El estudiante de Dirección Audiovisual comenzó su transición de género durante su segundo año de carrera. El oriundo de Chillán recorre los pasillos de la Facultad de Comunicaciones entre clases y editar proyectos en Adobe Premiere. En su quinto año se encuentra trabajando como productor en el cortometraje universitario “Ronny”.
El mito de Ícaro es una historia griega sobre un joven que escapa de prisión con alas hechas de plumas y cera. Al desobedecer las advertencias de su padre de no volar muy alto, Ícaro asciende hasta el sol. El calor incendia sus alas y lo hace caer al mar.
Actualmente, un Ícaro distinto, Ícaro Coria (23), estudiante de Dirección Audiovisual, decidió también volar alto y empezar su transición como una persona transmasculina no binaria.
Oriundo de Chillán, llegó a Santiago para poder estudiar. Entró a Periodismo, pero su camino se vio desviado: después de un semestre se cambió de carrera. En ese mismo período hizo el cambio de nombre social en la universidad.
Ícaro, con un andar tranquilo, corbata colorida y pelo rubio que recuerda a los rayos del sol, entra a la cowork de la Facultad de Comunicaciones. La sala está repleta de gente. Ícaro se da unos minutos para dejar de lado el Adobe Premiere y hablar sobre una etapa de autodescubrimiento donde extendió sus alas para alejarse de la prisión del binarismo de género.
—¿Por qué elegiste el nombre de Ícaro?
—No me veía mucho a mí con otros nombres. Quizás porque tenía un poco de miedo a cambiar totalmente mi nombre y desechar el que me dio mi mamá, entonces elegí uno que, de alguna manera, se parecía a mi nombre antiguo. Fue un poco jugar y decir “chiquillos me pueden seguir diciendo de la misma manera”. Fue una forma de defenderme ante las críticas. Igual me gustaba mucho la mitología en general, me gustaba el temita de Ícaro como persona que, quizás, deseó mucho, y en ese deseo se autodestruyó.
Dice que un día recibió a través de su correo institucional una invitación para participar en círculos queer de la UC. Ícaro asistió a sesiones de conversación en el Campus San Joaquín y destaca que todas las personas que conformaban el grupo eran trans. Estas personas lo acompañaron y le indicaron cómo realizar el proceso de cambio de nombre en la universidad. Para llevar a cabo el trámite, se envía un correo a nombresocialuc@uc.cl, para luego agendar una reunión con un especialista para evaluar el caso. Tras la aprobación, se cambia el nombre en los sistemas internos de la universidad y en la TUC. Ícaro comenta que el proceso fue bastante rápido: en el mismo semestre en que se cambió de carrera ya se había cambiado el nombre.
–¿Cómo fue el vivir un proceso de transición durante la etapa universitaria? Mencionaste que la llegada a Santiago significó mucho para ti.
–Era mi sueño venir a Santiago y vivir solo, entonces sabía que iba a ser un antes y un después. También sabía que habían cosas que quizás me negaba a descubrir en mi adolescencia y mi vida en región era en un círculo bien conservador. Aunque no sabía bien qué era lo que iba a descubrir, entré a la universidad y conocí gente de muchas partes de Chile, gente queer. Eso me abrió los ojos. Fue un momento en soledad para autodescubrirme. Todo lo que he descubierto sobre mí, sobre mi identidad y mi orientación sexual, ha sido desde el momento en que me llega el resultado de la PSU, ahora PAES, creo que se llama. Bueno, se me cayó el carnet.
Entre todas las personas con las que se encontró al ingresar a la universidad, Ícaro conoció a su actual pareja. Ella está sentada a su lado en las mesas de la cowork. Dice que lo ha apoyado desde los inicios de su transición, la que comenzó tiempo después de iniciar su relación. “Cuando se creó el grupo de WhatsApp de la generación, nos mandamos los Instagram y ahí la conocí. Dije ‘ella me gusta”, recuerda, risueño, Ícaro. “Creo que es importante tener una persona con la que te sientas cómodo descubriendo cosas y tener la seguridad de que no se va a ir”, reflexiona.
–¿Tuviste algún referente trans o queer en tu vida?
–En Chillán no había que yo recuerde. Nada. Tenía más percepción de que existían los hombres gays porque era lo más común, quizás.
