Ítalo, “el hijo de la lucha libre” y cuatro veces campeón: “No hay mejor reacción que el abucheo”

El 5 de septiembre, Matías Aránguiz, estudiante de Construcción Civil UC, subirá al ring del Teatro Huemul en “EXTERMINIO VII”, bajo el nombre de “Ítalo”. A pesar de sus horarios de entrenamiento y los eventos, logra compatibilizar su pasión en su cuarto año de universidad.

Por Isidora Arias 

Fotografías por Vicente Hernández

En una mañana primaveral, Matías Aránguiz (21) está sentado en el Work Café del Campus San Joaquín. El estudiante de cuarto año de Construcción Civil UC se prepara para un fin de semana intenso: el lunes tiene una evaluación de Sistemas para Obras de Infraestructura, uno de sus ramos más difíciles. El sábado, en cambio, dejará los apuntes para subir al ring. Ese día participará en un show de lucha libre en el Teatro Huemul, cuyas entradas ya están agotadas. Como ya es costumbre en cada uno de sus espectáculos, se convertirá en Ítalo y, desde el público, le gritarán “payasito” por la forma de su cabello.

Aránguiz habla rápido, con una seguridad que se deja ver en su tono y en la forma en que defiende sus ideales. Sus rulos negros destacan tanto como los moretones que todavía conserva en los brazos y que de a poco desaparecen. 

Creció en San Miguel y siempre estuvo ligado al deporte: practicó natación durante cinco años. A pesar de haber probado diferentes disciplinas, siempre llegaba un momento en donde “se le apagaba la llama”.  

El 2023 fue un año de cumplir metas que, hasta entonces, parecían impensadas para Aránguiz: ingresó a la Universidad Católica (UC) y debutó como Ítalo en la Federación Nacional de Lucha Libre (FNL) después de cuatro años de entrenamiento. Ambas partes de su vida comenzaron a crecer juntas.  

Hoy, Aránguiz equilibra su pasión y responsabilidades académicas. Su rutina le exige organizar sus tiempos: puede tener una lucha un domingo y una prueba al día siguiente, pero, aun así, procura no descuidar sus estudios. Entre el gimnasio, los entrenamientos, las presentaciones y las clases, intenta hacer espacio para estos dos mundos.

—¿Cuál es la historia de tu personaje? 

—Ítalo es un luchador que busca entretener. Aparte del apodo del hijo de la lucha libre, también tiene el apodo del entertainer. Él entrega entretenimiento y hace lo que sea por él, da lo mismo la forma. De repente hay actitudes que a la gente no le suelen gustar mucho, pero él cree que les está haciendo un favor a todos y que todos deberían responderle de la misma manera.

—Hay lugares donde yo soy villano. La gente me detesta, no me soporta. Pero, aun así, me tratan con cariño y se ríen de las cosas que hago. Al menos en mi casa, la FNL, la gente sí me quiere. Me toman como un ser querido.

Matías Aránguiz comenzó a ver lucha libre de Estados Unidos junto a su primo en el 2015. Al poco tiempo, descubrió que existía la lucha libre chilena que, según él, era amateur, pero de buen nivel. Pocos años después, conoció la academia de lucha libre en FNL, para luego, en 2019, entrar como alumno.

—¿Desde 2019 tienes este personaje?

—No, lo empecé a construir con el pasar del tiempo. El apodo de “el hijo de la lucha libre” estaba. Quería transmitir que era un niño mimado. Me tomé de la idea de que, si la lucha libre fuera un tipo muy bacán y tiene un hijo, ese hijo se cree bacán solamente porque el papá lo es. 

Ítalo ha evolucionado con el tiempo. Lo que más ha cambiado es su seguridad para presentarse en el ring. Usa el humor y elementos que nacen del público para hacer crecer su carrera. Por ejemplo, el apodo de “payasito”: “Pude haber ignorado ese llamado del público, pero preferí tomarlo y volverlo mío”, dice. 

—¿Por qué Ítalo?

—Yo buscaba un nombre chileno. Hay muchos luchadores que se ponen nombres más gringos y tienen la pura pinta de chileno. Incluso el ser chileno yo lo puedo tomar como parte de mi esencia, así que no me podía separar de eso. De lo que más me arrepiento es de no haberme colocado un apellido. Pero Ítalo es un nombre que me gustaba, me llamaba la atención y no lo escuchaba mucho. A la gente solo se le viene a la mente Ítalo Passalacqua, pero no es un nombre común. Por eso iba a ser un poquito más característico. 

—¿Qué se siente que te abucheen o te aplaudan?

—El generar reacción es una de las cosas más legítimas que la lucha libre te puede dar. Eso es parte del realismo de la lucha libre, porque esto no es falso. Lo que nosotros hacemos es entregar emociones a la gente y eso es lo más real y genuino que uno puede tener. El miedo, la felicidad, la tristeza, todas esas cosas engloban acciones reales, no hay nada falso en eso. No hay mejor reacción que el abucheo y el aplauso. Es una euforia que te ayuda mentalmente.

—¿Te ha dolido el ego cuando te abuchean?

—No. De hecho me encanta. Yo sonrío, escucho. Me ha dolido más el ego en luchas donde ha estado silencioso, donde no he podido generar reacciones, donde la gente no se metió tanto en la lucha, porque eso demuestra que hice un mal trabajo, que no fui eficiente y que no valió la pena que los jefes me hayan contratado para su show.

