{"id":6044,"date":"2026-09-11T21:58:33","date_gmt":"2026-09-11T21:58:33","guid":{"rendered":"https:\/\/elpuclitico.cl\/?p=6044"},"modified":"2026-09-11T22:03:46","modified_gmt":"2026-09-11T22:03:46","slug":"el-11-de-septiembre-desde-quienes-lo-vivieron-memorias-que-habitan-en-la-uc","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elpuclitico.cl\/index.php\/2026\/09\/11\/el-11-de-septiembre-desde-quienes-lo-vivieron-memorias-que-habitan-en-la-uc\/","title":{"rendered":"El 11 de septiembre desde quienes lo vivieron: memorias que habitan en la UC"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>A m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas del golpe de Estado, los recuerdos de quienes vivieron ese d\u00eda a\u00fan se transmiten entre generaciones.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Paz Aguilar, Antonia Arancibia, Mariel Escobar y Violeta Edwards.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Han pasado 53 a\u00f1os desde el 11 de septiembre de 1973. Para quienes vivieron el golpe de Estado, su recuerdo permanece en escenas transmitidas a lo largo de las generaciones: una memoria que no se encuentra solo en los libros de historia, sino tambi\u00e9n en las voces de quienes estuvieron ah\u00ed.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, los testigos del golpe son cada vez menos y conservar los relatos plantea un desaf\u00edo: c\u00f3mo mantener viva la memoria.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jos\u00e9 Manuel Garc\u00e9s, guardia de seguridad del campus San Joaqu\u00edn, ten\u00eda doce a\u00f1os. El 11 de septiembre del 73 falt\u00f3 al colegio porque se enteraron del golpe militar por la radio. La noticia se expandi\u00f3 r\u00e1pidamente por la poblaci\u00f3n Jos\u00e9 Mar\u00eda Caro. El golpe sumi\u00f3 a los vecinos en la desesperaci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de las estrictas instrucciones de su padre, sali\u00f3 a la calle durante la tarde para jugar a las bolitas con sus amigos. Fue entonces cuando se encontr\u00f3 de frente con la gravedad del suceso: \u201cHab\u00eda gente acribillada en las calles que las ten\u00edan tapada con bolsas por encima. Era un charco de sangre que hab\u00eda ah\u00ed. Nosotros lo vimos como cabros chicos y arrancamos. \u00bfQu\u00e9 va a hacer ah\u00ed un ni\u00f1o de doce a\u00f1os?\u201d, recuerda Garc\u00e9s.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo m\u00e1s duro, confiesa el guardia, fue adaptarse a esa nueva realidad. Vivir una ni\u00f1ez marcada por el silencio y la incertidumbre que signific\u00f3 sacrificar aquella libertad propia de la juventud. \u201cVivir con temor en tu pa\u00eds: eso no es vivir, es sobrevivir\u201d asegura. Jos\u00e9 Manuel rescata la memoria como medida de tolerancia frente a la violencia: \u201cSomos todos diferentes, todos pensamos diferente\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 11 de septiembre sorprendi\u00f3 a Patricio Serrano, profesor del Instituto de Teolog\u00eda, mientras cursaba sus estudios de Filosof\u00eda y Lenguas Cl\u00e1sicas en la Universidad de Chile. Ese d\u00eda lleg\u00f3 temprano a clases con la certeza y tranquilidad de la rutina. Sin embargo, se rompi\u00f3 de golpe: \u201cLa secretaria de departamento me dice: &#8216;Patricio, se tomaron La Moneda los militares&#8217;. Yo estaba ajeno al mundo\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al salir, se encontr\u00f3 con el edificio rodeado por efectivos militares que hab\u00edan llegado con la intenci\u00f3n de verificar si los rumores sobre armamento escondido en el s\u00f3tano del ex pedag\u00f3gico eran reales. Serrano, junto a otros estudiantes, fue escoltado y obligado a caminar en silencio en direcci\u00f3n al Parque Forestal. \u201cVi una cantidad de militares que estaban apuntando hacia La Moneda, con <em>jeep<\/em> y todo. Estaba todo paralizado\u201d, recuerda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue en ese trayecto, bajo el sonido de balazos y ametralladoras, que la contienda pareci\u00f3 alcanzarlo. \u201cDe repente, el hombre que iba al lado m\u00edo cay\u00f3 al suelo, le hab\u00eda llegado una bala loca\u201d, se\u00f1ala el profesor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">William Porath, profesor de la Facultad de Comunicaciones, ten\u00eda 13 a\u00f1os reci\u00e9n cumplidos cuando vivi\u00f3 el golpe de Estado, en Temuco. \u201cDe repente, dijeron: \u2018El bando n\u00famero cinco de la Junta de Gobierno\u2019, y pens\u00e9: \u2018Chuta, si ya van en el cinco, parece que esto va en serio\u2019. Ah\u00ed me levant\u00e9 a escuchar las noticias. Mi familia era opositora al gobierno de Allende, as\u00ed que nosotros est\u00e1bamos un poco como: \u2018\u00bfQu\u00e9 ir\u00e1 a pasar?\u2019. No est\u00e1bamos ni entusiasmados ni salimos a celebrar; est\u00e1bamos mirando, distante, a ver c\u00f3mo se viene\u201d, recuerda Porath.