Melisa Flores: la inagotable energía del cambio

De niña, su madre la llamaba “pulga” por su inquietud incesante. Hoy, a sus 21 años, Melisa Flores Reyes canaliza toda esa vitalidad, con la templanza y seguridad que forjó su historia, para convertirse en la próxima consejera superior de la Universidad Católica.

Por Juan Pablo Rubio Herrera

Optimista, conversadora y feliz. Así se define Melisa Flores Reyes, candidata a la Consejería Superior por la coalición Amanecer. La estudiante de cuarto año de Trabajo Social busca llegar a uno de los principales espacios de representación estudiantil de la Universidad Católica. Tras pasar a segunda vuelta con la coalición compuesta por las Juventudes Comunistas y el Frente Amplio, enfrenta una elección en la que espera llevar a la discusión universitaria las preocupaciones que ha recogido durante su trayectoria estudiantil.

Eran las 18.40 de una tarde nublada en el campus San Joaquín. El viento se deslizaba entre los árboles y las bancas de la Concha Acústica, mientras algunos estudiantes cruzaban el lugar.

En medio del silencio, la voz de Melisa rompe el aire. “Yo nunca hubiese pensado que era una persona para poder optar a este cargo”, confiesa. Viste un pantalón de tela negro con rayas, una polera gris marengo, zapatillas blancas y un chaleco morado que contrasta con los colores de la tarde.

Hasta hace poco, su participación se concentraba en espacios más cercanos, como el Centro de Estudiantes de Trabajo Social. La Consejería Superior, en cambio, la enfrenta al desafío de representar a estudiantes de distintas carreras y defender sus ideas ante una comunidad mucho más amplia.

Martina Rojas, compañera de generación y secretaria general del Centro de Estudiantes de Trabajo Social, la conoció a fines del año pasado, cuando ambas asumieron sus cargos. El trabajo compartido terminó por convertirse en una amistad. Martina destaca su preocupación por los demás y su compromiso con el cambio social. 

—¿Cómo recibiste los resultados de primera vuelta?

Hace una pausa, mira hacia arriba y suspira antes de contestar.

—Creo que los recibí bien, con mucha esperanza. Considerando todo el contexto que está viviendo el pacto y el escenario sociopolítico en el que estamos a nivel latinoamericano, nos entrega la certeza de que el estudiante UC está mucho más posicionado a la izquierda, y eso siempre es una buena señal.

Entre los recuerdos de campaña de la militante del Frente Amplio aparece una canción: “Qué pasará”, de Moral Distraída. Melisa la conoció durante el estallido social y volvió a ella cuando buscaba una melodía para impulsar su candidatura en primera vuelta.

Para ella, la canción remite a un período de movilización social y a las preguntas que quedaron abiertas desde entonces. Hoy, esas inquietudes se trasladan a la universidad: le preocupa la participación estudiantil y considera que la organización colectiva es necesaria para abordar los problemas de la comunidad.

La pequeña pulga

Los acercamientos de Melisa a la política se remontan a la historia de su familia. La familia de su madre, Margarita Reyes, debió exiliarse durante la dictadura de Augusto Pinochet. En Argentina, Margarita conoció a Héctor Flores, con quien formó una familia de seis hijos: cuatro hombres y dos mujeres. Melisa es la única hija chilena.

Su padre fue detenido y torturado durante la dictadura argentina de Jorge Rafael Videla. Tras ser rescatado, comenzó a trabajar junto a comunidades vulnerables del país trasandino.

Con el retorno de la democracia, sus abuelos maternos regresaron a Chile y se instalaron en Los Andes. Años más tarde, Margarita y Héctor también volvieron a cruzar la cordillera.

En Los Andes creció Melisa, en una ciudad donde, recuerda, era habitual encontrarse con personas conocidas y reunirse con la familia. La política estaba presente en las conversaciones de su casa, especialmente por la influencia de su padre y su abuelo.

—¿Cómo era la Melisa de niña?

—Uy, la Melisa de niña tenía mucha personalidad. También era una persona muy feliz. Le encantaba muchísimo cantar y bailar. Creo que llegué a tener como, no sé, unos 15 hobbies. Yo estaba saltando y corriendo para todos lados.

Para canalizar tanta energía, su madre la inscribió en distintos talleres extraprogramáticos. Fue por esa inquietud constante que comenzó a llamarla cariñosamente “pulga”, un apodo que todavía recuerda al hablar de su infancia.

Con los años, esa participación encontró otros espacios. Melisa fue parte de Ucéanos, participó en Transforma e Impacta y en los Trabajos de Salud Rural, y actualmente preside el Centro de Estudiantes de Trabajo Social. Estas experiencias, según cuenta, ampliaron su interés por las necesidades de las personas y por el papel que pueden cumplir las organizaciones en la búsqueda de respuestas.

