Maksim Baeza: la diferencia como sello propio

Durante años, buscó pasar desapercibido. Hoy, el estudiante de Diseño aspira a presidir la FEUC, llevando a la política universitaria una historia marcada por la discriminación, el interés por la expresión visual y el compromiso con la representación estudiantil. 

Por Javiera Cabezas y Joaquín Araya

Es viernes por la tarde y el Campus San Joaquín está desértico. El candidato a la Presidencia FEUC por Amanecer extraña estar en el patio de madera de Lo Contador y compartir con sus compañeros. Durante un par de minutos come pizza. No ha comido en todo el día, no hubo tiempo. Para él, la campaña ha sido “muy motivada”, pero también con un cierto “nivel de cansancio”. Sus días transcurren entre levantarse temprano, hacer patio y volver tarde a casa para scrollear.

Al hablar, evita mirar a los ojos. Se considera una persona extrovertida, pero tímida. Eso sí, es risueño: algunas ideas o preguntas le hacen gracia, pero responde sin tapujos. Viste casi completamente de negro, excepto por una camisa de color amarillo que combina con su pelo rubio teñido. De calzado, lleva sus característicos botines negros brillantes. 

Una cadenita plateada de la Virgen de Guadalupe reluce en el centro de su pecho. “La gente igual se sorprende al enterarse que soy creyente en la Iglesia Católica”, dice.

—Soy Maksim Baeza Fariña, muchas veces no digo el apellido de mi mamá. Tengo 24 años, los cumplí recién, ahora en campaña, el 1 de octubre. Soy Libra y voy en quinto año de Diseño. 

Fanático de Rosalía, de las películas Scooby-Doo y el fantasma de la bruja y Parasite, Maksim Baeza Fariña encabeza la lista FEUC del pacto Amanecer, conformado por el Frente Amplio y las Juventudes Comunistas. Él pertenece a “la J”.

El 8 de octubre, la Nueva Acción Universitaria (NAU) y Amanecer, por segundo año consecutivo, pasaron a segunda vuelta. La NAU obtuvo el 34,65% de los votos, mientras que Amanecer el 25,73%.

—¿Cómo recibiste esos resultados? ¿Se ajustaron a tus expectativas?

—Los recibimos bien, estaba dentro de nuestro pronóstico. Igual nos dejó emocionados saber que tantos estudiantes, en primera vuelta, se identificaron con Amanecer. 

De origen eslavo, el nombre Maksim significa «máximo”. En su familia es común que los nombres tengan esa procedencia. “Quizás influyó que vengo de una lista muy larga de generaciones comunistas”, dice. 

Nacido en 2002 en Concepción, Baeza Fariña es el menor de tres hermanos. Tiene dos gatos en Santiago: Cuasimodo y Lucifer. Al último lo nombró así por el gato de la película La Cenicienta. En Concepción tiene un gato llamado Salem, al igual que el de la serie estadounidense Sabrina, la bruja adolescente. Por último, pero no menos importante, está su perro Chewa. 

Una de las pasiones de Maksim son la estética y el vestuario. Le gusta pasar tiempo con su familia y jugar juegos de mesa junto a ellos. También disfruta su soledad: dar paseos por los museos de Santiago, escuchar música y caminar. Se autopercibe como alguien creativo, sentimental y curioso. 

—Siento que no calzo con el candidato tradicional a la Presidencia FEUC. Creo que igual me escapo un poco de los parámetros.

—¿En qué sentido?

—Soy una persona visiblemente disidente, de un territorio con una carrera no tan emblemática, estudiante de región y con gratuidad. Creo que son parámetros que no todos los candidatos a la Presidencia han tenido. 

La metamorfosis

Sus primeros recuerdos son en Portezuelo, una zona rural de Chillán. Mientras su padre trabajaba, su madre estudiaba Derecho en la Universidad ARCIS. Las paredes de su casa pasaban tapizadas de páginas del Código Civil y de la Constitución. Maksim recuerda con cariño las tardes de cocinar pan amasado y calzones rotos junto a su madre, además de ver programas y películas en la televisión con sus hermanos. 

Ese ambiente hogareño también estaba cruzado por la convicción política y la memoria familiar. Las últimas cuatro generaciones han militado en el Partido Comunista: “Siempre crecí bajo esto”. Tatiana Fariña, tía materna de Maksim, fue ejecutada política durante la dictadura. Ella nació un 24 de diciembre. Cada navidad, conmemoraban su recuerdo. «Fue una imagen que siempre estuvo presente”, cuenta.

Pero si el hogar era un espacio de refugio, la vida escolar trajo otros desafíos. “Básica fue un periodo difícil”, dice con un tono más sobrio. “Desde muy chico pasé por esto de que… se notaba que yo era diferente. Me identifico como disidente, soy una persona no binaria y bisexual. Entendiendo eso, era un niño que era calificado bajo el término de afeminado”, recuerda.

