Estimada directora: Este 8M, como estudiantes UC, salimos a marchar no solo para recordar y conmemorar la lucha histórica de las mujeres que nos permite hoy habitar las aulas, sino también como un acto de vigilancia política. Como bloque estudiantil, salimos para decir que estamos atentas y que nuestra formación académica, lejos de separarnos de la realidad, nos entrega las herramientas para cuestionarla.
En Chile nos encontramos en un momento crítico. El próximo cambio de mando trae consigo mucha incertidumbre, lo que, sumado a la alarmante discusión legislativa respecto a un proyecto de ley que, bajo la excusa de “humanizar” la situación de algunos reclusos, podría entregar libertad a victimarios y desproteger a sus víctimas, nos obliga a estar atentos al actuar de nuestros representantes. La paz de las víctimas, hoy amenazada, no es negociable; es algo mínimo en un Estado democrático.
Pero nuestra mirada no se detiene en nuestro país. No es posible ignorar que, mientras nosotras marchamos en libertad, miles de mujeres y niñas en Palestina están siendo sistemáticamente borradas bajo un genocidio del que muchas autoridades y empresarios del mundo son cómplices.
Tenemos los ojos puestos en quienes nos representan, observamos a quiénes les dan la mano, qué leyes tramitan y qué tratados firman. Este 8M, exigimos coherencia: no se puede hablar de los derechos de las mujeres en Chile mientras se guarda silencio ante la masacre en Medio Oriente, ni se puede hablar de seguridad pública mientras se tramitan leyes que desamparan a chilenos inocentes.
Camila Ortiz
Estudiante de Ingeniería Civil

