Fundado modestamente en 1968, Lo Valledor supone el mercado mayorista más grande que existe en el país y el tercero más grande de Latinoamérica. Ubicado en la comuna de Pedro Aguirre Cerda, su historia da cuenta de un conjunto de comerciantes que, siendo mal recibidos en el sector poniente de La vega, comenzaron a organizarse en un sitio eriazo hasta dar forma a un mercado municipal que con el tiempo fue cedido a cerca de mil comerciantes. El mercado de Lo Valledor, sin duda, da cuenta de un lado de la historia chilena ligado al trabajo de la tierra y la agricultura. No obstante, el presente del mercado advierte y refleja uno de los principales dilemas del país: la sonada crisis de seguridad.

Es el lunes primero de abril del 2024, y el mercado de Lo Valledor recibe a sus visitantes de una forma inusitada. Medios comunicacionales, de distintas zonas del país, han acudido para cubrir cómo el mercado mayorista ícono de la historia nacional instaura medidas de control de identidad a sus visitantes. Las puertas del recinto conjugan un choque de autoridad e incertidumbre. Personal de seguridad debe explicar a más de alguna persona que sin sus documentos no puede ingresar al mercado. Así, una comerciante informal es escoltada fuera del recinto, pero entre cámaras, multitud, y ruido; tres estruendos separan la búsqueda de certidumbre de un resultado caótico: la mujer accedió al arma del guardia que la escoltaba, arremetió contra el personal de seguridad, e hizo evidente que, al menos de forma gradual, la violencia delictual ha penetrado en el distintivo mercado nacional.

“El año pasado tuvimos varios percances, y nos pareció que había que ir empezando a adoptar medidas”, expone Marcelo Araya, gerente comunicacional de Lo Valledor quien otrora fue fundador de Informe Especial, editor general de TVN, y quien está a cargo de las comunicaciones de Lo Valledor hace más de diez años. Entre las medidas mencionadas por Araya, están la solicitud de documentos que acrediten la identidad de quienes visiten Lo Valledor, pues pilares fundamentales para la seguridad del mercado, como las cámaras y los guardias motorizados, se estaban haciendo insuficientes. Esto como consecuencia a lo que Araya cataloga como “una delincuencia que nosotros no habíamos advertido, o que si bien estaba ocurriendo en el país, no nos ocurría a nosotros”.

Una sucesión de hechos

Cuando el principal responsable comunicacional de Lo Valledor plantea que las nuevas medidas responden a una serie de percances, hace referencia a dos en particular: el ataque a un comerciante rancagüino, y el homicidio de los agricultores de Malloa.

El primer incidente, supuso un intento de asalto en que un comerciante resultó baleado e internado en el Hospital Barros Luco. El susodicho, de 48 años, traía 60 millones de pesos en efectivo, y buscaba abastecer su propio negocio en el mercado de Rancagua. Referente al suceso, Araya declara que se trata de un hecho en que resultó difícil reaccionar, ya que “los tipos usaban armas de otro nivel y fue todo muy fugaz”.

El segundo incidente tiene relación con dos agricultores de Malloa que, en plena ruta de la fruta, habrían sido víctimas de un intento de robo que acabó en homicidio. Las víctimas se dedicaban al cultivo de tomates, y el mismo día del suceso habían estado haciendo negocios en Lo Valledor. Al respecto, trabajadores del recinto aseguran que la acción delictual fue producto de un supuesto “dateo”. Luis Quesada, funcionario de seguridad del mercado que lleva años trabajando en las puertas del recinto, asegura que la filtración de datos entre trabajadores esporádicos del recinto produjo el fatídico percance.

 El mismo Marcelo Araya, confirma la teoría de cómo el problema de la difusión de datos al interior del mercado, en aquella instancia, significó el homicidio de los ya mencionados comerciantes: “Nosotros evitamos que nos pase algo dentro del recinto, pero dadas las circunstancias, era alguien que salió de acá y que lo datearon”.

El incidente de Malloa, más allá de lo fatídico, significó que la administración del mercado tomara conciencia respecto a cuan necesario resultaba mantener un control sobre los trabajadores, que muchas veces prestaban servicios esporádicos a locatarios del recinto. Dada esta situación, en el año 2023, comenzó a regir como medida general el empadronamiento del personal de los diversos locales del mercado. La norma, manifestaba una profunda preocupación respecto a quienes hacían ingreso al mercado, y por ello, puede verse como una antesala a lo que significó la más reciente medida del recinto: el comenzar a solicitar cédulas de identidad o documentos similares a cualquier persona que quiera hacer ingreso al mercado de Lo Valledor.

Luis Quesada, desde su posición de trabajador de la seguridad de Lo Valledor, plantea que, frente a las nuevas normas, “los locatarios las asumieron como tal, y las tomaron como buenas medidas”. Araya, desde la gerencia comunicacional plantea una postura similar: “nos parece que es lo más correcto que podemos hacer, no nos hemos arrepentido para nada”.

Bien es sabido que el día en que las medidas fueron puestas en marcha, Mariana Cea, comerciante informal que ya registraba delitos por maltrato de obra a carabineros, efectuó disparos contra dos guardias y un camarógrafo en el mercado; pero es igual de importante, entender que, frente a las nuevas normas, las posturas de los comerciantes distan de las planteadas por las fuentes oficiales.

