Rafaela Santibáñez: donde empieza una campeona

Esgrimista, estudiante de Ingeniería Civil UC y ganadora del oro en los Juegos Panamericanos Junior 2025. Rafaela Santibáñez se posiciona, a sus 21 años, como parte de una nueva generación de mujeres en el deporte.

Seis años tenía Rafaela cuando descubrió la pasión que la acompañaría toda su vida, seis años tenía cuando veía a su hermano viajar y competir en esgrima, y seis años tenía cuando pensó: “Yo también quiero”.

Desde ese momento, Rafaela Santibáñez comenzó a ser quien es hoy. Partió practicando esgrima en su colegio, The Antofagasta British School, y en su primera competencia escolar se quedó con el primer lugar —quizás fue una señal de lo que vendría con los años—. 

Otra de sus primeras experiencias llegó a la temprana edad de 10 años, cuando viajó a Perú a su primer torneo panamericano de esgrima, donde se quedó con el tercer lugar. Desde ahí que nadie pudo detenerla y la ambición por superarse se hizo más fuerte. De tez blanca, ojos oscuros y una gran sonrisa, Rafaela suele mostrarse risueña, pero a la hora de competir el mundo desaparece y su concentración se focaliza en una sola cosa: la técnica y la precisión de cada toque.

Ahora, 11 años después, el día de Rafaela comienza a las 8:00 de la mañana camino al Comité Olímpico de Chile, donde inicia su preparación física. Con su cabello café recogido en un moño se prepara para entrenar, como lo hace todos los días. Viste el traje blanco de esgrima, que se compone de zapatillas especiales para la pista, pantalones resistentes y una chaqueta acolchada que protege el torso. Bajo el uniforme, lleva el protector mamario y el peto axilar, parte del equipamiento de seguridad del deporte. 

En la categoría de florete —su especialidad— el conjunto se completa con una chaquetilla eléctrica gris que permite registrar cada toque durante el combate, además de la máscara, el cable y el florete que sostendrá durante el asalto.

Luego del entrenamiento, se va directo a su clase de las 9:40 en el Campus San Joaquín, porque, a sus 21 años, Rafaela es deportista y estudiante de Ingeniería Civil a tiempo completo. 

Sus días transitan del esgrima al estudio y luego nuevamente al esgrima, un bucle desgastante que la acerca a lo que tanto desea. Para sostener esa rutina se necesitan garras, deseo y pasión.

¿Es muy difícil ser deportista y estudiante al mismo tiempo? 

  • Sí, pero igual uno se acostumbra. El primer año me acuerdo que fue así, demasiado difícil. Más encima, como venía de Antofagasta, vine a vivir sola, a entrenar y más encima a la universidad… Fueron muchos cambios a la vez que lo hace muy frustrante, porque no sabía cómo organizar los tiempos, sentía que la semana se me estaba acabando y yo ni siquiera había empezado a estudiar. 

Luego de una jornada de 12 horas entre estudio y entrenamiento, Rafaela se devuelve a su hogar desde el Centro Olímpico. Cuando el cielo de la capital ya se oscurece, la hora punta se termina y solo quedan aquellas personas que, después de haber trabajado bastante, vuelven a sus casas.

El traslado entre ambos mundos tampoco es largo. Desde el Centro Olímpico, ubicado a un costado de la Rotonda Grecia, Rafaela tarda cerca de 15 minutos en llegar al Campus San Joaquín. Es un trayecto corto, pero que marca el cambio entre dos rutinas que conviven todos los días, del entrenamiento a la sala de clases, y de la universidad nuevamente al entrenamiento: “Es como mi casa, la universidad y el centro de entrenamiento”.

Es difícil. Ella misma reconoce que hay momentos en los que se frustra, en los que ambas vidas no siempre son compatibles y hay que empezar a priorizar entre el futuro universitario y el futuro deportivo, entre elegir dos partes de sí misma igualmente importantes: “Me siento super cansada generalmente, pero uno se llega a hacer las ganas no más”. 

Como mujer deportista, siente que la brecha de género en esgrima no es especialmente notoria, en parte porque se trata de un deporte que, en general, todavía recibe poco reconocimiento. Aun así, cree que la presencia femenina en el deporte y en la esfera pública cumple un rol importante. Durante mucho tiempo, explica, muchos de estos espacios han estado marcados por una lógica más masculina, por lo que la llegada de más mujeres también ayuda a ampliar la mirada sobre lo que ocurre dentro y fuera de la pista. 

“Que estemos entrando las mujeres a todos estos ámbitos, abre la mentalidad y permite ver todo el plano mucho más amplio de lo que puede estar pasando y por qué está pasando”, analiza la esgrimista.

En el presente Rafaela retrocede un año, a agosto de 2025, cuando en la ciudad de Asunción obtuvo el primer lugar en los Juegos Panamericanos Junior. Uno de los logros más importantes de su carrera.  El resultado no solo coronó años de entrenamiento y constancia, sino que también marcó un nuevo punto de partida en su trayectoria deportiva. El oro significó asumir un mayor compromiso con su preparación y proyectarse hacia el ciclo adulto, manteniendo el ritmo de trabajo que la llevó hasta ese podio.

¿Qué cambia tras obtener este resultado?

  • Creo que todo. El periodo después de los juegos fue demasiada visibilidad, mucha tele, mucha entrevista, mucho como todo, mucha cara y después ya vuelve a la normalidad, así que después de ese peak de transmisiones ya llega la normalidad y uno se tiene que dar las ganas nomás de seguir entrenando. Seguir dándole para las siguientes competencias, porque al final es una competencia más, puede ser una competencia muy importante más, pero es una competencia más del camino que uno está buscando.

A pesar de estar en los primeros meses del año, Rafaela ya se encuentra bastante ocupada entrenando en España. El 2026 le depara muchas cosas en su carrera deportiva, como un Panamericano, el mundial de esgrima y los Juegos Sudamericanos, una temporada un poco menos ajetreada que la anterior, en donde competía internacionalmente cada casi dos meses. Asimismo, la otra parte de su vida, la universitaria, también se encuentra igual de exigente, ya que este es su cuarto año de Ingeniería Civil. 

Luego de tantos años, los días de Rafaela siguen avanzando con el mismo impulso que comenzó cuando tenía apenas seis años y miraba a su hermano competir. Hoy, el limbo entre lo universitario y lo deportivo confirma su pasión y ese deseo que nació de niña sigue intacto. 

Porque, al final, es una convicción, un sueño que ha conseguido a lo largo del tiempo: “Con ganas todo se puede, si uno quiere tiene un objetivo y lo quiere tener,  lo puedes lograr con puras garras”.

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