Constanza Inostroza: la niña que siempre pidió patio 

La estudiante de cuarto año de Periodismo es una eterna soñadora que apuesta por todo. Hoy, en plena segunda vuelta por la Consejería Superior, sueña con que la universidad reconozca lo que desde niña la mueve: que los patios también son academia. 

Por Carla García

En cuarto básico, Constanza Inostroza ya sabe que hay algo que no le gusta de su curso: llegaron muchos compañeros nuevos y varios no se logran integrar. Se postula como presidenta con una idea simple, que sean una familia. Gana. En sexto básico volverá al mandato con una nueva propuesta: empezar a juntar dinero para la gira de estudios de cuatro años más. “Pendeja perna”, dice hoy riéndose al recordar el episodio.  

Al llegar a su casa la niña a veces se siente sola. Así que se hace solista: flauta dulce, trompeta, violín, piano, ukulele y guitarra. Otras veces handball, natación, danza contemporánea e incluso circo. “Estaba en todo”, confiesa. 

Años después, en plena segunda vuelta por la Consejería Superior, la niña que quería que todos se sintieran parte vuelve a pedir lo mismo, pero esta vez a una universidad entera. 

* 

Constanza Inostroza cursa cuarto año de Periodismo, con 20 minutos de retraso y la voz un poco ronca, se sienta en una mesa del patio de Comunicaciones y advierte de inmediato que está resfriada.  

La Nau pasó a segunda vuelta y los días de campaña han sido duros: el clima se puso en contra y los resfríos ya llegaron a casi todo el equipo verde. Aun así, Constanza insiste en que ha sido una campaña “muy linda”. “Feliz, feliz”, dice, “pero también muy resfriada”.  

La familia de Constanza tuvo dos tradiciones políticas bajo el mismo techo: la materna es porteña y “bien concertacionista”, la paterna, ligada al Partido Comunista. Pero su guía la encontró en las mujeres de su familia. 

Recuerda a su abuela, quien tenía una panadería en Valparaíso y, cuando le robaban el pan, salía a buscar a los ladrones con un cuchillo. “Siempre han sido muy choras y pecho pa´ las balas”, describe. De ella y de su mamá, Constanza dice haber aprendido el carácter, la empatía y una forma de acoger. 

La política llegó a ella en el colegio, donde no necesitó de un cargo para opinar. Participaba de las tomas, iba a las asambleas y a las comisiones de bienestar y de género. “Siempre fue el querer participar del espacio”, cuenta. 

Hoy el espacio que busca abarcar es mucho más grande que una asamblea: quiere llegar a la Consejería Superior, mientras se enfrenta por segundo año consecutivo a otra lista de izquierda, Amanecer. Sin embargo, su motivación no ha cambiado desde el colegio: “A mí lo que me mueve son mis compañeros”, afirma.  

Bella ciao 

En tercero medio, Constanza gana una beca completa para un intercambio y no termina cuarto medio con su curso. La organización que le otorga la beca, ligada a la ONU, busca a jóvenes a los que les muevan las causas sociales. Para la niña que había estado en todo, la oportunidad es un regalo. 

El destino es una ciudad del norte de Italia en plena pandemia. Llega sin hablar el idioma a un colegio público donde debe aprender italiano desde cero. Por un momento, vuelve ese sentimiento de los años en que tocaba música para sentirse acompañada: “Una soledad profunda” y la sensación de estar completamente desorientada, recuerda. 

Allá la espera una casa llena: un papá, mamá y hermano a quienes debía tratar como suyos y creerse parte de ellos. En esa casa saben de memoria las canciones de Inti-Illimani y los fines de semana son en familia, un ritmo que al principio descoloca a la estudiante. La abuela italiana le cuenta sus vivencias de la Segunda Guerra Mundial y le enseña algo a Constanza que no tiene contemplado hasta ese momento: la vida lenta. 

“Yo siempre estoy corriendo. Siempre estoy pensando en el próximo paso, nunca estoy viviendo el presente”, dice. Aunque vive en un Santiago acelerado, de Italia se trajo un valioso souvenir: disfrutar las cosas pequeñas, las pausas y los momentos cotidianos.  

“Los extraño mucho”, dice con la cabeza baja mientras juega con sus uñas. Tenía planes de volver a verlos. Pero ese reencuentro lo reagendó: ahora vive otro viaje. 

Creer sin credo 

—¿Crees en Dios? 

“Uf”. Constanza hace una pausa larga antes de responder.  

“Sí, me gusta pensar que existe algo que va más allá de nosotros. Pero no soy católica”, concluye. No está bautizada ni hizo la primera comunión. Fe, sin embargo, tiene mucha. En las personas, intenciones y energía. “La fe va mucho más allá de las religiones y la fe es algo que también me ha guiado mucho”, confiesa.  

—¿En qué sentido? 

—En el confiar (…) A veces confiar de que los buenos y los malos momentos también pasan por algo y en el saber recoger aprendizajes de los momentos malos y de los errores también.  