La opinión de los locatarios

Marcos Valenzuela, uno de los locatarios que lleva años trabajando en el mercado, señala que, frente a las nuevas medidas, la situación “ha empeorado mucho porque ha bajado la afluencia de público”.  Valenzuela incluso plantea una disminución significativa respecto a los ingresos de los locales: “como comerciantes nos ha afectado en más de un 50% en lo que son las ventas”. El locatario también arremete contra la dirigencia y la seguridad del sitio. “En lugar de ayudarnos, nos hacen más dramas, todas las trabas que se puedan, no sé si querrán matar Lo Valledor”, menciona Valenzuela. Otra de las críticas del comerciante apunta a la conformación de la dirigencia: “son pocos los que trabajan, de los dirigentes aquí, que tengan puestos establecidos; ellos hicieron las cosas a la pinta de ellos”.

“Aquí a nosotros nos ha bajado un poco el público”, afirma Claudio González, otro de los locatarios, quien, al igual que Valenzuela, percibe un descenso en las ventas que se efectúan en el mercado. González hace un especial énfasis en cómo también se ha empezado a limitar el ingreso al mercado con carros de supermercado, y que ello, ha hecho más engorrosa la experiencia de compra para cualquier visitante. A su vez, el comerciante también señala como otra de las causas tras el descenso de las ventas, los 6.500 pesos que los visitantes deben pagar si quieren ingresar al mercado con un vehículo, cifra que considera elevada, y que debería ser puesta en revisión por la dirigencia. “En las reuniones que hay, dicen que si cobraran menos no se solventarían los gastos, y es una estupidez grandísima porque uno se da cuenta de lo que cobran aquí y esto es una mina de plata”, asegura González.

En general, las preocupaciones de los comerciantes de Lo Valledor dicen relación con el descenso en el flujo de clientes. Al respecto, alegan desconexión por parte de una dirigencia que continúa imponiendo diversas limitantes a quienes gusten visitar el mercado. Referente a próximas medidas de seguridad, otra de las inquietudes de los locatarios pasa por la posibilidad de masificar torniquetes en las diversas entradas al mercado, pues ello significaría entorpecer aún más la visita de clientes que, hoy en día, no acaban de acostumbrarse a los nuevos requerimientos que exige visitar el mercado mayorista más importante del país.

Un futuro, un presente que resolver

Aún frente a la exhaustiva cobertura que los medios de comunicación han brindado a Lo Valledor, especialmente por las nuevas medidas de seguridad implementadas, lo cierto es que tanto locatarios como cargos ligados a la gerencia, muestran esperanzas respecto al futuro del mercado.

Son muchos los locatarios que enfrentan el día a día con la esperanza de que el mercado mejore. Raúl Huerta, por ejemplo, dice levantarse día con día solo esperando “que venga más gente, que se arregle un poco la situación, y que la seguridad sea buena”. Marcos Valenzuela, otro de los comerciantes, expresa trabajar con pensamientos y motivaciones similares: “siempre con la esperanza de que esto vaya a mejorar, por eso es que seguimos luchando”.

Araya, desde la gerencia comunicacional, expone que Lo Valledor, desde la actitud que se tiene a agricultores y clientes es “un mercado de futuro”, y en consonancia a ello se tienen distintos proyectos que, o ya están en marcha, o se están terminando de gestionar. Actualmente el sitio, por ejemplo, presta ayuda a distintos agricultores que hallan amenazadas sus cosechas por las sequías, pues muchos de los desechos del mercado, son transformados en composta que es donada a individuos que trabajan la tierra y que comercian en Lo Valledor. “Tenemos 300 agricultores que están recibiendo nuestra ayuda, se están ahorrando, por lo que ellos mismos confiesan, entre 2 y 3 millones de pesos mensuales de no tener que comprar fardo”, enfatiza Araya sobre la medida.

Además, el gerente comunicacional plantea como una problemática el manejo de altas sumas de dinero en efectivo por parte de los locatarios, y tiene la convicción de que hace falta una sucursal bancaria que preste sus servicios de noche, principal horario de funcionamiento del mercado: “Confío en que vamos a tener la posibilidad de contar con otro banco, seguramente a alguien la va a aparecer interesante y nos va a proveer una sucursal que funcione de noche”.

A su vez, Araya también expone que, pese a los diversos dilemas, el crecimiento y la expansión no dejan de ser desafíos importantes para el mercado mayorista, pues con miras al futuro, planean edificar en un nuevo sitio ubicado entre Maipú y Carlos Valdovinos. “Vamos a construir ahí un proyecto muy bonito, que va a ser un mercado de abasto para vender en detalle, pensando en los vecinos de cerrillos, de Maipú, todos van a poder venir. Incluso vamos a construir un edificio, estamos viéndolo con universidades, un proyecto de 10 pisos de altura, con subterráneo, y además algo que no tenemos ahora: el paso que nos conecta al metro”, comenta Araya.

Lo Valledor supone un sitio representativo para la historia del país, y tal vez, un ejemplo e inspiración para el futuro. Aún frente a los problemas que enfrenta el mercado, el sitio y su personal buscan distintas soluciones frente a sus problemas, no importando si en el camino surgen diferencias de opinión o confrontaciones. Es en esa resiliencia, en esa búsqueda del prevalecer, que el país podría inspirarse en Lo Valledor, pues frente a problemáticas que atañen a un pueblo, el querer evitar confrontaciones por tener ideas distintas no puede ser excusa para no actuar. Las soluciones llegan, pero no sin intentos, no sin los sanos desacuerdos que nacen de una democracia.


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