Decanos UC cuestionan el desplazamiento de las humanidades, las ciencias sociales y las artes en el Fondecyt

Las nuevas bases del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico de Postdoctorado 2027 anunciadas por el gobierno priorizan diez áreas de investigación para orientar sus recursos. Académicos de cinco facultades de la UC advierten los riesgos de relegar estas disciplinas y el impacto que puede llegar a tener en el desarrollo del país. La ministra Ximena Lincolao defendió los cambios y atribuyó las críticas a intereses económicos de las universidades.

Nota por Kassandra Bustos y Andrea Giménez

Los cambios en las bases del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) de postdoctorado del próximo año, impulsados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, abrieron un debate entre universidades y el Gobierno, presidido por José Antonio Kast. Entre las principales modificaciones se encuentra la incorporación de diez áreas de investigación consideradas prioritarias para el desarrollo estratégico del país, que podrán concentrar hasta un 70% de las adjudicaciones del concurso.

La discusión fue recogida por seis decanos de la Universidad Católica a través de la carta “Artes, humanidades y ciencias sociales”, publicada el 9 de agosto en El Mercurio. Los académicos cuestionaron la idea de que el desarrollo del país pueda alcanzarse si se priorizan las ciencias aplicadas y la tecnología por sobre estas disciplinas que, según sostienen, son fundamentales para la sociedad.

En esta nota, los decanos profundizan en las repercusiones que tendría en Chile desplazar a las Ciencias Sociales.

Para Valeria Palanza, decana de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política, los argumentos del Gobierno no justifican de manera adecuada la exclusión de las artes, las humanidades y las ciencias sociales de las áreas prioritarias. A su juicio, parecen asumir que comprender fenómenos humanistas y sociales tendría un impacto menor en el desarrollo del país. 

“Me parece muy preocupante, porque hay evidencia de que las cosas que se estudian desde distintos ámbitos de las humanidades y las ciencias sociales tienen impacto directo en los niveles de desarrollo que alcanzan los países”, señala la académica.

Palanza advierte que postergar estas disciplinas podría dificultar que el país anticipe los efectos sociales sobre sus propias políticas de desarrollo. Plantea que una estrategia orientada al crecimiento podría generar, por ejemplo, consecuencias sobre la salud mental y el bienestar de la población. 

Otro de los cuestionamientos a las nuevas bases del concurso apunta al propósito que se le daría al Fondecyt. Katherine Strasser, decana de la Facultad de Ciencias Sociales, sostiene que el concurso busca generar nuevo conocimiento y que, bajo los nuevos criterios, se usaría como una “herramienta de política industrial”.

“Yo no soy economista, pero la política industrial no puede hacerse solamente a través del financiamiento de la ciencia. Hay otras cosas que puede hacer el Estado para favorecer el desarrollo tecnológico en las áreas que le interesan”, dice la decana. 

Entre esas alternativas, Strasser considera que deberían potenciarse los fondos de investigación orientados a la aplicación de la ciencia, como el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDEF). A su juicio, esto permitiría impulsar ciertas áreas sin generar divisiones dentro del Fondecyt. 

Cristián Opazo, decano de la Facultad de Letras, apunta a que el financiamiento también debería considerar la flexibilidad y el carácter interdisciplinario de la investigación. Según él, es necesario generar espacios que permitan el surgimiento de nuevas ideas y encuentros entre áreas que tradicionalmente no se relacionan, como las humanidades y las matemáticas.

“Me gustaría decir que la riqueza de las humanidades es su flexibilidad, su carácter a ratos es impredecible y por lo mismo creo que tenemos que fortalecerla en todos estos ámbitos”, destaca Opazo. 

Olof Page, decano de la Facultad de Filosofía, considera que el debate también debe tomar en cuenta el contexto actual del país. A su juicio, el error está en no reconocer que, frente a los desafíos de estos tiempos, estas disciplinas adquieren una relevancia particular: “Estas áreas se vuelven particularmente relevantes en términos prioritarios para la comprensión de sentido de lo que hacemos como país”.

Page agrega que esta preocupación no debería dirigirse únicamente hacia las decisiones del Gobierno, sino también hacia las propias universidades. “El discurso no puede ser solamente hacia afuera” declara. Además, afirma que las instituciones deben mantener una preocupación genuina por el desarrollo de estas áreas y ser consecuentes con el valor que públicamente les atribuyen.

El decano de la Facultad de Teología, Fernando Berríos, pone el foco en el tipo de personas que las universidades forman, más allá de su preparación para el mundo laboral. Según el decano, las artes, humanidades y ciencias sociales cumplen un papel fundamental al completar una formación que permita a los estudiantes desenvolverse en la sociedad en general. 

Para Berríos, relegar estas disciplinas podría significar formar personas con competencias específicas, pero sin una formación amplia sobre otras dimensiones de la existencia humana. “Si tenemos personas que no leen, que solamente utilizan la inteligencia artificial, que no piensan, que no tienen pensamiento crítico, estamos en un tremendo problema”, advierte.

Días después del anuncio de las nuevas bases del Concurso Fondecyt de Postdoctorado 2027, la ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, respondió en el podcast “Cómo te lo explico” a los cuestionamientos surgidos desde las universidades. “Yo creo que hay interés económico”, afirmó. Agregó que las críticas responderían a desinformación.

Además, la ministra defendió el nivel de financiamiento estatal que reciben las universidades, que, según dijo, incluso supera al de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). “CORFO tiene 400 millones para financiar, nosotros somos 520 – 530 millones. Entonces no es que nosotros no estemos apoyando a las universidades. Hay universidades que tienen 10 a 15 fondos nuestros”, afirmó.

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