“Después de estar en todos estos espacios, puedo estar en muchos otros”, asegura al recordar cómo comenzó a considerar la posibilidad de asumir mayores responsabilidades en la universidad.

—¿Qué crees que pensaría la pequeña Melisa de ti ahora?

—Yo creo que se sentiría muy orgullosa. De chica me tocó vivir la adultez y aprender a procesar las emociones de una forma distinta. En ese momento me costaba mucho ver o sentir que algo más me podía sostener.

—¿Por qué? ¿Qué te pasó de niña?

—Mi mamá vivió un momento duro por una situación familiar. Entonces me tocó muchas veces sostenerla. Yo siempre pensé que iba a terminar encerrada en ese lugar, con esas emociones. Creo que si me viese hoy día, diría: “Wow, ¿de verdad puedo lograr eso?”.

—¿Eso determina que tú ahora te definas como una persona feliz?

—Sí, definitivamente. Todos hemos pasado por cosas malas en la vida, independiente de dónde vengamos. Pero definitivamente ahora disfruto mucho más las cosas.

La vocación de acompañar

En un principio, el sueño de Melisa era estudiar Medicina. “Siempre hablé de las conexiones humanas. Quería mejorar el sistema de salud rural y volver a humanizar a la gente”, señala. Finalmente, optó por Trabajo Social, una disciplina que le permitió abordar las condiciones sociales e institucionales que influyen en la vida de las personas.

—¿Por qué decidiste estudiar Trabajo Social?

—Nunca en mi vida apareció una trabajadora social, y creo que si hubiese estado en los momentos correctos para mí, para mi mamá o cualquier persona de mi familia, quizás la historia hubiese sido muy distinta.

—¿Estudias Trabajo Social para ser la persona que alguna vez necesitaste?

—Sí, porque sé que muchas personas en el mundo lo necesitan. El Trabajo Social, al final del día, sostiene a la sociedad.

Las experiencias en los voluntariados ampliaron su idea de lo que podía hacer desde la universidad. Sin embargo, llegar a la Consejería Superior no siempre estuvo entre sus planes. Melisa reconoce que todavía tiene mucho que aprender de ese espacio, aunque espera trasladar a él la experiencia adquirida en su carrera y en las organizaciones en las que ha participado.

“No soy yo quien tiene que dar las soluciones, sino que soy solamente un canal y un motor para que las personas puedan transmitir las soluciones que ellos necesiten”, explica.

Nicolás Palacios, amigo y compañero de militancia, conoció a Melisa durante un programa de liderazgo e impacto social realizado en México. De ella destaca su convicción y su disposición a cuestionar aquello que considera incorrecto.

“Oigan, esto hay que revisarlo”, recuerda Nicolás al describir la manera en que Melisa enfrenta las situaciones con las que no está de acuerdo. A su juicio, esa firmeza se combina con su capacidad de dialogar y trabajar con otras personas. 

Melisa considera que la política universitaria debe permitir el encuentro entre distintas perspectivas, aunque no necesariamente termine en acuerdos. Durante la campaña ha manifestado su preocupación por el avance de posiciones que considera contrarias a los derechos humanos y ha cuestionado lo que describe como restricciones a la expresión de estudiantes de las disidencias sexuales en la UC.

Para ella, la representación estudiantil debe escuchar a quienes piensan distinto, pero también tomar posición cuando considera que los derechos de los estudiantes están en juego. Esa tensión entre diálogo y firmeza es parte de la manera en que entiende el cargo al que aspira.

El refugio que quiere construir

A sus 21 años, Melisa considera que uno de los principales desafíos de la política universitaria es acercarse a las necesidades cotidianas de los estudiantes. Su experiencia en Trabajo Social y en organizaciones estudiantiles ha influido en su interés por quienes deben compatibilizar sus estudios con el trabajo, las responsabilidades familiares o distintas necesidades de apoyo.

—¿Por qué quieres dirigir la Consejería Superior?

—Creo que tengo que aprender mucho de ese espacio, como también mucho que entregar. De una u otra manera, espero poder impulsar mucho más la Universidad Católica: que sea un espacio más inclusivo, más seguro y más diverso, porque en la diversidad se generan también cosas muy bonitas.

Para Melisa, la posibilidad de ganar aún es incierta. Confía en el trabajo realizado durante la campaña, pero sabe que la segunda vuelta dependerá de la decisión de estudiantes que pueden tener prioridades y posiciones distintas de las suyas. Si llega a la Consejería Superior, tendrá que demostrar que las preocupaciones que la llevaron hasta allí pueden traducirse en propuestas y decisiones concretas.

Por ahora, Melisa mira hacia adelante sin perder la sonrisa que la caracteriza. 

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Juan Pablo Rubio
Juan Pablo Rubio

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