Esa fe también tuvo un golpe en la elección de su destino: “Decidí estudiar periodismo porque creí que era lo que más me movía. Creo que fue después de que perdimos el primer plebiscito, ahí lo supe”. 

—¿Por qué?  

—Me desencanté mucho de la política en ese primer proceso, porque yo también soñé mucho con ese proyecto desde la ingenuidad (…) Que todos tengamos acceso a la información de la realidad de la que somos parte es un acto de justicia. Para mí, ese rol también lo cumple el periodismo. 

Pero al llegar a la UC continuó sin quedarse quieta. Una Constanza de primer año se enamoró de su facultad. “Me sentí un poco en casa”, reflexiona. Y desde el primer día se comportó como tal. En su primera clase se sentó al lado de Diego, vio un estuche con el logo de la UC y, sin preguntarle cómo se llamaba, le dijo: “¿Me puedes tomar una foto con tu estuche?”, recuerda hoy Diego Valenzuela, su amigo. 

Fue cosa de tiempo para que el espacio que buscaba desde el colegio empezara a abrirse. “Probemos”, se dijo a sí misma. Fue delegada de su generación y luego parte del Centro de Estudiantes de Comunicaciones. Ahí aprendió a trabajar en equipo, a conocer la diversidad de la facultad y a presentar propuestas ante las autoridades y los estudiantes.  

—¿Hay algo de esa etapa que crees que pudiste haber hecho mejor? 

—Yo creo que pude haber hecho más cosas como delegada —reflexiona un momento— no sé, yo solo quiero que las cosas sucedan y si nadie las hace siento que a veces toca hacerlas. 

Y le siguió tocando.  

Nueva acción 

En 2025, la NAU acababa de ganar la Consejería Superior y buscaba gente para armar su equipo. Querían rostros de distintos campus, especialmente de Comunicaciones. Isidora Gárate, que se acababa de convertir en subconsejera superior, le preguntó a Amanda Astudillo, ex subconsejera NAU y titulada de periodismo “si conocía a alguien bacán a quien le tincara la CS”, pues nadie tenía un nombre. Amanda sí: “Es literalmente la próxima Mónica Rincón”, le dijo. 

El click fue instantáneo, recuerda hoy Isidora. Compartían la misma visión de lo que podía ser la Consejería y Constanza no lo pensó dos veces. Todavía era independiente. Meses después, sin avisarle a nadie, llegó sola a su primera asamblea de la NAU. 

La candidatura, por otro lado, no llegó de golpe. Reunión tras reunión, el equipo fue depositando su confianza en ella y las actividades que le iban delegando. Esta vez, cuando se lo plantearon, lo meditó más. “Es un compromiso y una responsabilidad tremenda”, dice.  

Esa forma de soñar ya se le notaba. Este año, en la Consejería Superior, estaba apasionada con un proyecto: una escuela de liderazgo secundaria. “Ya, traigamos a Boric”, le dijo al equipo. Todos le preguntaron cómo. “Traigamos a Boric, weon. Obvio que sí.” Al día siguiente, a las 9:30, estaban afuera de su oficina, convenciendo al guardia. 

Para Diego, la candidatura no ha cambiado a esa joven que se sentó junto a él el primer día, solo le dio altavoz para transmitir esas ideas que tenía desde que la conoció. 

—Muchos creen que un periodista debe fiscalizar el poder, no ejercerlo. ¿Qué opinas de eso, ahora que eres candidata? 

—Estoy de acuerdo con esa premisa. Por lo mismo, creo que el periodista tiene que ser muy responsable con los tiempos y con los espacios que ocupa, de acuerdo con las responsabilidades que está adoptando (…) Hoy estoy como candidata de un movimiento político universitario, más no de un partido político nacional. Asumo ese rol sin el doble estándar de también querer cubrir lo que se está realizando. 

Pasar de entrevistadora a entrevistada ha sido “muy entretenido”. Cuando le tocaba preguntar en su rol de periodista, a veces pensaba que las respuestas de algunos candidatos eran ego o mala disposición hacia la prensa. Hoy, desde su movimiento, le sorprende gratamente el valor que se le da al periodismo en la universidad. 

Constanza nunca fue la alumna matea y aplicada, dice. Lo suyo siempre fue lo extracurricular, lo que la movía fuera de la sala. Años después, la niña de la casa pequeña sigue pidiendo patio. 

Su primera apuesta para la Consejería Superior es reactivar los patios y lograr que la institución reconozca las iniciativas estudiantiles como parte de la excelencia académica, y que pesen al definir cuanto se le exige a cada estudiante. Desde la dirección Superior, señala, los ven como un hobby. “No son un hobby. Acá estamos construyendo una academia”. 

Lo que quiere dejar, si gana, es un estudiante que recupere el valor de la universidad en “el querer ser joven”, y no solo el de ser funcionario de “un sistema educativo mercantilizado”. 

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Hace unos días, la jefa de campaña de la lista cumplió años y al equipo no le alcanzó para comprarle un regalo. Así que le compusieron una canción. 

La niña que aprendió a ser solista para no sentirse sola ahora canta en coro. 

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