De la primera a la actual: evolución del liderazgo femenino en la UC

“Se estaban rompiendo paradigmas, se estaban rompiendo esquemas”, señala Francisca Correa, la primera mujer en presidir la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC). Esa elección marcó un hito para el liderazgo femenino al interior de la Universidad Católica. Este 2026 se cumplen 30 años desde aquel precedente.

Tras las elecciones FEUC de 1996, tuvieron que pasar 18 años para que una mujer volviera a encabezar la Federación. En los últimos 30, han sido diez mujeres las que han presidido el organismo.

Para observar el presente y contrastarlo con el pasado, desde El PUClítico conversamos con Francisca Correa, la primera presidenta mujer de la FEUC, junto con la actual y décima presidenta mujer, Martina Matus. 

Francisca Correa estudió Arte en el Campus Lo Contador, que en esa época convivía con las carreras de Arquitectura y Diseño. Antes de entrar a la Universidad, fue parte del Centro de Alumnos del Colegio Inglés de La Serena. Esta etapa la recuerda con especial detalle, ya que Alejandro San Francisco, presidente FEUC en 1994 por el Movimiento Gremial, también presidió el organismo secundario. 

Durante la campaña de las elecciones FEUC en 1993, Correa le escribió al hermano de San Francisco, a quien conoció durante su etapa escolar, para saber si podía ayudar al entonces candidato. Posteriormente alcanzó su primer rol en la política universitaria, siendo un nexo entre la FEUC y su campus. Al siguiente año, 1995, fue primera vicepresidenta de Álvaro Guzmán.

–¿Cómo surgió su candidatura dentro del Movimiento Gremial? ¿Sentía que estaba rompiendo un techo o no lo estaba viviendo así en ese momento?

– Era difícil, porque mucha gente no creía que pudiera asumir el desafío como mujer gremialista y menos de Arte. Ese era como el peor defecto que podía tener, ser de Arte, una carrera chica. Decían que los presidentes tenían que ser de Ingeniería o Derecho y menos una mujer, que los ingenieros no iban a votar por ella.

Correa recuerda que su contrincante era de Ingeniería, con el que compitió por el apoyo de representantes estudiantiles. Señala que “todo el mundo” le recalcaba que era difícil, pero que con “entusiasmo, energía y equipo” lograron obtener entre un 65% y 67% de quórum en la elección.

“Después vino el desafío del doble esfuerzo, el síndrome del impostor: tenía que esforzarme el doble, porque si lo hacía mal, dirían que era porque ‘soy mujer’. Hoy es más común que haya presidentas, pero en el gremialismo he sido la única. Antes era más marcado en roles y capacidad, y mi profesión me acompañaba menos, entonces me esforcé el doble”, indica Correa.

–¿Qué rol jugaron otras mujeres, como compañeras, profesoras y dirigentes en tu camino hacia la presidencia? ¿O te sentías más sola, en un “mundo de hombres”?

–Me sentía más sola, en un mundo de hombres. Pero sí tuve el apoyo de amigas y compañeras. Fue un desafío que, sin ser profesional, fue uno de los más difíciles de mi vida: estar expuesta a lo público, ir a la televisión, dar entrevistas, prepararme. Mi vida pasó a ser pública […] Era un camino más bien solo, pero con grandes amigas que me acompañaron.

–¿Y alguna vez sentiste resistencia explícita o implícita a tu presidencia por ser mujer, siendo un espacio históricamente liderado por hombres? 

–Sí. El ejemplo más claro fue en trabajos de invierno y de verano. En esa época solo había “jefes” hombres, no jefas. La camioneta que recorría las comunidades era solo para hombres.  Cuando preguntaron en qué comunidad iba a estar yo, dije: “Voy a ir en la camioneta”. Me respondieron que no podía, porque las mujeres no iban en la camioneta. Y yo dije: “Yo soy la que decide quién va en la camioneta”.  Fui, aunque no me dejaron manejarla. Hubo muchas experiencias así, pero esa es la más concreta.

–¿Sentiste críticas en tu forma de ejercer el liderazgo, tal vez al interior de tu propio movimiento, el Movimiento Gremial? 

–No críticas directas, pero sí muchas dudas. Se estaban rompiendo paradigmas, se estaban rompiendo esquemas. Era todo nuevo, estos hombres que iban en la camioneta no sabían qué hacer conmigo: dónde iba a dormir, cómo lo iba a hacer […] Eso me hizo esforzarme el doble. Trabajé mucho, congelé mi carrera un año completo y me dediqué en un 100%, desde las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Tenía 21 años.

–¿Qué diferencias identifica entre la FEUC de 1996 y la Federación actual? 

–Hoy está más marcado por movimientos políticos como la NAU, Solidaridad, Avanzar, que ya escapan de mi dominio. Antes eran grupos más tradicionales, más parecidos a los partidos del país. No sé si hoy día tienen tanta presencia en los medios y, en ese tiempo, era bien fuerte. También tuvimos más llegada a autoridades. Yo iba a La Moneda, por ejemplo. Al alcalde de Santiago, tocaba la puerta y entraba. Hoy parece haber un liderazgo más en la calle, no necesariamente influyente en esos espacios.

–¿Te gustaría que tu presidencia fuera recordada como un hito de género o como una buena gestión política sin adjetivos? ¿O ambas? 

