Florencia Yáñez: la disciplina del baile llevada a la política

La candidata de la Nueva Acción Universitaria (NAU) a la Presidencia de la FEUC llegó a la segunda vuelta de las elecciones con casi cinco mil votos. La estudiante de Derecho y bailarina desde los tres años encontró en la política universitaria una forma de llevar su pasión más allá de las clases de baile.

Por Sofía Sepúlveda 

Un plié flexiona las rodillas. Un relevé eleva el cuerpo sobre la punta de los pies. Bajo los leotardos ajustados y las medias rosadas, los músculos sostienen cada movimiento y las zapatillas de punta se desgastan tras ensayos. Hay delicadeza en los brazos, precisión en los dedos y una disciplina que, como la política, requiere tiempo y esfuerzo. 

Florencia Yáñez conoce ese mundo desde pequeña. El ballet se convirtió en una pasión que la acompañó durante su infancia, su adolescencia y, de una manera distinta, en la universidad.

Son las tres y media de la tarde en Casa Central. El sol baña las mesas de la Facultad de Derecho y calienta el metal de las sillas. Florencia, lejos de molestarse por el calor, se sienta con los pies sobre la silla, abraza sus rodillas y deja que el sol le pegue en la nuca. Lleva la polera verde de la Nueva Acción Universitaria (NAU) que le hace juego con sus zapatillas Converse verde lima, gastadas por el paso de los años. Sus uñas están pintadas del mismo color. Sobre la mesa deja sus lentes de sol y su billetera. El celular descansa en modo avión, no lo revisa durante toda la conversación.

Hace poco más de una semana, la estudiante de cuarto año de Derecho obtuvo la primera mayoría en las elecciones de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) y llevó a los abanderados verdes a la segunda vuelta. El resultado, según comenta, aún le sorprende.

«Es un orgullo pensar que quizás a la gente efectivamente le hizo sentido lo que estamos proponiendo», dice mientras juega con su lápiz pasta azul. Nunca habla de sí misma en singular: siempre es parte de un nosotros, en referencia a su colectivo.

—¿Cómo definirías a Florencia?

—Es una persona súper soñadora, súper inocente, en el sentido de que no ve las malas intenciones de las personas. También es una persona súper power, es inteligente, esforzada— dice Victoria Cornejo, amiga de Florencia en la universidad.

Un refugio con tutú

—¿Qué es lo que más te apasiona?

—El baile.

A los tres años, mientras caminaba por la calle con su mamá, vio un cartel de bailarinas y señaló en lo que se quería convertir. Comenzó a practicar ballet en un taller de su colegio y, más adelante, ingresó al Centro Cultural de La Reina, donde tomó clases con Carmen Lillo, exsolista del Teatro Municipal y exiliada durante la dictadura. De ella recuerda una forma de enseñar que iba más allá de la técnica: «Ella sentía que todos podían bailar».

Durante su infancia y adolescencia, Florencia consideró una carrera profesional en la danza. Sin embargo —cuenta con la mirada agachada—, las dificultades económicas y las exigencias físicas que identificaba en ese mundo cerraron poco a poco esa posibilidad. A los ocho años comenzó a competir y continuó hasta la muerte de su maestra, en el año 2020. Aunque después retomó las clases en la universidad, no ha conseguido mantener una práctica constante.

El ballet nunca desapareció. Florencia baila cuando está feliz, triste o estresada. A veces, después de horas de estudio, pone música, quizás Olivia Rodrigo o Soda Stereo, dependiendo del mood, para despejarse. La disciplina también le enseñó a repetir, equivocarse y volver a intentarlo: lecciones que hoy aplica en la política.

«El ballet es un refugio», dice.

Ser de izquierda en la Facultad de Derecho

Florencia ingresó en 2023 a Derecho porque veía en esa disciplina una forma de intervenir en asuntos que afectan a la sociedad. «El Derecho tiene mucho que decir y plantear respecto de la realidad social», asegura.

Durante su primer semestre se preguntó si había elegido la universidad correcta. En su familia no había abogados que pudieran orientarla desde la experiencia y, dentro de una carrera que identifica como “históricamente vinculada a la derecha”, tuvo que encontrar su lugar como estudiante de izquierda.

Ahí es cuando aparecen los abanderados verdes: la NAU. Entró al movimiento cuando era novata, atraída por un proyecto que coincidía con su forma de entender la sociedad.  

Durante su primer año asumió como secretaria ejecutiva del Centro de Alumnos de Derecho (CADE), cargo que ejerció en el período 2023-2024. Después fue vocera de feminismo del organismo y este año ejerció como coordinadora política de la NAU, cargo que la llevó, en poco tiempo, a liderar la lista de la Federación de Estudiantes.

El liderazgo de Florencia no comenzó en los patios de la universidad. Sofía Quiroz, su amiga desde prekínder, cuenta: «La Flo siempre ha sido una líder innata, sobre todo porque tiene la capacidad de escuchar a los demás, sus puntos de vista y comunicarse de manera muy respetuosa».

