EL NÚMERO DE EMERGENCIAS DE LA UC, ANEXO 5000, MODIFICA SU MODO DE OPERACIÓN TRAS IRREGULARIDADES 

El anexo 5000 funciona como el número de emergencias médicas dentro de los campus de la Universidad Católica. El servicio determina la gravedad de cada situación y coordina la asistencia necesaria en el lugar. Tras el fallecimiento de una estudiante en Casa Central el año pasado, la universidad revisó los protocolos y realizó modificaciones en su sistema de respuesta.

Por Margarita Tello y Martín Montecinos

La discusión sobre los protocolos de emergencia tomó especial relevancia tras el fallecimiento de una estudiante de Derecho que sufrió un problema cardíaco en el campus Casa Central y que fue trasladada a emergencias en el complejo UC CHRISTUS de Marcoleta. Esta situación puso bajo la lupa la respuesta médica efectuada por parte del equipo de emergencia.

“El año pasado fue muy difícil explicar que la situación que ocurrió no fue culpa del emergencia 5000”, dice Josefina Edwards, directora de Administración y Servicios de la Universidad Católica (UC). Según el reporte que realizó sobre el caso, luego de que la estudiante se desmayara en Casa Central, recibió reanimación al instante de parte de una estudiante que se encontraba a su lado. Dentro de los primeros 30 minutos del accidente, fue trasladada a las urgencias de UC CHRISTUS, hospital colindante con el campus de la universidad. 

A partir de lo sucedido, se decidió que parte del equipo de seguridad debe delimitar la zona mientras se atiende cualquier emergencia. De esta manera se evita la aglomeración de personas alrededor del paciente. Además, se implementó el protocolo “código azul”, dedicado exclusivamente a ser activado cuando una persona pierde la conciencia dentro de cualquier campus de la UC. El equipo reserva el llamado “bolso azul”, que contiene un desfibrilador, una máscara de oxígeno y su tanque correspondiente, además de otros implementos para la ayuda de una emergencia natural.

De la planificación a la ejecución

El anexo 5000 es un protocolo en constante evolución. “Hoy estamos ante un traje hecho a medida”, señala la directora de Administración y Servicios. Ante la diversidad de campus en la universidad, el equipo dirigido por Josefina Edwards y Camila Carvajal estudia de manera permanente el nivel estimado de personas por recinto, la calidad de la atención, la eficacia del servicio y del tiempo de duración. A pesar de que cada campus UC es un propio mundo y tiene distintas demandas, afirman que todos están igualmente preparados para cubrir cualquier tipo de emergencia. 

El funcionamiento del 5000 también se refleja en las experiencias de quienes han recurrido al número ante una emergencia. 

M, estudiante de Derecho, cuenta que un participante de un torneo de básquetbol en San Joaquín sufrió una lesión en uno de sus tobillos. “Me preguntaron mis datos, los datos de la persona y dónde estábamos”, recuerda sobre el procedimiento telefónico. Según dice, la asistencia llegó cerca de diez minutos después de la llamada y la atención fue adecuada. Sin embargo, plantea una observación respecto del proceso inicial: “Sentí que pedir tantos datos al principio hizo que la llamada fuera un poco más larga”. Pese a ello, señala que volvería a utilizar el servicio y que, en su experiencia, “funciona bien y rápido”.

El costo de una emergencia

Uno de los primeros pasos en la resolución de una emergencia es consultar al paciente su previsión de salud. “Yo tengo que lograr saber a dónde le llevo, porque es muy diferente ser Fonasa, Isapre o tener un seguro en cierta clínica”, indica Edwards. “Necesitamos saber esto para no perjudicar al estudiante: si yo llevo a un paciente Fonasa a UC CHRISTUS, le sale un cerro de plata”, añade Camila Carjaval. Al entrar en uso el anexo 5000, el estudiante tiene derecho a utilizar el nuevo Seguro de Estabilización para Emergencias para atenderse en la red de salud UC CHRISTUS con costo cero, independiente de la previsión de salud que tenga. 

Aún así, el Seguro de Estabilización solo es aplicable dentro de la Región Metropolitana, ya que requiere atención en alguno de los centros UC CHRISTUS. Es por esta razón que no puede aplicarse directamente en el campus Villarrica, ya que no cuenta con un centro de salud de la red. Esto no significa que sus estudiantes queden excluidos del beneficio, ya que pueden utilizar el seguro en caso de encontrarse en Santiago.

Más allá de los estudiantes

El servicio del número de emergencias no es exclusivo de los estudiantes. Otra experiencia ocurrió en San Joaquín, donde H., un jardinero con diabetes, solicitó asistencia tras sentirse mareado. En una primera atención, se le indicó consumir agua con azúcar. Dos horas después sufrió un infarto y volvió a contactar al servicio. “Lastimosamente, el primer diagnóstico que le hicieron no fue el indicado”, relata P., su supervisor, quien considera que el fallo fue “muy grande”. En la segunda atención, un integrante del servicio médico del 5000 le realizó reanimación cardiopulmonar al jardinero durante más de cinco minutos mientras esperaba la llegada de la ambulancia. “Doy gracias a ese chico del 5000. Sin él, nuestro compañero no estaría con nosotros”, dice P.

Este año, el equipo de servicio decidió duplicar el personal en comparación al año pasado. Actualmente, se cuenta con siete enfermeras, doce técnicos paramédicos y un conductor que rotan por la universidad, los que dependen de la demanda. Además, implementaron 13 nuevos desfibriladores (DEA) en campus, acompañados de un curso de capacitación en su uso. En la misma línea, el equipo del anexo 5000 realiza una campaña en toda la universidad durante la semana del 12 de octubre sobre el manejo de un equipo DEA y de masaje cardiorrespiratorio, disponible para todos los estudiantes.

Lo que queda pendiente

Uno de los testimonios recogidos corresponde a M., estudiante de ingeniería comercial que utilizó el servicio tras sufrir un episodio de epilepsia. La llamada comenzó con una serie de preguntas destinadas a identificar la situación y su ubicación. El equipo llegó en un tiempo que, según recuerda, fue rápido: “La llamada fue relativamente corta. Me hicieron preguntas del protocolo y llegaron relativamente rápido”. La atención recibida fue valorada de manera positiva, aunque también identifica aspectos por mejorar en la comunicación y difusión del servicio: “Yo volvería a llamar al 5000, pero creo que falta que la gente conozca más cómo funciona”.

Con nuevas medidas ya implementadas, el desafío que le queda al equipo del anexo 5000 

es que la comunidad conozca el servicio  y sepa cómo y cuándo utilizarlo, junto con el constante ajuste de los protocolos a las situaciones que surgen dentro de la universidad. Sin embargo, desde el equipo señalan que incluso un sistema preparado puede enfrentarse a escenarios imprevisibles. “Una puede tener muchos protocolos, pero cada persona es un mundo en una emergencia”, asegura Carvajal.

*Los nombres de los testimonios han sido omitidos por respeto a su privacidad.

Comparte esta noticia
elpucliticochile
elpucliticochile