{"id":4313,"date":"2025-11-09T23:28:42","date_gmt":"2025-11-09T23:28:42","guid":{"rendered":"https:\/\/elpuclitico.cl\/?p=4313"},"modified":"2025-11-09T23:28:42","modified_gmt":"2025-11-09T23:28:42","slug":"sobre-los-comunistas-en-la-catolica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpuclitico.cl\/index.php\/2025\/11\/09\/sobre-los-comunistas-en-la-catolica\/","title":{"rendered":"Sobre los Comunistas en la Cat\u00f3lica"},"content":{"rendered":"\n<p>En este 2025 que nos habita, la presencia de las Juventudes Comunistas en nuestra casa de&nbsp; estudios es un eco que ya todos reconocemos: una influencia que trasciende la mera disputa&nbsp; representativa para impregnarse en cada campus, desde las facultades m\u00e1s hostiles hasta los&nbsp; territorios donde las luchas sociales laten con m\u00e1s fuerza. En esta memoria resurge la frase&nbsp; que el compa\u00f1ero Guillermo Tellier llegara a este colectivo: \u00abSer comunista en la Cat\u00f3lica es como serlo en Estados Unidos\u00bb. Esta sentencia encierra en su simplicidad el peso hist\u00f3rico que han cargado los hijos e hijas de Recabarren entre estos muros: la de sembrar esperanza para vencer en suelos que parecen inf\u00e9rtiles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los comunistas no llegaron con \u00abAmanecer\u00bb. Ya habitaban estos patios mucho antes de&nbsp; que la Nueva Acci\u00f3n Universitaria siquiera tuviera nombre. Sus pasos ya resonaban en los&nbsp; claustros de la Cat\u00f3lica antes incluso del grito del 67&#8242;, cuando democratacristianos,&nbsp; mapucistas y miristas se tomaron la universidad. Recorr\u00edan estos mismos pasillos \u2014con un&nbsp; ejemplar del <em>Manifiesto <\/em>o <em>Ricos y Pobres <\/em>bajo el brazo\u2014 congreg\u00e1ndose en salas para debatir las <em>Tesis de Abril<\/em>, trazar acciones, organizar pintas de murales, fundar conjuntos folcl\u00f3ricos o levantar trabajos en los campamentos que entonces \u2014y a\u00fan hoy\u2014 bordean la universidad. Y en los respiros, entonaban las mismas consignas por las que tantos de sus camaradas hab\u00edan entregado la vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Toda esa efervescencia, todo ese fuego subterr\u00e1neo quiz\u00e1s era \u00fatil para preparar el pr\u00f3ximo&nbsp; congreso y disputar, si era posible, las conciencias de una juventud encendida en su \u00e9poca her\u00f3ica. Actuaban casi siempre en penumbras, escondi\u00e9ndose por igual de profesores y&nbsp; estudiantes, cuya c\u00e1lida fraternidad ocultaba el germen del gremialismo: ese malestar que&nbsp; durante d\u00e9cadas envenen\u00f3 a la juventud universitaria, priv\u00e1ndola de saborear el torrente&nbsp; hist\u00f3rico m\u00e1s all\u00e1 de nuestras cuatro paredes acad\u00e9micas, volvi\u00e9ndola sorda ante los disparos&nbsp; contra nuestro pueblo y muda frente a sus clamores de justicia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se fue transformando nuestra Universidad, y desde la propia izquierda err\u00f3neamente instauramos el mito: los estudiantes de la Cat\u00f3lica eran esa \u00abpeque\u00f1a burgues\u00eda intelectual\u00bb&nbsp; que describ\u00eda Marta Harnecker en sus Cuadernos de Educaci\u00f3n Popular, incapaces de&nbsp; tenderle la mano al curso vivo de la patria. Con un Almirante a la cabeza y miles defendiendo&nbsp; su legado hasta hoy; con auditorios y calles que honran a los sostenedores del r\u00e9gimen; con&nbsp; una guardia de hierro tan arraigada en la institucionalidad, que ni todos los esfuerzos del&nbsp; progresismo lograron derribarla en m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo, tras medio siglo de esa intervenci\u00f3n, propaganda y persecuci\u00f3n, las banderas de&nbsp; Gladys y Recabarren no solo se siguen alzando, sino que se multiplican?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta no cabe en esta columna, ni brotar\u00e1 de los labios de sus dirigentes. Permanece,&nbsp; en cambio, grabada en la memoria colectiva, y s\u00f3lo resuena cuando la menci\u00f3n de los nombres \u2014Alejandro \u00c1valos, Ignacio Gonz\u00e1lez, Leopoldo Ben\u00edtez\u2014 vuelve a latir en estos&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>corredores. Pues ellos nunca se fueron, porque esta universidad nunca fue el suelo inf\u00e9rtil que se proclam\u00f3 al inicio. Porque no existe tierra que resista indefinidamente a la semilla&nbsp; esperanzadora que, con la terquedad del \u00abHasta la victoria siempre\u00bb, se niega a morir ante&nbsp; cualquier derrota pasajera. Esta persistencia del militante se explica desde el ojo del poeta en&nbsp; ese verso que con admiraci\u00f3n sujeta:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPorque su esperanza ha sido hermosa\u00a0<br>como ciruelos florecidos para siempre\u00a0<br>a orillas de un camino,\u00a0<br>pido que llegue a vivir en el tiempo\u00a0<br>que siempre ha esperado,\u00a0<br>cuando las calles cambien de nombre\u00a0<br>y se llamen Luis Emilio Recabarren o El\u00edas Lafferte\u201d\u00a0<br>(Jorge Teillier &#8211; Retrato de mi padre, militante comunista)\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Maximiliano \u00c1vila Pich\u00fan\u00a0<\/strong><br><strong>Estudiante de Filosof\u00eda<\/strong><br><strong>Militante Comunista<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En este 2025 que nos habita, la presencia de las Juventudes Comunistas en nuestra casa de&nbsp; estudios es un eco que ya todos reconocemos: una influencia que trasciende la mera disputa&nbsp; representativa para impregnarse en cada campus, desde las facultades m\u00e1s hostiles hasta los&nbsp; territorios donde las luchas sociales laten con m\u00e1s fuerza. 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