–La gestión ya está […] Hay un posicionamiento específico por haber sido la primera en ejercer el cargo, y eso lo asumo con orgullo. Más que un legado personal, creo que lo importante es la participación activa de las mujeres en todos los ámbitos. Todavía hay que avanzar, porque estos logros pueden ser frágiles. 

Martina “Resstus” Matus, actual presidenta de la FEUC, es estudiante de College de Ciencias Sociales, de major en Sociología y minor en Instituciones Públicas Chilenas. Desde novata le ha interesado la política universitaria, siendo en su segundo año cuando ingresó a la Nueva Acción Universitaria (NAU), donde posteriormente fue coordinadora de formación y coordinadora política. También fue delegada de generación de su carrera.

¿Cómo surgió tu candidatura dentro de la Nueva Acción Universitaria? ¿Fue algo que buscaste desde antes o se fue dando en el camino? 

–No, la verdad es que yo siento que fue muy poco planeado […] No me lo esperaba. Si hace un año alguien me dijera como: «Oye, el próximo año, a estas alturas, vas a ser presidenta de la FEUC, creo que no me lo creería en absoluto”.

Plantea que la decisión se fue dando de manera “genuina”, en el planteamiento de “ver hacia dónde queríamos apuntar que fuera la NAU”.

Matus ha tenido diversas referentes políticas mujeres, tanto de la política universitaria como en la Universidad. En el ámbito académico, menciona a la Decana de College, Romy Hecht, y a la socióloga Martina Yopo. Mientras que al referirse a política universitaria, habla de la primera mujer presidenta de la NAU, Naschla Aburman, y de las mujeres participantes de la toma feminista del 2018, ocurrida en Casa Central. Asimismo, añade que:

“A mí me encanta mi carrera, por eso también mencioné profesoras en sociología, pero también está un poco en tu compañera misma. Yo tengo compañeras de universidad que, en verdad, encuentro que son una locura y una referencia. Pienso como: ´Nunca había conocido a una persona tan inteligente´. Se produce una admiración profundamente genuina. Y en eso también está lo bonito, cuando uno admira a las mujeres. Como no solamente buscar que sea algo extremadamente excepcional ni extraordinario, sino que en lo cotidiano también está, justamente, lo más increíble”.

Hoy la FEUC ya ha tenido varias presidentas mujeres, ¿sientes que tu género sigue siendo un factor relevante en cómo se percibe tu liderazgo? 

–Sí, yo creo que el género siempre en espacios de poder va a ser relevante. Yo creo que una lectura incompleta podría ser que pensar en esto ya no es necesario […] Las perspectivas de género son muy, muy importantes y van faltando y van haciéndose en el día a día, en lo cotidiano.

Matus señala que “estamos en tiempos” en que se ha vuelto a formular crítica hacia las mujeres, puntualizando que “pasamos por años donde el feminismo fue un tema de todos los días en la mesa”. Mientras que, en el presente, no se “habla mucho” de feminismo, causando el surgimiento de “corrientes ideológicas” que “van muy ligadas a rechazar el feminismo y reivindicar un poco las violencias que se cometían frente al género femenino durante mucho tiempo”.

–En tu experiencia, ¿has enfrentado cuestionamientos o críticas que crees que tienen relación con ser mujer?

–Las dinámicas han cambiado; al menos yo no siento que tenga que golpear la mesa ni levantar la voz para ser escuchada. Creo que se permite un mayor espacio al error para los hombres, ya que se espera que ellos sean más descuidados. Pero cuando una mujer comete un error se percibe como peor o feo. Una lectura incompleta podría ser que la perspectiva de género ya no es necesaria.

Matus admite que, entre “distintos tipos de tallas”, se muestran microagresiones. Reconoce avances impulsados por generaciones anteriores, como la existencia de una “Dirección de Equidad y una Unidad de Violencia de Género”, pero señala que persisten incomodidades cotidianas: gestos y formas condescendientes que se perciben claramente cuando el trato cambia por el hecho de ser mujer.

–Si miras la historia de la federación, ¿qué crees que ha cambiado en la política universitaria UC desde las primeras dirigencias femeninas hasta hoy?

–Mucho. [Las mujeres] son quienes han impulsado cambios estructurales para dejar una mejor universidad a las mujeres que vienen. Eso es algo que yo he podido agradecerles en persona. Y es muy emotivo darse cuenta de que la Universidad a la que entraron mis compañeras, cuando empezaron a involucrarse en política, es completamente distinta a la que recibí yo en 2022. 

Esta experiencia para la presidenta FEUC también le entregó una responsabilidad: todo aquello que aún le incomoda dentro de la comunidad universitaria es, precisamente, lo que debería intentar mejorar para que la Universidad que venga sea mejor que la que ella recibió. Asimismo, plantea que esto responde a una corresponsabilidad dentro de la sociedad en sí misma.

Matus reflexiona sobre los desafíos pendientes en cuanto a participación y liderazgo femenino en la UC. Considera “muy interesante” lo que vendrá con la ley “Yo cuido, yo estudio”, así como también puntualiza que “tenemos que estar preparados para la diversidad”, que irá cambiando espacios, infraestructura y la propia academia.

“Entonces, en ese sentido hay que seguir peleando por los cambios culturales para que esas dinámicas que siguen desarrollándose dejen de desincentivar el ingreso de mujeres a espacios de liderazgo”, concluyó.

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