Si tuviera que reconocerse en un personaje, Florencia elegiría a Patana, de 31 Minutos: alguien que se para derecha en un espacio rodeado por hombres y no se deja pisotear.

Con los años, la participación estudiantil se volvió más exigente. Yáñez reconoce que el estrés y la sobrecarga académica han aumentado a medida que avanzan los semestres, pero distingue ese cansancio de las razones que la mantienen involucrada. «Eso en el fondo es cansancio del cuerpo, pero no del alma», se repite.

En la casa de los Yáñez, la contingencia era parte de las conversaciones cotidianas. De pequeña recuerda a sus papás comentando las noticias mientras tomaban once y discutiendo sobre lo que ocurría en Chile. La regla de «en la mesa no se habla de política» no aplicaba bajo su techo. Toda su familia es de centroizquierda, algo que la llevó a desarrollar sus convicciones desde esa mirada.

Sus abuelos son de las personas más importantes en su vida y marcaron su manera de entender el mundo, especialmente su abuela, profesora en un liceo de Renca. Verla esforzarse por la educación la llevó a movilizarse por una que transformara vidas.

El lado B de la campaña FEUC

La pregunta llegó un día: «¿Te gustaría ser la presidenta de la lista para la federación de estudiantes?». Florencia no estaba preparada para recibirla, dice que fue como un balde de agua fría. Fueron semanas en que su cabeza repasaba cada aspecto de la candidatura, lo que le ofrecía y lo que tendría que dejar de lado. Era una oportunidad que le fascinaba, ¿pero atrasarse en la universidad? Era algo que no podía permitirse.

Después de darle muchas vueltas, conversó con su familia para buscar guía.

«El que no arriesga no cruza el río», le dijo de inmediato su papá, animándola a tomar el riesgo. Clásico de él, comenta Florencia. Su mamá, en cambio, se preocupó por lo concreto: qué ocurriría con sus ramos y cuánto podía afectar la campaña a su avance en la carrera. Ella era su cable a tierra, pero, sin dudarlo, decidió apoyarla. Su hermana menor, de 14 años, reaccionó con una mezcla de humor y resignación: «Parece que te hace feliz esa cosa», le dijo. Con esas respuestas, Florencia tuvo el panorama más claro. Sabemos lo que ocurrió después.

Mojo Dojo Casa NAU! House

La campaña no termina cuando se cierran los patios de la universidad. Para Florencia Yáñez y su equipo, buena parte de la vida electoral continúa en una casa que se ha convertido en el centro de operaciones de la NAU. Allí comparten desayunos, coordinan actividades, distribuyen tareas y se preparan para volver a recorrer los campus. La convivencia también significa aprender a descansar poco, compartir el cansancio y lidiar con las tensiones que aparecen cuando un grupo de estudiantes concentra sus días en una misma meta.

Para Florencia, que valora su espacio personal y disfruta estar en su casa, el cambio ha sido importante. La campaña se metió en sus horarios, en sus estudios y en su rutina, pero también le ha permitido experimentar de cerca lo que significa sostener un proyecto colectivo. Destaca, además, que ha podido consumir chocolate caliente, su desayuno, almuerzo, once y cena preferidos, además de la lasaña de su mamá.

La noche del siete de octubre

Florencia no estaba segura de que la NAU alcanzara la segunda vuelta. Se repetía una y otra vez «aún faltan varias mesas por contar», incluso cuando, a las cuatro de la mañana, ya no era cierto. La incertidumbre se mantuvo hasta el último momento durante el conteo. Después de siete horas, los resultados confirmaron que el movimiento había obtenido la primera mayoría y que competiría nuevamente por la FEUC. La NAU consiguió el 34,65% de los votos, frente al 25,73% de Amanecer. Solo después de ver los resultados finales, Florencia se permitió decir «ganamos».

Recuerda la emoción del momento: las lágrimas que corrían por su cara y los gritos de sus compañeros de polera verde. Después de la confirmación, Florencia llamó a su madre: «Pasamos a segunda vuelta», le dijo.

«Es un orgullo pensar que, quizás, a la gente efectivamente le hizo sentido lo que estamos proponiendo», reconoce Florencia.

Cuando habla de la campaña, Florencia vuelve al plural. No presenta los votos como un logro individual, sino como el resultado de un trabajo compartido. En esos momentos vuelve al ballet: a la disciplina que le enseñó de perseverancia, de esfuerzo y de coordinación. 

Confiesa que sin el equipo de la NAU nada de esto sería posible y que no importa qué pase, quién lidere la lista o quién esté detrás de ella. 

Al terminar la conversación, queda con una sonrisa en el rostro y con la campaña inolvidable que la acompañará por el resto de su vida.

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Sofía Sepúlveda
Sofía Sepúlveda

Coordinadora de Actualidad