Doris Rojas, encargada de la sala de impresión de la Facultad de Educación: “Más que mirarlos como clientes, yo los veo como vínculos”

Con 25 años de experiencia en la UC, la funcionaria de la Facultad de Educación habla sobre su relación con los estudiantes y la rutina que ha llevado a cabo durante estos años. Además, destaca la importancia de fortalecer las relaciones humanas con la comunidad universitaria.

Entrevista por Fernanda Hernández y Sebastián Rozas.

Cae la tarde y, pasadas las tres, llega Doris Rojas (58) a su oficina con llaves en mano. En la ventana aparece una profesora a retirar su pedido y, al despedirse de la funcionaria, le dice: “Que se le haga corta la tarde o larga dependiendo de lo que tenga que hacer”. A lo que ella responde: “Con todo lo que tengo que hacer, ojalá sea un poco más larga”.

Dentro de la pequeña sala de impresión en la Facultad de Educación del Campus San Joaquín se encuentran el computador, las impresoras y el anillador con los que Rojas trabaja todos los días para atender a los estudiantes que solicitan material impreso. Antes de comenzar la entrevista, la funcionaria dice: “Empieza cuando quieras, que no me puedo quedar quieta”, mientras utiliza una máquina para perforar múltiples hojas que luego anillará.

Rojas comenzó a trabajar en la UC por un reemplazo, hace 25 años. Antes de que naciera su hija, estaba instalada en el edificio Raúl Devés de la Facultad de Ingeniería, hasta que la trasladaron a Educación a fines de la pandemia. 

Sola se hace cargo del correo en el que llegan los documentos de los estudiantes, la rendición de la caja, el manejo de las tres impresoras que hay a su espalda y el orden del material. Su oficina es ambientada por el sonido rítmico de las hojas entrando y saliendo de las máquinas. Las repisas tienen pilas de plástico con el que encuaderna los anillados. En el suelo hay “challas”, como le llama Rojas a los restos de papel que salen después de perforar. 

Luego de ausentarse en octubre del año pasado por una operación de rodilla, volvió en marzo a encontrarse con la comunidad de la UC y con la misma rutina que mantiene hace años. 

¿Cómo describiría su rutina en la sala de impresión? ¿Cuál es el pulso desde que abre la sala hasta que apaga los equipos?

—Interactúo mucho con la gente, converso bastante y me río. Es dinámico por los cambios de horario que tienen los chicos. Cuando salen de clase, intercambian de módulo, después de colación, antes de colación, varía bastante. Ayer se llenó y no paré hasta la tarde, a las seis fue que cerré la ventana.

Rojas cuenta que muchas veces hay estudiantes que se extienden del horario de atención. Algunos tocan su ventana en la mañana cuando todavía no abre y otros cuando el computador ya ha sido apagado y la caja cerrada. Aun así, de vez en cuando la funcionaria hace esfuerzos para atenderlos: “Me dicen, ‘ay, pero si es una hoja’ y a algunos les digo, ‘ya, te hago el anillado, pero ven mañana a pagarme’”, dice.

—¿Cómo es su relación con los estudiantes?

—Bueno, mi trabajo se debe a ellos y también a los profesores. Trato de tomarle la mayor atención posible a cada uno. De hecho, conozco y les sé el nombre a varios. Intento tener un buen trato, ya sea con los chicos de educación, de ingeniería, de forestal, de humanidades, enfermería, odontología, porque de todas esas partes vienen. Entonces trato de tener un vínculo con ellos. Más que mirarlos como clientes, yo los veo como vínculos, porque estamos todos los días acá y todo el día.

—¿Alguna vez le ha tocado lidiar con el estrés de un estudiante que quiere imprimir en época de exámenes o a punto de realizar una entrega? 

—Sí, es bastante estresante porque pareciera que el sistema se pusiera en contra de la persona que viene apurada. Como que el Wi-Fi no funciona, el archivo no se abre o la máquina de repente se atasca.

—¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo y lo que menos le gusta? 

—Atender público e interactuar con la gente siempre me ha gustado. Lo que menos me gusta es cuando la gente anda apurada.

Responde escueta mientras rinde cuentas, revisa los correos más recientes que le han enviado y abre una nueva resma, ya que en medio de la impresión de un libro de teología la impresora se había quedado sin papel. Cuando se acercan personas a la ventana, los atiende inmediatamente y en cuestión de minutos les entrega su material.

¿Cuál es la anécdota más curiosa que tenga con un estudiante o docente?

—Que haya impreso algo que no correspondía. De repente creen que envían el correo y no, lo dejan programado. Me dicen, ‘vengo a buscar mi trabajo’ y yo le digo, ‘no tengo nada suyo’, ‘no, pero si yo lo envié’, lo revisan y lo habían dejado programado en vez de las 4:00 de la tarde, a las 4:00 de la mañana.

A la sala de impresión llega una persona con papel en mano, consultando por la Dirección Económica de la facultad. Doris amablemente le señala a dónde dirigirse: “A mano izquierda termina la escalera, hay una mampara ahí adentro, ahí pregunta”.

Sus 25 años de trabajo en la UC no han sido en vano. Ha sido testigo de cómo el campus ha ido creciendo y de cómo ella también ha crecido junto a él. Su labor no solo consiste en encargarse de las impresiones, sino también en ayudar a quienes lo necesitan, ya sea indicándoles dónde se ubica algún edificio o guiándolos cuando no saben a dónde dirigirse.

—¿Ha notado una baja de las impresiones desde la llegada de la tecnología? ¿Los estudiantes imprimen menos que antes?

—Yo diría que no, porque con el uso de las pantallas, ya muchos están aburridos y prefieren el papel. Se les cansa la vista y sienten dolor de cabeza. Además que pueden tomar nota, destacar, poner alguna observación, por eso les gusta imprimir.

Entre los movimientos en la oficina, aparece un hombre por la ventana: “¿Cómo está amiguita? Le dejo, que son para las 5:00”, saluda a Rojas amistosamente, mientras le entrega una pila de papeles para anillar. La funcionaria le pregunta por los colores de mica para la portada y contraportada de su encuadernación. El hombre muestra indiferencia y la deja a ella decidir. “¡Así me gustan los hombres, que les dé lo mismo nomás!”, responde Rojas en un tono sarcástico y con una sonrisa le indica que tendrá el anillado listo a la hora solicitada.

—De todos los rostros de estudiantes que han pasado por su ventana, ¿hay alguno que la haya marcado a nivel personal?

—La mayoría son de la edad de mis sobrinos y también de la edad de mi hija. En los estudiantes los veo reflejados, de hecho, cuando a alguien le falta plata, 50 pesos, 100 pesos, yo siempre le digo, ‘me lo trae después’. Me pongo en el lugar de ellos.

Rojas señala que la importancia de su labor es mantener la comunicación con los estudiantes y una buena atención al público. “A cada persona que llega, darle un trato especial, estrecho y armonioso”, dice. 

Bonus track PUClicuestionario

—¿Baño favorito?

—El que tengo aquí al frente (en educación).

—¿Lugar favorito del campus?

El casino de Humanidades.

—¿Colega favorito?

—Tengo varios colegas amigos, pero Jacqueline Ríos.

—Cosa que quiere hacer antes de dejar la UC.

—Conservar las amistades que tengo.

—Consejo para los jóvenes.

—Que estudien y cuiden su salud. Si pueden hacer deporte, que lo hagan, es muy importante.

—Si fuera rectora de la UC, ¿cuál sería su primera medida?

—Que el menú para los chicos de la Junaeb sea a la par de todo el resto.

—Invente un cargo o área que debería existir en la UC.

La típica mesa del té club, habilitar un comedor comunitario en el que interactúe más la gente.

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