{"id":3727,"date":"2025-05-09T02:41:48","date_gmt":"2025-05-09T02:41:48","guid":{"rendered":"https:\/\/elpuclitico.cl\/?p=3727"},"modified":"2025-05-09T02:43:00","modified_gmt":"2025-05-09T02:43:00","slug":"tu-madre-fue-primavera-fue-mujer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpuclitico.cl\/index.php\/2025\/05\/09\/tu-madre-fue-primavera-fue-mujer\/","title":{"rendered":"Tu madre fue primavera, fue mujer"},"content":{"rendered":"\n<p>Hist\u00f3rica y sistem\u00e1ticamente, a las madres se les ha impuesto una carga feroz: ser m\u00e1quinas de cuidado, sost\u00e9n emocional, servidumbre silenciosa. Se les ha responsabilizado de todo: la crianza, el hogar, los errores de los hijos, el fracaso de las familias, como si la maternidad viniera con una sentencia. Se les exigi\u00f3 ser perfectas, amorosas, eternamente disponibles, incluso si eso significaba desaparecerse a s\u00ed mismas. Y as\u00ed, miles de mujeres han visto c\u00f3mo su ser \u2014sus deseos, su voz, su cuerpo, su libertad\u2014 se dilu\u00eda bajo el peso de un ideal brutal que jam\u00e1s eligieron. Porque ser madre, en esta sociedad, ha significado dejar de ser mujer, dejar de ser humana, para convertirse en una funci\u00f3n. Una funci\u00f3n para todos, menos para ellas mismas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como escribi\u00f3 Bonnie Burstow: \u00abA menudo, el padre y la hija desprecian juntos a la madre. Se intercambian miradas c\u00f3mplices cuando ella no capta algo. Coinciden en que no es tan inteligente como ellos, que no puede razonar como ellos lo hacen. Pero esa alianza no salva a la hija del destino de su madre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Este sistema nos educa para mirar a nuestras madres desde arriba, con condescendencia, como si fueran una especie distinta de ser humano, una versi\u00f3n inferior, m\u00e1s rota, m\u00e1s torpe, que reencarna todo lo que no queremos ser.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprendemos a burlarnos de su falta de \u00abl\u00f3gica\u00bb, a impacientarnos con su tristeza, a ignorar su cansancio. Pero son ellas quienes cargan con todo el peso de la familia, muchas veces solas, porque ser madre lo implica todo, y ser padre, muchas veces, casi nada. Ser padre no exige renunciar al cuerpo, ni a los sue\u00f1os, ni a la vida entera.<\/p>\n\n\n\n<p>La maternidad en esta cultura no es una experiencia: es una condena con aplausos. La falta de corresponsabilidad no es solo dom\u00e9stica: es estructural, es cultural. Se espera de las madres que est\u00e9n disponibles, que sean eternas, que sean abnegadas. Se les exige desaparecer dulcemente en el sacrificio. Y nosotras, sus hijas, aprendemos a juzgarlas por no haber sido libres, por no haber escapado, por haber dejado que sus sue\u00f1os se pudrieran.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta cultura que solo glorifica la maternidad si est\u00e1 te\u00f1ida de renuncia, las mujeres terminan por borrarse. Algunas se autoanulan. A otras simplemente se les olvida. Y as\u00ed, dejamos de ver a nuestras madres como mujeres. Se nos olvida que tambi\u00e9n sintieron rabia, pena y miedo. El sistema, con su violencia sutil, pero devastadora, no solo les arrebata su historia: tambi\u00e9n nos ense\u00f1a a odiarlas por no haber escapado de la jaula que, quiz\u00e1s, nosotras tambi\u00e9n habitaremos.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese juicio generacional tambi\u00e9n se esconde un malentendido. Muchas madres dicen no ser feministas, y nosotras, sus hijas \u2014militantes, universitarias, despiertas\u2014 asentimos, creyendo que hablamos desde mundos distintos. Pero, \u00bfcu\u00e1ntas madres fueron las primeras en terminar sus estudios, en criar solas, en exigir respeto, en resistir en silencio? Tal vez no dijeron \u00abfeminismo\u00bb, pero lo vivieron todos los d\u00edas. Nosotras, con pa\u00f1uelos al cuello, gritamos en las calles y a veces olvidamos por qui\u00e9n fue tejido. Olvidamos que detr\u00e1s de cada hija que rompe cadenas, hubo una madre que resisti\u00f3 sin testigos. Que fue obligada a sangrar sin manchar.<\/p>\n\n\n\n<p>En el mito de Dem\u00e9ter y Pers\u00e9fone, la madre entra en un invierno profundo cuando su hija desciende al inframundo. Nada florece. Todo duerme. Pero cuando madre e hija se reencuentran, vuelve la primavera. Tal vez eso necesitamos hoy: reencontrarnos con nuestras madres, no solo como hijas, sino como mujeres tambi\u00e9n. Reconocer la primavera que hubo en ellas antes de nosotras. Preguntarles qui\u00e9nes fueron, qu\u00e9 so\u00f1aban, qu\u00e9 dol\u00eda. Porque muchas veces nuestras madres son todas esas historias inc\u00f3modas que nadie quiso o\u00edr, son todas esas l\u00e1grimas que rodaron silenciosas sobre sus mejillas, son todos los secretos a la almohada que de ni\u00f1as no pudieron contar. Son los sue\u00f1os de juventud que el mundo no les dej\u00f3 cumplir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellas tambi\u00e9n vivieron. Tambi\u00e9n quisieron. Tambi\u00e9n dolieron. Y si un d\u00eda no volvemos, ser\u00e1n ellas quienes griten nuestro nombre con la desesperaci\u00f3n de quien fue relegada. Porque nuestras madres son los sue\u00f1os que nadie cuid\u00f3, las vidas que nadie protegi\u00f3. Y aun as\u00ed, resistieron. Enterraron sus deseos para que los nuestros florecieran.<\/p>\n\n\n\n<p>Este 12 de mayo celebremos a las madres sin olvidar que fueron mujeres, y admiremos a las que siguen luchando por no dejar de serlo. Aunque la palabra \u00abfeminismo\u00bb no la hayan dicho, la sembraron en su vientre. Y de ah\u00ed nacimos nosotras, las flores m\u00e1s hermosas, las flores violetas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Josefina Rivera Alcaino<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estudiante de Derecho<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hist\u00f3rica y sistem\u00e1ticamente, a las madres se les ha impuesto una carga feroz: ser m\u00e1quinas de cuidado, sost\u00e9n emocional, servidumbre silenciosa. Se les ha responsabilizado de todo: la crianza, el hogar, los errores de los hijos, el fracaso de las familias, como si la maternidad viniera con una sentencia. 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