Desde reflexiones de lo ocurrido hasta sentimientos encontrados, revisa los testimonios de tres actores clave de los eventos ocurridos el 25 de mayo de 2018

Eran las 5:30 de la mañana de un 25 de mayo y la histórica sede de Casa Central amanecía tomada por tercera vez en la historia. “Toma feminista” era el lienzo que estudiantes de la universidad colgaban al bloquear las entradas del Patio la Virgen y del Juan Pablo II. Con motivo de generar protocolos con perspectiva de género, la agilización de procesos de denuncia sobre abusos y acosos, y, entre otras cosas, es que se impulsó la primera toma feminista en la Universidad Católica, generando consecuencias institucionales y culturales que se vislumbran hasta el día de hoy en la comunidad. 

La toma ocurrió en un periodo de fuerte movilización feminista a lo largo del país. Comenzando con las movilizaciones en la Universidad Austral en la Facultad de Humanidades y Filosofía el 17 de abril, la denominada “Nueva ola feminista chilena” se amplió a distintas universidades a lo largo del país. Así ocurrió también el 30 de abril de dicho año, donde la sede de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile fue tomada por estudiantes, sumándose después universidades como la Universidad Federico Santa María, la Universidad Andrés Bello y, finalmente, la Pontificia Universidad Católica de Chile. 

Teniendo una duración total de tres días, entre el 25 de y 27 de mayo estudiantes de distintas facultades y carreras demandaron la necesidad de espacios seguros, la reformulación de protocolos contra la violencia de género, la agilización de procesos de denuncia, la instauración de cuotas de género en cargos administrativos y académicos, entre otras cosas. Si bien la mayoría de la generación que vivió ese momento ya egresó, hoy en día en la UC distintos sectores estudiantiles rememoran el suceso. 

Conversando con personas que vivieron la toma

El Rector, Ignacio Sánchez, vivió el último año del segundo periodo de su rectorado con este evento. A pesar de que se tomaron su oficina, la máxima autoridad de la UC declaró haber respondido con diálogo, motivo por el cual se pudo “resolver la toma en tres días, frente a otras instituciones que tuvieron tomas que se prolongaron por meses”. 

Siempre he sido muy crítico de las tomas de espacios universitarios, creo que actos este tipo restringen el diálogo, la razón y la propia vida universitaria. La toma feminista no fue una excepción, significó tomar por la fuerza la Casa Central, a lo que respondimos con escucha, dialogo y razonamiento, frente a alternativas de respuesta que incluían el uso de la fuerza.

Ignacio Sánchez, rector de la UC.

En esa línea, lo que rescata no es la toma en sí, sino más bien “las mesas de trabajo que se instauraron posterior a la toma, en las cuales pudimos abordar de manera consensuada varios temas”. En palabras del Rector, un año después del evento lograron realizarse eventos “en materia de equidad de género, de prevención de violencia sexual, aspectos curriculares y de incorporación de la mujer a la vida universitaria, entre otros”. 

Este episodio en nuestro desarrollo universitario es un ejemplo más que nos indica que el diálogo y la razón son los lineamientos que deben guiar la vida y a la comunidad universitaria, en especial en la relación entre los estudiantes y sus autoridades.”

Ignacio Sánchez, rector de la UC. 

En el mundo de la política universitaria de aquel entonces, el Movimiento Gremial estuvo a cargo de la Consejería Superior a manos de Javiera Rodríguez, una joven estudiante de Periodismo que un día se encontró con el campus de su facultado tomado y sin clases: “Entre varios traumas, dolores, funas, puedo decir que fue un suceso que cambió mi vida rotundamente”, compartió hacia El PUClítico. 

En primer lugar, Rodríguez relata su vivencia como Consejera Superior desde un movimiento de derecha, en un momento en donde ella declara que: “estaba en una posición muy compleja, porque era representante estudiantil, era mujer, y pertenecía al Movimiento Gremial”. 

“El mundo más radical me hizo sentir que todo era muy contradictorio, incluso defender mis posturas y valores personales. Desconocían mi cargo, mi historia y mi género. No era voz autorizada para hablar ni para trabajar. Realmente yo quería que alguien me despertara de esa pesadilla.”