–El momento de mayor aprendizaje fue en un grupo de disidencia, un medio de terapia grupal, en San Joaquín. Fuimos ocho personas y éramos todos personas trans. Aprendí caleta, conocí personas muy bonitas y experiencias muy distintas. Al final, ninguna vivencia va a ser igual a la otra. Entonces formar esas redes es superimportante. Hay personas que tuvieron familias superliberales y yo les contaba mi experiencia de un círculo o una ciudad más conservadora. Al final uno crece y se nutre de la experiencia de otras personas. Así me quedaron amistades para toda la vida.
–¿Cuáles son los principales desafíos que has enfrentado en tu transición?
–Dentro de la U ha ido casi todo bien. Es un privilegio por la profesión en la que estoy, una carrera artística. Aquí suelen ser más abiertos de mente y también hay muchas personas queer. No sé si he tenido algún atado más que incomodidades del día a día, como que se equivoquen con mis pronombres. Me da mucha vergüenza cuando se corrigen, porque prefiero que la gente no lo haga e intento decir que todos los pronombres están bien. Son pequeñas incomodidades del día a día, especialmente con los profesores. Pero más que eso en la U, no.
–Yo puedo llegar un día y decir “estos son mis pronombres y este es mi nombre” y nadie hace ningún atado. Afuera no ha sido tanto tema porque no me gusta mucho el conflicto, entonces no suelo hablar tanto de eso con las personas. Con mi familia ha sido más difícil, porque son personas más grandes que no han tenido círculos queer, menos trans o no binaries. No es algo de vida o muerte, pero sí es un estrés o una obligación estar pensando “acá uso este otro nombre” o escuchar de manera constante “tú eres una mujer”. Más que nada es un deterioro mental que no me ocurre en Santiago ni en mi carrera.
–¿Qué te gustaría que las personas entendieran mejor sobre las identidades transmasculinas?
–Partir por la idea de que el género es un constructo libera mucho las formas súper rígidas de pensar que nos enseñaron. Mi mamá es neuróloga y casi todos sus pacientes son del espectro autista. Entonces ella me dice “¿No encuentras raro que tú crees que eres no binarie, pero quizás solamente eres autista? Como hay mucha gente autista que se percibe así”. A mí me hace mucho sentido, porque hay cosas que siendo autista no me hacen sentido, como las reglas sociales, y una de esas es el género. Yo me identifico fuera de esas cajas y no siento que me haga menos válido. También que sepan que los estudios de género no son algo nuevo, sino que ahora se tienen las palabras para explicar y definirse. Es entender que lo masculino y lo femenino no es inherente ni al sexo biológico ni al género, y que la masculinidad no está necesariamente ligada al hombre, sino que es algo mucho más amplio y bonito. Hay muchas posibilidades.
Ícaro afirma que para los estudiantes que pertenezcan a la comunidad LGBTIQ+ que estén en proceso de autodescubrimiento es fundamental crear lazos y llenarse de otras realidades, sean, o no, de personas queer. Además, destaca la importancia de que personas queer tengan un deseo constante de conocer y aprender más. “Uno históricamente ha estado tan solo y ha sido algo tan escondido, que creo que lo más importante es hablar lo más posible de esto”, dice.
Bonustrack – PUClicuestionario:
¿Baño favorito?
-3 de Comunicaciones. Los baños en Comunicaciones en general son muy buenos.
¿Ramo favorito?
Seminario de Documental.
¿Ramo más temido?
Economía política.
¿Cosa que quieres hacer antes de egresar?
Hacer una productora.
OFG que recomiendas.
Arte y Creación Plástica para el Bienestar Personal y Social. Es de Bienestar y Salud, pero es como de psicología. Hay que pintar y hacer cosas con arcilla y no es tan difícil tomar cupo. Una vez a la semana estar pintando es útil para la salud mental.
Si fueras rector de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?
Erradicar Derecho. Como primera medida darle más presupuesto a la Facultad de Comunicaciones y después erradicar Derecho.
Invéntate un ramo.
Como respuesta seria, un ramo de ética pero enfocado en lo audiovisual. Especialmente en documental, pero en general le hace falta a la industria chilena un poquito más de ética. Como respuesta no seria, un ramo gay obligatorio.






