A sus 73 años, Orlando “Topo” Lagos Acuña mantiene intacta su agudeza para interpretar la realidad. Hoy, como estudiante de primera año de Sociología y fiel a su oficio de caricaturista, lleva su humor gráfico y su pensamiento crítico a la Universidad Católica.
Por Miguel Castro, Daniela Cerda y Aranza Zapata
La noche transcurre con el murmullo de la radio encendida. Son las 06.00 y Orlando Lagos Acuña, de 73 años, se despierta en sintonía de la Radio Bío Bío.
Para empezar el día, lo primero que hace es agradecer. Por ello, realiza una breve oración todas las mañanas: “Yo, con lo poco y nada que puedo tener, soy millonario respecto a otras personas”.
Tras rezar, se dirige a su computador, abre el navegador y empieza a leer la prensa. Inmerso en las noticias, observa con atención los comentarios de las personas mientras busca un detalle del cual se pueda “agarrar y hacer reflexionar un poco a la sociedad, hacer que piense un poco más”. Toma desayuno en compañía de su gato Paco, de 5 años, al que nombró así porque lo adoptó en una comisaría.

“Yo tenía un hobby de cabro chico: el dibujo. Pasaba dibujando afuera de clases”, recuerda. Aquel pasatiempo se transformó en un emprendimiento que busca expandirse y reforzar el pensamiento crítico de la sociedad. Sus dibujos aparecen en su Instagram @topo_lagos, donde realiza humor gráfico, “transversal e inteligentemente no farandulero” y que circulan incluso fuera de Chile.
Según cuenta, su apodo de “Topo” nació cuando llegó al Colegio San Ignacio Alonso Ovalle. Como era el único que usaba anteojos redondos y oscuros, de esos que él llama “de vieja”, uno de sus compañeros lo bautizó así. Desde entonces, ese seudónimo lo ha acompañado toda la vida.
Orlando ingresó a estudiar Sociología, según él, por la relación que tiene con el pensamiento crítico en sus caricaturas. “Me arrepiento de no haber estudiado Sociología. En mis tiempos, la única forma de tener pega con forestal era irse a colonizar el sur, pero la elegí porque me gustaba la naturaleza y la concientización por el medioambiente”, señaló.
“El humor tiene mucho que ver con la Sociología, porque estudia y observa el comportamiento humano, y el humor está muy metido ahí”, afirma. Lagos es partidario de la sátira. Su idea es que las personas piensen y analicen al observar sus creaciones.
Lagos entró a estudiar nuevamente a través de Aulas con Trayectoria, una iniciativa del programa Adulto Mayor UC, dirigida a personas mayores que permite cursar estudios universitarios. Su rutina académica incluye clases, nivelaciones y conversatorios con estudiantes de otros cursos.
Cerca de las 09.00, Orlando guarda su cuaderno y sus lápices en una bolsa color azul y sube a su camioneta Nissan Navara del 2012 para emprender rumbo a la universidad. Así, se siente seguro en el trayecto: “Es cosa de locos andar en metro, hay mucha violencia”.

A las 10.30, el “Topo” Lagos llega al Campus San Joaquín. Se dirige a la Facultad de Ciencias Sociales y va inmediatamente por un café. Se sienta en una banca. Observa a los estudiantes pasar. Algunos se acercan a saludarlo. “Escucho harta música mientras observo a la gente caminar. Busco la manera de poder desconectarme por un rato”, confiesa. Generalmente, después de clases, almuerza y descansa un rato. La música lo acompaña mientras sale a caminar por el barrio. Su canción favorita es Let it be, de The Beatles. Confiesa que le cuesta desconectarse de sus audífonos: “Escucho música hasta para quedarme dormido”.
A eso de las 10.50 entra a su ayudantía de Sociedad y Cultura Latinoamericana.

Sin embargo, no todo es estudiar, porque en la universidad su trabajo no pasa desapercibido: “Todo el curso me sigue en mi Instagram, incluso cuatro profesores”. Además, la presidenta del Centro de Estudiantes de Sociología destacó su trabajo recientemente.
“Soy como un chiche para mis compañeros”, dice entre risas. Lagos confiesa sentirse diferente. Además, destaca que sus compañeros lo han recibido gratamente. “Me gustaría tener más clases y estar más en la universidad. Me tocaron profes buenos y simpáticos”, señala.
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A las 12.00 el estudiante de 73 años termina su ayudantía y se dirige al estacionamiento en busca de su camioneta. Este día no vuelve directamente a casa como de costumbre: tiene un evento al que fue invitado por la Junta de Vecinos de la que es presidente.
Mientras conduce por Santiago, la universidad queda atrás por unas horas. No siempre le resulta fácil hacer sus creaciones. Todos los días intenta avanzar con sus caricaturas, pero hay mañanas en las que se despierta angustiado y su mente permanece en blanco. Aún así, en su velador siempre hay un cuaderno para cuando le llegue la inspiración.
Orlando también ha probado nuevas herramientas para facilitar su trabajo, sin embargo no han sido efectivas. Una vez intentó realizar una de sus caricaturas con inteligencia artificial, pero no lo convenció. “La inteligencia artificial no tiene emocionalidad para presentar las cosas”, afirma.
Para el dibujante, una de las diferencias entre hacer una caricatura y simplemente producir una imagen es que el dibujo necesita transmitir una intención, una mirada sobre lo que ocurre y, sobre todo, generar una reacción en quien lo observa. Sus preocupaciones actuales también aparecen en sus dibujos: “Mi idea es poder poner en el tapete que Chile es un país viejo y que ya no están naciendo niños”. Por eso, el Topo no solo dibuja para hacer reír, sino que su intención es provocar una pausa.
Cerca de las 13.00, Orlando llega al evento. “Me encanta socializar, conocer gente”, dice. Basta acompañarlo un par de horas para comprobarlo. Luego de su ayudantía, fue a la feria de conmemoración del Día Nacional Sin Auto 2026, instancia en la que participaron varias universidades en la plaza Manuel Rodriguez.
En cada rincón hay alguien que lo conoce y tiene algo bueno que decir de él. “¿Orlando?, es muy simpático, lo conozco por la junta de vecinos”, indica cariñosamente Paulina Cárdenas, profesora en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Tecnológica Metropolitana. Y como no, si el caricaturista esparce su motivación de stand en stand mientras recorre la feria: pregunta y conversa con el entusiasmo de quien todavía tiene ganas de aprender. Él considera que todavía existe mucho por aportar. “Hay que darle la oportunidad a los adultos mayores, tienen mucho que entregar”, asegura.
Quiere llevar sus caricaturas más lejos: anhela mostrar su trabajo en la Facultad de Comunicaciones de la UC y buscar espacios donde sus dibujos puedan dialogar con las comunicaciones y las empresas. “Voy a llegar allá”, asegura.

Así, cada mañana, después de la radio, las noticias y el desayuno con Paco, Orlando Lagos Acuña vuelve a abrir su cuaderno. A veces una idea lo espera. Otras, la hoja se queda totalmente en blanco. Él no se inquieta, porque a sus 73 años sabe que las ideas, igual que la gente, solo necesitan que alguien les dé una oportunidad.






