Corrección: no es abajo el bloqueo, es ABAJO LA DICTADURA

Nací en Cuba a inicios de los 2000; mi abuelo era militante del Partido Comunista, pero mi familia pensaba distinto, como una especie de oposición en un país donde la oposición no existe legalmente. Cuando no existía la posibilidad de salir de la isla legalmente, mi mamá, como miles de padres, intentó huir del país en lancha incontables veces. Imaginen la desesperación de una madre que arriesga su vida y la de sus hijos para huir de un país. Eso es un pequeño fragmento de mi historia, pero sobrevivimos y hoy puedo contarla desde un país libre. Muchos no tuvieron esa suerte: murieron, fueron detenidos o siguen en la isla sin poder expresarse. Todas las familias cubanas cargamos con la separación, el miedo y la escasez en nuestros hombros.

Empiezo por aquí porque leer la declaración del Colectivo de Memoria y Derechos Humanos, afirmando que las medidas recientes “han sumido a la isla en una crisis humanitaria de extrema gravedad”, no es solo una frase con la que discrepo. Es una afirmación que borra décadas de sufrimiento. No se trata de un debate teórico, se trata de una crisis que forma parte del día a día del cubano.

La crisis en Cuba no empezó ahora; la escasez ha sido estructural durante décadas. El sistema de racionamiento estatal es insuficiente y obliga a millones a depender de mercados en divisas inaccesibles; hay salarios de 2.100 CUP, mientras que una botella de aceite puede costar cerca de 1.500. Esa distorsión económica no nació de un «bloqueo» reciente; es consecuencia de un modelo interno fallido sostenido.

Cuando afirman que el “bloqueo” compromete derechos esenciales, evita deliberadamente mencionar que el Estado restringe libertades fundamentales. Según registros de Archivo Cuba, cerca de 10.000 muertes y desapariciones desde 1959 han sido documentadas como vinculadas a violencia estatal, ejecuciones o muertes bajo custodia. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos reportó más de 1.500 violaciones en el primer semestre de 2025, incluyendo detenciones arbitrarias y persecución a disidentes. No son relatos aislados, son registros sistemáticos.

El texto declara que las sanciones “atentan directamente contra los derechos humanos”, pero omite que en Cuba manifestar desacuerdo político puede implicar arresto, vigilancia o expulsión de espacios educativos. El adoctrinamiento político comienza en la infancia: “R de revolución”, “F de Fidel”, “pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Crecemos dentro de un monopolio educativo que limita el pensamiento. Esa también es una dimensión de los derechos humanos que el Colectivo decide ignorar. Condenar sanciones externas no elimina la obligación de reconocer la represión interna y la mala gestión gubernamental que sufre la población.

Hablar de “bloqueo” como si Cuba estuviera aislada simplifica una realidad mucho más compleja. Durante décadas han existido remesas, envíos dealimentos y relaciones comerciales con múltiples países, incluyendo a EE.UU. Por ejemplo, ETECSA, única empresa de telecomunicaciones, mantiene planes que funcionan con recargas internacionales. O empresas que gestionan envío de comida en menos de 72 horas, principalmente desde EE.UU. Presentar la crisis como resultado exclusivo de factores externos ignora la mala administración interna y la falta de transparencia estatal.

Mi historia no es excepcional. Crecimos en un entorno donde muchas familias sobrevivían robando, negociando o delatando porque el sistema empujaba a ello. Incluso quienes reciben regalías siguen atrapados en una escasez que no garantiza insumos médicos básicos. Reducir esto a que Cuba solo “presenta dificultades” es un eufemismo.

Entiendo que para algunos la experiencia vivida no basta, por eso también incluyo información documentada. No para reemplazar la memoria, sino para demostrar que lo que vivimos tiene respaldo verificable, pese al control de información en la isla. La solidaridad real con el pueblo cubano exige reconocer todas las dimensiones de la crisis.

¿Cómo un colectivo que pregona defender los DD. HH. evade la palabra dictadura al referirse a la situación de mi país? ¿Cómo una organización caracterizada por rescatar historias de detenidos desaparecidos no menciona las muertes y a los presos políticos en manos del régimen castrista? La memoria selectiva no es descuido, es complicidad.

Chayanne Rodríguez Medina

Estudiante de Ingeniería

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