Hasta hace algunos meses, en plena campaña presidencial, el actual Presidente de la República, José Antonio Kast, hablaba de la gran crisis que vivía el país y de la ola de injusticias de la que Chile era víctima. Sin embargo, ¿qué ha hecho en solo dos semanas de gobierno?
Ha recortado el presupuesto de uno de los ministerios más importantes de nuestro país. Resulta ilógico hablar de progreso, evolución y crecimiento cuando se precariza la educación, especialmente la educación parvularia. Un recorte del 3% puede parecer transversal en educación, pero es irresponsable e injusto cuando afecta directamente a niños y niñas, funcionarios y familias.
Se proyecta pausar obras de infraestructura, lo que implica menos jardines infantiles de los que ya existen. Esto significa menos oportunidades laborales para educadoras y educadores de párvulos, técnicos en atención parvularia y otros funcionarios. Pero, más grave aún, significa menos acceso para niños y niñas al nivel educativo más importante de sus vidas.
Se habla constantemente de la niñez, de la crisis y de una supuesta “emergencia” nacional, pero cabe preguntarse: ¿habrá progreso si disminuye el acceso a jardines públicos? ¿Habrá educación de calidad si esta se precariza, se mercantiliza y se utiliza a la niñez como argumento político? ¿Se habrá pensado en un Ministerio de Educación liderado en parte por ingenieros comerciales, que con educación de calidad existan más oportunidades y más progreso para Chile, y no para los mismos de siempre?
¿Qué se les dirá a las familias, que viven con un sueldo mínimo de 500 mil pesos y con extensas jornadas laborales, cuando necesiten acceder a un jardín infantil? ¿Se les obligará a pagar 300 mil pesos en establecimientos particulares, con jornadas reducidas hasta el mediodía?
¿Qué pasará con las madres jóvenes que desean estudiar en la educación superior, pero que ya no podrán hacerlo por la reducción de beneficios estudiantiles, por la falta de redes de apoyo y educación parvularia de calidad para sus hijos/as?
Se habla de emergencia, pero ¿de cuál emergencia hablamos? ¿De aquella donde el Presidente de la República y sus ministros ganan aproximadamente un sueldo 10 veces más alto que el promedio de las familias de Chile, mientras miles de familias sobreviven con ingresos insuficientes, largas jornadas laborales y altos niveles de estrés?
En solo dos semanas ya se vislumbra lo que podrían ser los próximos cuatro años; reversionando los dichos del diputado Álvaro Cárter, parece que seremos pobres e infelices.
Constanza Gallardo Miranda
Estudiante de Pedagogía en Educación Parvularia
Directora General de CultivArte