Aránguiz se levanta a las 07.00. Los días que tiene clases a las 11.00, aprovecha para ir al gimnasio antes de ir a la universidad. Los martes y miércoles, después de clases, entrena lucha. Los fines de semana intenta cuidarse, porque esos son sus días de evento.

—¿Cuál es tu rutina?, ¿cómo organizas tu tiempo con la universidad?

—Uno depende mucho de los horarios de la u por el tema del estudio. Normalmente, lo que suelo sacrificar son entrenamientos, no shows. El tiempo que me queda libre lo ocupo para estudiar. Me ha quitado tiempo de ocio, de poder salir con gente o con mi familia, me he perdido cumpleaños, pero es algo que uno, como estudiante–deportista, simplemente tiene que tragar. ¿Es sacrificante? Sí, pero no me arrepiento. 

–¿Alguna vez te ha pasado en un grupo social que hayas evitado o escondido esta otra parte de ti?

—Muchas veces. Hasta el día de hoy lo suelo hacer por el miedo a lo que dirán o a cómo reaccionarán. De repente hay mucha gente que cree que soy una persona agresiva por el deporte que hago o empiezan a ser despectivos, y al final creo que eso me hace peor la mente que los abucheos. Depende mucho del contexto de donde esté. No es que yo me avergüence por lo que hago, pero siento que el contexto de repente no va.

—¿Qué es lo que más te gusta de ser luchador?

—La libertad que me da. No hay sentimiento más libre que entrar al escenario, escuchar tu tema de entrada y que la gente grite lo que sea. No hay mejor salida de la rutina, no solo como luchador, sino también como público. Muchas veces se habla como si el personaje y la persona no estuviesen conectados, pero, al final, es la expresión de libertad más grande que hay, al igual como lo es el teatro o jugar a la pelota. No hay cosa que englobe más a todos: frikis, mujeres, hombres, otakus, de todo. Es como los pokemones: siempre un pokemon es el favorito de alguien. La lucha libre es así.

Su futuro ideal es dedicarse al cien por ciento a la lucha. A pesar de algunas batallas perdidas, le gusta la carrera de Construcción Civil, por lo que lo ve como un plan B. De dos a tres años más le gustaría estar trabajando para poder ir a Estados Unidos, México o Japón a luchar, o si tiene suerte, quedarse y profesionalizar la lucha libre en Chile.

—¿Algún logro que te gustaría alcanzar en el largo plazo?

—Me encantaría que Ítalo fuera un nombre reconocido. A un nivel como Perfecto Bundy, como Zatara, Guanchulo, Harold Rock, que son luchadores símbolo acá en Chile que no se tienen que presentar, porque todo el mundo los conoce. No por las luces, sino por saber que realmente lo di todo, que realmente soy bueno en esto. 

—Y un sueño para mí es traer de nuevo la lucha libre a la televisión chilena, como lo fueron los Titanes del Ring. Considero que la lucha libre chilena tiene el mejor nivel que ha tenido en su historia, pero no está en el punto más alto de visibilidad al que puede llegar. Tenemos los luchadores, tenemos buenas historias, tenemos un buen nivel “luchístico”.

—¿Qué es lo que te motiva a seguir tanto en la lucha como en la U? 

—Siento que con la lucha libre es lo mismo que con la universidad. A pesar de los bajones, de querer congelar la carrera, está el poder colgar las botas y retirarme. Aún está esa llama en ambos, y por eso siento que es muy lindo que haya partido luchando casi a la misma vez que cuando entré a la universidad. Son cosas que se complementan.

—¿Alguna vez aplicaste en la U algo que hayas aprendido en la lucha? 

—Sí, por supuesto. La lucha libre engloba muchas cosas. El puro hecho de tener que hablar en público con buen léxico me ha ayudado al momento de escribir informes y tener buena comprensión lectora. También el hecho de tener que organizarme para poder mezclar estos dos mundos, me ayuda a ser una persona más organizada.

—¿Te gustaría presentarte en la UC? 

—Me encantaría, no hay día que no lo piense. Me encantaría poder traer un ring, ponerlo afuera del patio de construcción o acá afuera de la iglesia. Hacerlo gratis no me importa: llamo a un par de luchadores que puedan. Sé que la gente se interesaría, porque es algo nuevo y la gente es morbosa. 

Bonus track – PUClicuestionario

¿Baño favorito? 

Los de la Facultad de Economía.

—¿Ramo favorito?

Está entre Topografía y Administración de Obras.

—¿Ramo más temido?

Sistemas para Obras de Infraestructura.

—Cosa que quieras hacer antes de egresar

Hacer un show acá mientras yo sea estudiante. Me gustaría representar a Construcción Civil en una lucha, hacer un desafío abierto y poder mostrarme acá. 

—OFG que recomiendas 

Tenis I con el profesor Héctor. No he encontrado persona más simpática e hilarante que él, te motiva a ir a su clase.

—Si fueras rector de la UC ¿cuál sería tu primera medida?

Como persona deportista, me tomaría un poquito más en serio el tema de no fumar, pero no solamente poner un cartelito. Yo no podría ser rector, porque sería muy dictador para mis cosas. 

—Invéntate un ramo

Lucha libre I.

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Isidora Arias
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