiar desastres, busca comprender cómo habitamos el mundo. Quizás mañana lo veamos —como bromea— limpiando piscinas. En definitiva, su presencia seguirá recordándonos que la ciencia cobra sentido cuando se comparte, y que la geografía, más que mapas o teorías, es también lo que el hombre hace con ella.