“Cuando llegues, te quitarán tu nombre, te darán un número y un martillo (…), te harán explotar todo el día, hasta romperte la espalda. Luego, te golpearán con un martillo en la cabeza y arrojarán tu trasero al pozo de los negros. Esa será tu historia, Django.”
Este fragmento, que forma parte del guion de la película dirigida por Tarantino, “Django Sin Cadenas”, es un monólogo de un esclavo negro: Stephen, anunciando el destino del protagonista. Dicha película se ambienta en el sur estadounidense antes de la Guerra Civil, época en que la esclavitud negra era legal en la mayoría de los estados del sur, cuyas implicancias —en amparo de la ley y del Partido Demócrata— fueron la perpetuación de un sistema económico que se sustentaba en la deshumanización, la violencia, la degradación y la opresión sobre grupos sociales basadas en cuestiones raciales. En la obra cinematográfica, el personaje de Stephen, un esclavo negro, actúa como promotor de este sistema.
Tristemente, durante el período de campaña a Delegatura CONFECh, hubo una cuenta de Instagram que escribió un comentario en una de mis publicaciones. Aparentemente, le encontró la “gracia” de comparar mi persona con el personaje de Stephen. En ese sentido, me impresiona que en el Chile libre y pluralista que gozamos a día de hoy, encontremos personas que encuentren válido ignorar nuestros argumentos y proyectos de candidatura y, en cambio, prefieran atacar mi persona al compararme con el personaje satírico de un esclavo negro. Esa fue mi motivación al escribir esta columna y a exponer un problema que me dejó muy preocupado tras la campaña.
Durante la semana y media de campaña, llama la atención la cantidad no menor de comentarios despectivos hacia mi persona con expresiones xenófobas (irónico, ya que soy chileno), pero particularmente racistas, algunas sumamente despectivas. Me parece decepcionante que una minoría de la oposición a nuestras ideas, que enarbolan las banderas del respeto a minorías y la diversidad, no tenga ningún reparo en traicionar sus propios principios y ofender con celeridad a los que piensan distinto, usando las formas que tanto critican y se oponen.
Desde Solidaridad nos oponemos con fuerza a cualquier expresión que menoscabe la dignidad del ser humano por condiciones raciales o cualquier otra, porque entendemos que la dignidad y el respeto al ser humano no es una cuestión condicional. En cambio, la dignidad trata de un elemento inalienable y ontológico al ser humano en cuanto la entendemos como creación divina (Imago Dei). Tenemos la responsabilidad social y comunitaria de ser intolerantes con discursos de odio.
El racismo no es una cosa menor, porque ocurre cuando deshumanizas al opositor político, y me temo que en la sociedad polarizada de hoy ello se está volviendo más común. Por tanto, es una responsabilidad de cada representante estudiantil, de cada movimiento y de toda la comunidad universitaria. Urge el trabajo conjunto y la oposición activa a esos discursos porque tenemos la responsabilidad de cuidarnos en sociedad y cuidar la representación estudiantil en el marco democrático y libre que goza nuestra universidad de forma ininterrumpida desde hace muchos años.
Yo no soy el primero, y estoy aún más seguro de que no seré el último candidato con tez oscura. Quiero soñar con una UC en donde las ideas importen más que el color de piel. Ahora y siempre.
Edgardo Mejía Muñoz
Estudiante de Historia
Excandidato a Delegado CONFECh por Solidaridad