Javiera Rodríguez, Consejera Superior 2018.

En ese marco declara que desempeñó su rol como Consejera Superior contraponiéndose a la toma ocurrida, donde a pesar de que “quisieron destituirme, me acosaban, me pifiaban en los patios, me hacían bolsa por redes sociales”, menciona, valoró mucho el trabajo realizado pues “de a poco entendí que mi principal rol ese año fue ser justa con lo que ocurría, tomar postura, y hacerme cargo de que nada de esto podía pasar inadvertido”. 

No obstante lo anterior, recalcó que en aquella época lo que denunció fue la forma, mas no la causa política que movilizaba la toma. Por el contrario, insistió en que compartía dicha causa pues “la violencia sexual y de género la vivimos las mujeres constantemente. (…) Es parte de la realidad que conocemos, es parte de nuestro cotidiano, incluso ahora, habiendo mayor conciencia pública”. 

¿Cómo crees se vivió desde el estudiantado? ¿Qué tipo de visiones crees que se tenían al respecto? 

“Se daba mucho la dinámica de cancelación. Había listas negras en las facultades con gente que no podía entrar porque su nombre estaba ahí. ¿Quién podría oponerse frente a ese totalitarismo? Encima, había un ambiente de mucha emoción, las mujeres se sentían muy comprometidas con lo que ocurría, por su propia historia y experiencias. Había también quienes no estaban de acuerdo con esa forma de enfrentar la violencia sexual, no creo que pocos, pero decirlo públicamente era un suicidio social.”  

Ya a 5 años del acontecimiento, la exconsejera superior rescata que “gracias a todo ese martirio, me di cuenta de que no podía quedarme callada, de que había más formas y que no me iba a quedar con el miedo al qué dirán. La equidad no debería tener color político, es algo que nos debiese comprometer como sociedad” concluye la entrevistada. 

Por último, desde El PUClítico conversamos también con Catalina Cabello, quien, en sus palabras, fue una de las lideresas de la toma. En ese momento era vicepresidenta del Centro de Estudiantes de Sociología, y al ser una de las voceras, se encargó junto a sus compañeras de armar el petitorio, vincularse y negociar con Rectoría, y luego comunicarse con el estudiantado que participaba en la toma.  

¿Cómo viviste la toma? ¿Qué es lo que más recuerdas del acontecimiento? 

“Fue súper complejo porque, en el fondo, tienes que lidiar con una serie de subjetividades, con una serie de personalidades que no estábamos preparadas ni sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar, por un lado, todo el miedo, toda la ansiedad que se provocaba porque no sabíamos qué iba a pasar (…) Yo siento que pasaron 80.000 años durante todo este esos cuatro días de toma, pero tan sólo fueron cuatro y es que el nivel de intensidad fue tal que yo siento que fue muy muy fuerte para todas”.  

Cabello declara que lo más complejo del suceso fue el lidiar con distintas fuerzas y perspectivas. Por una parte, comenta, negociar con rectoría los distintos puntos del petitorio; por otra parte, el lidiar con “las distintas maneras que todas las que estábamos presentes ahí lidiábamos con el feminismo, cómo lo vivíamos, cómo lo defendíamos”; y, por último, el enfrentarse al conjunto de estudiantes que estaba reacio a la toma.  

“Para mí, todas las temáticas ligadas al feminismo siempre me han razonado desde chica, desde el colegio, empezar a ponerle cierto nombre a aquellas cosas que encontraba que estaban mal”, cuenta, y, al preguntarle por la razón personal que la llevó a participar, manifestó que “en el 2018 se destaparon una serie de casos, antes de mayo, una serie de abusos contra menores de edad… (…) Como compañeras de universidades más al sur tenían que estar con profesores que habían abusado de ellas. Entonces esas cuestiones a mí me remecían en la guata.” 

Finalmente, al referirse al ambiente durante el acontecimiento, Catalina lo describe como “una energía del momento”, que, comenta fue muy potente. “Todo el mundo sabía, todo Chile, en el fondo, sabía lo que estaba pasando, qué se debía, se estaban problematizando las cosas, las conductas que hemos tenido durante años, entonces fue… Fue muy potente.” 

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