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa noche se reuni\u00f3 con los sacerdotes de su parroquia, que eran antrop\u00f3logos y soci\u00f3logos canadienses. \u201cEllos nos dijeron: \u2018Ustedes no saben lo que viene. Chile nunca ha vivido esto y ustedes van a ver que esto no es lo que creen. Esto no va a ser un restablecimiento de la democracia, ni una vuelta al orden. Esto va a ser terrible. Ustedes no saben lo que viene\u2019. Y as\u00ed fue\u201d, declara el profesor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el paso de los a\u00f1os, esa experiencia qued\u00f3 marcada por lo que tuvo que presenciar durante su adolescencia: \u201cYo sab\u00eda lo que estaba pasando y era terrible esta sensaci\u00f3n de impotencia total. Hasta el a\u00f1o 83, cuando empezaron las protestas, fueron 10 a\u00f1os muy duros y que, adem\u00e1s, coincidieron con una \u00e9poca en que uno deb\u00eda ser m\u00e1s feliz, que es la adolescencia. Era un sentimiento doble\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Rosa Y\u00e1\u00f1ez, instructora adjunta de Teolog\u00eda UC, ten\u00eda seis a\u00f1os y cursaba primero b\u00e1sico cuando fue el Golpe de Estado. Ese d\u00eda se preparaban para celebrar el D\u00eda del Profesor cuando los carabineros anunciaron: \u201cNo se puede salir, hay golpe de Estado y toque de queda, nadie sale de la casa\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su bisabuela, que hab\u00eda vivido el golpe de Estado de Carlos Ib\u00e1\u00f1ez del Campo, fue quien primero desconfi\u00f3 de las noticias. Cuando en la radio comenzaron a transmitir marchas militares, comprendi\u00f3 que la situaci\u00f3n era distinta a lo que hab\u00eda pensado. \u201cNo es verdad, el presidente est\u00e1 en La Moneda\u201d, dijo en un inicio. Despu\u00e9s, al escuchar la radio, entendi\u00f3 que el presidente Salvador Allende Gossens hab\u00eda muerto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En su casa convivieron entonces distintas reacciones. El recuerdo que su bisabuela ten\u00eda del golpe de Ib\u00e1\u00f1ez despertaba preocupaci\u00f3n por lo que pod\u00edan hacer los militares, mientras otros familiares sent\u00edan alivio ante la posibilidad de que terminara el desabastecimiento que hab\u00edan vivido. Entre ambas preocupaciones, Ya\u00f1ez recuerda el ambiente de esos primeros momentos: \u201cHab\u00eda entre tranquilidad y preocupaci\u00f3n por lo que iba a pasar\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gladys Montecinos, encargada de la tienda de materiales de Campus Oriente, ten\u00eda 8 a\u00f1os cuando ocurri\u00f3 el golpe. Recuerda que, junto a una de sus cinco hermanos, iba a hacer fila al negocio para ver si alcanzaban pollo o carne: \u201cEst\u00e1bamos toda la ma\u00f1ana esperando si alcanz\u00e1bamos o no algo de comer\u201d. Dice que hab\u00eda veces que llegaban sin nada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Montecinos viv\u00eda en la comuna de San Joaqu\u00edn, en La Victoria, y cada vez que escucha balazos deb\u00eda agacharse. \u201cPas\u00e1bamos en cuclillas. \u00c9ramos muy chicos y mi papi nos cuidaba\u201d. Agrega que, como su pap\u00e1 era carabinero, \u201cno sab\u00edamos si iba a estar vivo o muerto\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Patricio Bernedo, profesor del Instituto de Historia y director del Centro UC para el Di\u00e1logo y la Paz, se\u00f1ala que uno de los desaf\u00edos actuales est\u00e1 en c\u00f3mo transmitir la memoria del golpe a quienes no lo vivieron. Con el paso del tiempo, los testigos directos son cada vez menos y las nuevas generaciones se relacionan con ese acontecimiento desde una mayor distancia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a esto, Bernedo plantea la necesidad de encontrar nuevas formas de acercar ese pasado a las generaciones m\u00e1s j\u00f3venes. \u201cYo creo que tenemos que ser muy innovadores en esta materia\u201d, se\u00f1ala. Propone, adem\u00e1s, abrir espacios de conversaci\u00f3n intergeneracional en colegios, universidades y organizaciones sociales, donde tambi\u00e9n se puede escuchar qu\u00e9 formas de recordar realmente interpelan a los j\u00f3venes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para el historiador, mantener viva esta memoria no significa \u00fanicamente conservar los testimonios de quienes estuvieron all\u00ed, sino tambi\u00e9n preguntarse qu\u00e9 sentido tienen hoy esos relatos. \u201cTenemos que cuidar la democracia. Tenemos que cuidar las maneras en que nos tratamos individualmente y tambi\u00e9n socialmente\u201d. Seg\u00fan Bernedo, de esta manera la memoria del 11 de septiembre no solo permite reconstruir lo ocurrido, sino tambi\u00e9n transmitir aprendizajes a quienes no vivieron ese momento.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A m\u00e1s de cinco d\u00e9cadas del golpe de Estado, los recuerdos de quienes vivieron ese d\u00eda a\u00fan se transmiten entre generaciones. Por Paz Aguilar, Antonia Arancibia, Mariel Escobar y Violeta Edwards. Han pasado 53 a\u00f1os desde el 11 de septiembre de 1973. 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