Uno de los hallazgos más importantes de la arqueología en Chile vuelve a generar controversia. Una investigación publicada en Science cuestiona la antigüedad atribuida a Monte Verde. Dice que el sitio podría ser hasta 7.000 años más reciente de lo establecido, lo que abre un nuevo capítulo en el debate científico.
Por Fernanda Hernández y Carla García.
Monte Verde, uno de los sitios arqueológicos más importantes de Chile y figura clave para entender el poblamiento de América, vuelve a plantear una pregunta fundamental: ¿cuándo llegaron realmente los primeros seres humanos a América? Una investigación de Todd Surovell, en la que participó el investigador de la Universidad Católica (UC) César Méndez, plantea que el sitio podría ser hasta 7.000 años más reciente de lo que se creía. El trabajo fue publicado en marzo en la revista científica Science.
El sitio fue descubierto a finales de los años 70 por el antropólogo y arqueólogo estadounidense Tom Dillehay, junto al geólogo chileno Mario Pino. Monte Verde es un terreno ubicado en la Región de Los Lagos, a 28 kilómetros al suroeste de Puerto Montt. Su descubrimiento derribó el paradigma de Clovis: cultura del norte de América que se creía una de las más antiguas del continente y que dominaba el paradigma de la época. Este hallazgo revolucionó la ciencia al demostrar que los seres humanos habitaron América mucho antes de lo que se pensaba. La data inicial sugiere una antigüedad de 14.500 años y, tras años de debate, finalmente en la década de los 90 se confirmó esta antigüedad.
Sin embargo, tras una publicación en la revista Science el 19 de marzo de 2026, se propuso que el sitio arqueológico podría ser al menos 7.000 años más reciente de lo que se creía. Un equipo de investigadores liderado por Todd Surovell, arqueólogo de la Universidad de Wyoming, en colaboración con investigadores de la UC —entre ellos César Méndez— propone que las dataciones del sitio podrían haberse visto afectadas por la redepositación de materiales orgánicos, es decir, el traslado natural de muestras de mayor antigüedad hacia capas más recientes de ocupación humana.
Según esta nueva hipótesis, el sitio se situaría en el Holoceno Medio y no en el Pleistoceno Tardío como se creía inicialmente.
La controversia se sostiene en una pregunta que parece simple, pero que ha tomado casi 50 años de trabajo responder: ¿cuán antiguo es realmente Monte Verde?
La postura original: Dillehay y Pino
Desde fines de los años 70, Tom Dillehay, arqueólogo estadounidense de la Universidad de Vanderbilt, y Mario Pino, geólogo de la Universidad de Chile, sostienen que el estudio de las capas de la tierra (estratigrafía) del sitio Monte Verde es claro y no admite dudas. «Hay una estratigrafía muy intacta ahí. Hay ocho estratos intactos de arriba hacia abajo», explica Dillehay. El arqueólogo asegura que tienen más de 80 pruebas de laboratorio que calculan la edad del suelo y que todas coinciden perfectamente en el tiempo. Esto demostraría que la tierra del lugar está intacta y que nada se movió de su posición original a lo largo de los miles de años: “No hay evidencia de redeposición ahí, nada”.
Pino defiende el mismo punto desde la geología: el cálculo de la antigüedad del sitio no se hizo solo en madera —material que, advierte, puede inducir a errores si no se identifica bien el anillo de la que se toma data—, sino también en semillas, hojas, algas marinas, huesos y colágeno. «Nosotros fechamos exclusivamente elementos anuales. Evitamos fechar madera, salvo en una crisis», dice. Para el geólogo la nueva hipótesis de redeposición no tiene sustento geológico: «Esta terraza no existe: no hay un solo afloramiento en Monte Verde que tenga esta estratigrafía en el lado norte».
Dillehay fue más allá y formuló acusaciones directas contra el equipo UC: «Nunca he dicho lo siguiente de mi carrera públicamente y ahora voy a decirlo. Han dicho muchas mentiras también. Han inventado cosas. Ya hemos documentado las mentiras de su parte por correos con ellos».
El arqueólogo apuntó en particular a un episodio de 2014, cuando Mario Pino tomó muestras de turba en el sitio para el investigador Erwin Taylor. Según Dillehay, el equipo UC habría alterado la ubicación real de esas muestras en sus publicaciones: «Ellos dicen que no, que estas muestras vienen de una terraza arriba. Ellos nunca estuvieron ahí cuando esas muestras fueron tomadas”. Según dice, el equipo investigador de la UC cambió la ubicación en sus artículos e informes para “apoyar la hipótesis de ellos de redeposición de materiales de 14.500 años atrás”.
Tom Dillehay aseguró: “Es contra la ciencia ética cambiar los datos para favorecer su propia agenda”.
Pino señala que tiene contemplado realizar una excavación pública el próximo 27 de septiembre. Tiene previsto invitar al rector de la UC, Juan Carlos de la Llera, con el objetivo de que extienda la convocatoria a docentes de la universidad. Además, quiere contar con la participación de estudiantes destacados. Según explica, esta iniciativa busca responder a los cuestionamientos surgidos en redes sociales: “La única forma de callar a las redes sociales es con una cosa así”.
La contrapropuesta: Méndez y el equipo UC
César Méndez, arqueólogo de la UC y coautor del estudio publicado en Science junto a Todd Surovell, de la Universidad de Wyoming, Claudio Latorre y Juan Luis García, ambos docentes de la UC, sostiene que el problema no está en las técnicas de datación en sí, sino en el contexto geológico en que se tomaron las muestras. Su equipo plantea que el sitio pudo verse afectado por procesos de redepositación: el haber trasladado materiales antiguos hacia capas recientes habría “envejecido” artificialmente las dataciones del sitio.
Méndez enmarca esta discusión como parte de un proceso científico normal y necesario: «Para mí, nunca estuvo cerrado: siempre tuve dudas con respecto a la interpretación que habían hecho los investigadores».
En cuanto a una posible colaboración entre los investigadores el próximo 27 de septiembre, el arqueólogo dice que, como equipo UC, están dispuestos a “realizar cualquier tipo de intercambio”, pero que debe ser coordinado y consensuado “entre los distintos investigadores, no impuesto”.
Respecto al ambiente de la discusión, sin referirse puntualmente a las acusaciones de Dillehay, Méndez dice: «El debate con descalificaciones en nada le hace bien a la ciencia». Defiende que el trabajo de su equipo se ajustó a los permisos y protocolos correspondientes y lo que hace falta ahora es una evaluación verdaderamente independiente. «No nos vamos a poner de acuerdo, porque la ciencia es un proceso de construcción, no es un veredicto final”, afirmó.
El equipo UC asegura que las proyecciones usadas para establecer la posición de los mencionados testigos sedimentarios se basaron en una publicación realizada por Pino y Dillehay en la revista Antiquity. En cuanto a los dichos del Dr. Dillehay, César Méndez prefirió no responder: “Por lo demás, no me refiero en esos términos a los colegas”.