Durante esos años, sufrió bullying por su identidad. Se refugió en amigas mujeres y el apoyo de su familia, mientras él aún no terminaba de entender quién era Maksim. “En tercero o cuarto básico mis compañeros me decían que yo era homosexual, sin yo entender qué significaba eso”, dice.

—Lo único que quería era pasar piola y no ser tan percibido.

Ya en la enseñanza media, logró dejar atrás el dolor de la discriminación. 

—Construí una fortaleza. Mi forma de relacionarme comenzó a ser con mayor presencia y los comentarios negativos pararon. Me di cuenta de que me podía defender. Creo que por eso hoy soy una persona que no tiene problema con decir lo que siento y opino.

Según él, ya perdonó a quienes lo discriminaron.

Sus diferencias con el resto se convirtieron en un sello y orgullo. El programa RuPaul’s Drag Race, asegura, formó parte de esa transformación como un ícono para celebrar la diferencia. Así comenzó a experimentar con su vestimenta.

Maksim asegura que vivió un proceso de metamorfosis, en el que se encontró consigo mismo de una forma más íntima. 

Empezar de cero

Maksim terminó cuarto medio en 2020, en plena pandemia. En 2021 ingresó a Diseño Industrial en la Universidad del Bío-Bío, en Concepción. Tras dos semestres online, decidió postular a un cambio de universidad para continuar sus estudios en Diseño UC a través de la vía de Admisión Especial y Complementaria. 

En una de las pruebas para entrar a la UC se puso nervioso y olvidó su estuche. Se preguntó: “¿Qué persona que quiere estudiar diseño no viene con estuche?”. Maksim pensaba que sería rechazado, pero lo aceptaron.

El cambio de Concepción a Santiago fue un choque cultural directo: “La cantidad de gente, el transporte público. También en pequeñas cosas como palabras: a las cabritas les digo palomitas; a los pimentones les digo morrón; a los coyac les decimos chupete; al masking tape le decimos pegote”.   

—¿Llegar a Santiago fue una manera de empezar de cero?

—Sí. Esa es una de las razones principales por las que me vine. Una parte de mí siempre quiso salir de Conce. No porque no me gustara, sino porque quería algo nuevo y diferente. 

Desde pequeño fue inquieto. En sus tiempos libres dibujaba y hacía maquetas, tomaba cajas de zapatos y las forraba con cartulina. Esas razones lo llevaron a estudiar Diseño. 

Maksim asegura que su disciplina es sumamente política: “A través del diseño puedes ver cómo se traducen las ideologías y la política en formas tangibles”. 

Desde que entró a la UC se interesó por la representación estudiantil. Participó en el Comité Curricular de su carrera, fue delegado de su generación, en 2025 fue vicepresidente interno del Centro de Estudiantes de Diseño (CED) y ese mismo año fue contactado por las Juventudes Comunistas para representar a Lo Contador como consejero territorial. Aceptó porque quería llevar a cabo ideas políticas concretas. 

Su trayectoria como representante estudiantil y su experiencia dialogando con estudiantes y autoridades lo llevaron a ser escogido para presidir la lista de Amanecer. “Cuando me lo explicaron, fue como, ay, ¿por qué yo?”, dice. Pensó que si sus compañeros creían en él, entonces debía asumir esa responsabilidad.

Según Cristina “Titi” Miranda, amiga de Maksim, él fue la “mascota” del CED. Titi lo recuerda como alguien con lineamientos políticos muy claros y como el personaje “corte punketa rockstar Lady Gaga” de Lo Contador. 

Maksim reconoce que hoy se proyecta en la política nacional, donde otros ven en él el potencial para dar el salto desde la política universitaria y representar a quienes comparten sus ideas. 

“Yo veo a Maksim lleno de esperanza por querer volver a traer a los estudiantes esa capacidad de cambio”, dice Lupe Sepúlveda, su amiga, a quien conoció durante la campaña de Amanecer el año pasado. Lo describe como alguien carismático, siempre dispuesto a reírse y tirar tallas: “Para mí, es como un perrito que juega y que es libre en muchos momentos”.

—¿Te gusta quién eres hoy? 

—Sí, sí me gusta. Lo que me ayuda a reafirmarme en esto es pensar en ese niño interior, pensar en mí cuando era chico, y ver que he hecho tantas cosas o cómo me formé como una persona que quizás nunca pensé que lo iba a hacer. 

—¿Lo dices en el sentido de que el pequeño Maksim estaría orgulloso de quien eres hoy? 

—Yo creo que sí —Maksim se toma unos segundos. Suelta una risa avergonzada que se mezcla con emoción.

Ya no quiere pasar desapercibido

El cielo en el Campus San Joaquín se tiñe de un azul cada vez más oscuro acompañado de brillantes nubes rosadas. Corre viento y comienza a hacer un frío que parece no molestar a un Maksim vestido de short y polera manga corta. 

Su metamorfosis continúa: el niño que en la enseñanza básica quería “pasar piola”, hoy busca liderar a los más de 31.000 estudiantes de la Universidad Católica.

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