El economista y académico de la Universidad Católica cuestiona los resultados del modelo de financiamiento a 10 años de su marcha. Asegura que no facilitó el acceso y absorbió fondos clave para la primera infancia y la innovación. Plantea la urgencia de reestructurar los planes de estudio frente a un mercado laboral en transformación.
Nota por Ignacia Estay y Felipe Sepúlveda
Este año se cumple una década desde que la gratuidad universitaria comenzó a regir en nuestro país a raíz de las demandas del movimiento estudiantil en el año 2011. Harald Beyer, economista y profesor de la Universidad Católica en la Escuela de Gobierno y director del Centro de Estudios Públicos (CEP), fue ministro de Educación durante el primer periodo del gobierno de Sebastián Piñera.
Según el Departamento de Financiamiento Estudiantil de la Subsecretaría de Educación Superior, desde la implementación de esta política pública, 1.491.211 estudiantes se han visto beneficiados. Del total, 485.646 se han titulado.
El impacto del modelo en el financiamiento y la investigación
Beyer se ha consolidado como uno de los principales críticos de este modelo de financiamiento en Chile. El exministro cuestiona con dureza el impacto real que la medida ha generado en el acceso a la educación superior, así como los desafíos que enfrenta el Estado y las instituciones para financiar este sistema.
Uno de los principales desafíos que surge en la discusión sobre la gratuidad es su financiamiento. A su juicio, la subvención de la educación superior de parte de las instituciones está orientada a los estudiantes. Este sistema, advierte el economista, deja de lado otros objetivos que las universidades pueden tener, como aumentar fondos en investigaciones.
El exministro subraya que, en Chile, no hay apoyo ni fondos para fomentar la investigación y la innovación. Espera que al menos tres universidades de Chile estén entre las 100 mejores del mundo, pero que sin inversión en estas áreas complejiza el escenario. “Eso requiere crear un fondo para desarrollar más investigación que les permita a las universidades, como la Católica o la Chile, pegarse un salto mayor”, sostiene Beyer.
En su crítica a la focalización de recursos públicos en la educación superior, Harald Beyer apunta en contra de la gratuidad y la califica como un “sistema injusto”. Cuestiona el verdadero alcance que este sistema tiene en la población: “¿Cuál es la diferencia entre el joven que pertenece al 60% más vulnerable y recibe la gratuidad y el que está un poco más arriba de su ingreso por hogar y no la recibe? Recibe un crédito, una beca”. Propone que una alternativa teórica sería garantizar la gratuidad universal, pero reconoce que es inviable de financiar.
A diez años de la puesta en marcha de la gratuidad universitaria, Beyer argumenta que los resultados de acceso ya estaban cubiertos por el sistema de financiamiento previo. “La gratuidad no contribuyó a facilitar el acceso. Mientras tanto, usamos recursos que se podrían haber usado en otras cosas o en otros objetivos en la educación superior que habrían enriquecido el sistema o en aumentar la cobertura en la primera infancia”, señala el exministro de la cartera de Educación. La educación superior, desde su perspectiva, ha “absorbido tantos recursos que ha sido imposible avanzar en otros objetivos”.
Una propuesta de reforma: flexibilizar las carreras y eliminar el título profesional
Harald Beyer es enfático en que los recursos deben ser redirigidos a la educación parvularia y básica. Esto, para que los futuros estudiantes lleguen preparados para enfrentarse a la educación superior. Esta es la única manera, recalca, de ver la educación como un agente de movilidad y desarrollo social.
En la mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la cobertura de la educación parvularia llega a un promedio del 85%. Chile está diez puntos abajo, con una cobertura del 75%. Beyer ve este panorama como preocupante: “Las brechas son tan grandes entre niños de sectores acomodados y niños de sectores vulnerables que se ven reflejadas cuando rinden la PAES”. Agrega que, si no se interviene lo antes posible en este nivel educacional, “va a ser difícil avanzar en movilidad social y en mayor equidad”.
Eliminar el título profesional entregado por las instituciones de educación superior y disminuir la formación especializada pueden ser, según Beyer, alternativas para reformar y generar cambios culturales en el sistema educativo profesional chileno.
“Yo eliminaría el título profesional. Esto ha hecho las carreras tremendamente profesionalizantes y especializadas. En ninguna parte del mundo los estudiantes adquieren un título profesional cuando van a la universidad, porque lo adquieren mientras trabajan”, explica Beyer.
Este modelo, dice el exministro, alarga las carreras de manera innecesaria y especializa en una única área a los jóvenes que cursan una carrera universitaria. “Le dan menos apertura a adaptarse a este mundo de cambios vertiginosos en el que vivimos”, reflexiona.






