¿Dictadura o intervención indebida? Pick your poison

Desperté el sábado recién pasado, y lo primero que vi en redes sociales fue el bombardeo sobre Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Absolutamente todo el día, tanto en televisión como en Twitter e Instagram, no se habló de otra cosa. Mi intención con esta columna no es realizar un juicio de valor sobre lo ocurrido, sino invitar a una reflexión.

Sí, en Venezuela hay una dictadura -y lo escribo en presente pues aún están algunos de los altos mandos del régimen en el gobierno- que tortura y asesina a sus opositores, y que tanto sufrimiento ha provocado al pueblo venezolano, liderada por un tirano que abusó del poder, que se robó elecciones, entre muchas otras cosas. ¿Es justificable, entonces, una intervención extranjera? Depende. Y aquí cada uno ponderará lo que crea más valioso, pero no podemos dejar de considerar que, si Trump intervino, no lo hizo por altruismo, sino por un afán expansionista y con intereses puestos en los recursos naturales de Venezuela -tal como hasta ahora lo han hecho China y Rusia, entre otros-, mientras que, al mismo tiempo, no es capaz de resolver problemáticas urgentes en Estados Unidos, como la salud pública, por ejemplo. Y esto no es una conclusión apresurada ni antojadiza: el mismo Donald Trump así lo deja ver cuando menciona que el petróleo de Venezuela les pertenece.

Además, es importante mencionar que Trump no solo ha ignorado el derecho internacional, sino que también el de su propio país, pues cualquier intervención como la del sábado pasado debe ser aprobada por el Congreso estadounidense, cosa que no sucedió en ese caso. ¿Más razones para la intervención? Narcotráfico. Después de que el mismo Trump indultara al expresidente de Honduras, también acusado por narcotráfico. Juzgue cada uno lo que se infiere de esto.

Ahora, no creo que tengamos que solo centrarnos en cuestionar si se debió o no intervenir, o si estuvo bien o mal hacerlo –pues la situación venezolana es demasiado compleja para reducirla a un binarismo de “buenos” versus “malos”–, ya que esta discusión no aporta nada sustancial: la intervención ya se hizo y personalmente me alegra que haya caído un dictador.

Sin embargo, ahora más que nunca deberíamos estar ponderando las verdaderas razones que hay detrás de todo esto y preocupándonos por el pésimo precedente que esto sienta para los demás países. Si aceptamos que se puede intervenir cualquier país solo porque es evidente que el gobernante es un dictador, nada impide que el día de mañana se pueda intervenir en algún otro país porque se instala un determinado relato sobre un gobernante que no nos agrade. Si Trump puede secuestrar a la cabeza de un régimen sin consecuencias reales, ¿por qué no podría Xi Jinping hacerlo también con Taiwán, o Putin con Ucrania? No se trata de ser blando o tolerante con totalitarismos, se trata de no ser ingenuo. Hoy fue el petróleo, pero mañana perfectamente podría ser el litio. Y eso debería llamarnos a, al menos, estar atentos a cómo se siguen desenvolviendo los hechos: la historia no se repite, pero rima muy bien.

Leonardo Escobar García
Estudiante de Química
Exvicepresidente EQUC 2025

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