Manuel Jerez: el guardia de Casa Central que también trabaja en disco Fraternidad

El PUClítico conversó con el funcionario de la UC para conocer los contrastes entre ambos mundos que habita en sus trabajos, su relación con los estudiantes y las mejores anécdotas de su experiencia laboral. “Lo que pasa en la disco, se queda en la disco”, dice sobre sus encuentros con alumnos en discotecas.

En Casa Central hay rostros que se vuelven parte del lugar. Desde hace cinco años se encuentra siempre erguido y atento en su puesto de guardia, Manuel Jerez, con una sonrisa reconocible para quienes entran y salen todos los días del campus. “Chao, que esté bien”, suele decirle a cada alumno que cruza la puerta al salir. De día cuida la universidad, pero lo que pocos saben es que de noche cambia los pasillos académicos por la puerta de una discoteca: Fraternidad, de la reconocida calle Pío Nono.

Oriundo del puerto de San Antonio, tras terminar el servicio militar, decidió hacer un curso de guardia tras asentarse en Santiago hace nueve años. Jerez también fue universitario, pero tuvo que dejar la carrera de Pedagogía en Educación Básica para poder cuidar de la salud de su hijo, quien afortunadamente ahora cuenta con una vida sana.

Un miembro de la comunidad UC que todo estudiante que frecuenta Casa Central debe conocer, pero que también conocen bien quienes van a la disco Fraternidad. Desde el PUClítico, conversamos con Manuel Jerez para poder conocer el contraste entre la vida universitaria y la disco, su relación con el estudiantado y las anécdotas más potentes de ambos trabajos.

¿Cómo llegó a trabajar en la UC? 

—A la UC llegué a trabajar porque me llamaron un día por teléfono, cuando estaba trabajando en la disco, que fue para el día de la pandemia. Y como las discotecas estaban cerradas, nosotros podíamos trabajar en distintas etapas, ya sea en eventos, en recintos privados. Y me llamaron por teléfono, creyendo que aquí faltaba gente.

Llegó a trabajar en la disco de la misma forma, gracias al contacto de un colega que le permitió ser contratado permanentemente en el local.

¿Qué es lo que más le gusta de su trabajo como guardia? ¿Y qué es lo que menos le gusta? 

—Es que viene de dos aspectos. La disco y la universidad. En la universidad lo bueno que tú tienes es que son más que nada alumnos que vienen a estudiar, ¿cierto? Y en la disco es otro tipo de gente, entonces son distintas personas que tú tienes que evaluarlas. Una persona ebria no va a tener los cinco sentidos. Hay que tener una perspectiva y una psicología para hablarle a las personas en ese sentido.

Destaca que lo desafiante del trabajo es aprender a lidiar con personas bajo los efectos del alcohol u otras sustancias, pero que, dentro de lo positivo, está que “nunca te responden o se ponen choros”, expresando que el respeto con el que trata a las personas le es recíproco. 

¿Cuál ha sido la noche más caótica que ha tenido trabajando en la disco? 

—Una que me acuerde yo… Hubo una época en que antes la disco era reggaetón y música electrónica. Teníamos de esas dos. Cuando había electrónica, había mucha droga, y cuando la gente se droga, se empieza a borrar y empiezan a armar peleas y todas esas cosas. Una anécdota grande fue que tuvimos que sacar a la gente de la misma pista de baile para afuera. Eran como 10 personas y se habían puesto agresivos.

En la disco pueden pasar muchas cosas, pero Casa Central no se priva de tener episodios extraordinarios. Le preguntamos qué había sido lo más curioso que vio en el campus. Ante eso, destaca la posible visita de exponentes de la política nacional o de la televisión como Cecilia Bolocco, Don Francisco y Jordi Castel.

¿Usted siente cariño por los estudiantes de la UC? ¿Ha llegado a tener relación con ellos? 

—Sí, hemos tenido relaciones con algunos alumnos y alumnas. Lamentablemente no nos dejan tener mucho contacto. Nosotros tratamos igual de hacer algo psicológico, más que nada. Por ejemplo, el otro día me habló una niña, para ingresar a una prueba. “Voy nerviosa”, me dijo. “Mira, hace una cosa, le dije, antes de entrar a la prueba, respira tres veces y bota. Yo te lo digo, porque estudié en la universidad y también me pasaba lo mismo”, recuerda.

Estas interacciones se repiten a diario y construyen una relación cercana, aunque silenciosa, con los estudiantes. “Sí pues, todos los días me saluda la gente”, comenta, destacando esos gestos simples que marcan su rutina. “Nos damos la mano”, agrega, dando cuenta de la confianza que se genera con el tiempo.

¿Alguna vez le ha tocado encontrarse con un estudiante en la disco que usted trabaja? ¿Ellos lo han reconocido a usted?

—Sí, varias veces. Todos los trabajadores de la disco hacemos una reunión con la persona encargada y nos dicen la gente que va y justo siempre nombran las universidades y te dicen la facultad. Por ejemplo, hoy día viene la Facultad de Derecho o la de Ciencias Biológicas o la Facultad de Comunicaciones. Y de Comunicaciones, de esos son los que más van.

Lejos de incomodarlo, estos cruces generan situaciones lúdicas. “¡Cacha, el tío! ¡Nos va a sapear!”, recuerda entre risas comentarios de estudiantes, frente a lo cual responde: “Lo que pasa en la disco, queda en la disco”, reflejando complicidad y un límite entre ambos espacios.

—¿Cómo se diferencia el trato acá en la universidad, respecto al trato en la disco? ¿Siente que recibe un trato respetuoso de parte de los jóvenes? 

—El trato en el sentido de lo que es la U y lo que es la disco es lo mismo. Claro, es distinto cuando hay una persona, como te decía yo, que no tiene sus cinco sentidos, pero el trato es el mismo.

Al referirse a cómo es tratado por los jóvenes, responde con una anécdota: “Un día un joven llegó, tomó un vaso en el baño y lo tiró. Y yo le dije, chico, ahí están los tarros de basura. Los lavamanos no son tarro de basura. “¿Y qué? tal por cuál”, me respondieron, y todos los que estaban ahí eran clientes antiguos. Entonces, ¿qué le dijeron? “Flaco, al tío no me lo vengai’ a agredir, agarra tus cosas y mándate a cambiar”. Y fue solo, yo no hice nada. ¿Por qué? Porque yo nunca le he faltado el respeto a la gente”.

Así, deja ver continuidad en su relato: su forma de relacionarse que no cambia entre el día y la noche, y que, con el tiempo, termina construyendo un respeto que no necesita ser impuesto.

Redacción: Sebastián Rozas, Damián Medina, Carla García y Julieta Sepúlveda.

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