Entre entregas universitarias, maquetas y sesiones de grabación, Javiera Pino construye una doble vida. La estudiante de Arquitectura detrás de J18, comenta sobre su nuevo álbum, el origen de su música y cómo transforma el dramatismo de su vida en canciones.
Son las once de la mañana en el Campus San Joaquín. Hace un leve frío, pero el sol de otoño alcanza a entibiar el ambiente. A lo lejos aparece Javiera Pino, viste jeans azules, un chaleco gris con rayas negras y unos llamativos audífonos peludos negros. Su cabello largo y café brilla bajo la luz de la mañana mientras camina por la alameda del campus. Sentada en una mesa al sol, comienza la entrevista.
Nacida y criada en Buin, Javiera tiene 23 años y cursa quinto año de Arquitectura en la Universidad Católica. Gran parte de sus días transcurren entre viajes en tren, talleres y entregas universitarias. La música llegó mucho antes que la carrera. Su abuela cantaba y le transmitió ese gusto a su madre, más tarde, ambas hicieron lo mismo con Javiera. Desde niña inventaba canciones para cualquier situación cotidiana. En los viajes familiares, por ejemplo, transformaba conversaciones, letreros o paisajes en melodías improvisadas. Con el tiempo, el canto dejó de ser suficiente, quiso aprender a producir, grabar y construir sus propias canciones. Ahí nació jotadieciocho.
Hace apenas una semana lanzó “Quizás las horas suman meses”, su álbum debut, un trabajo que le tomó cerca de dos años y que desarrolló entre talleres, entregas y veranos dedicados casi por completo a la música. Cuando se le pregunta cómo imagina su futuro, la respuesta no es tan clara. Tras unos segundos de silencio, plantea una duda que parece acompañarla desde hace tiempo: “¿Soy una arquitecta que hace música o una artista que estudió arquitectura?”. Por ahora, ambas versiones conviven en ella.
Entre maquetas y masterizar
Cuando llegó el momento de elegir una carrera, Javiera no tuvo que alejarse del mundo artístico para encontrar una profesión. Al contrario. Encontró en la arquitectura un espacio donde ambas dimensiones podían coexistir.
Desde pequeña podía pasar horas construyendo objetos, armando maquetas improvisadas y creando estructuras con scotch.
“Arquitectura mezcla un poco el mundo artístico con el mundo más real de una profesión” sostiene.
La universidad no ha desplazado a la música: la ha obligado a encontrar nuevos ritmos. Durante los semestres, los lanzamientos y grabaciones avanzan más lento. Las entregas y correcciones ocupan gran parte de sus días. Los veranos son otra historia. Ahí aparece la protagonista de la historia, como ella la llama “la intensa y dramática J18″.
Durante los últimos dos veranos se encerró a grabar voces, producir canciones, planificar videoclips y desarrollar el futuro de su pasión. Aprovechaba cada espacio libre, incluso en el trayecto al metro, o entre clases mientras caminaba hacia la sala. Pensaba en su música y todas esas horas se transformaron en meses. Hasta llegar al fruto de hoy.
Javiera no ve la arquitectura y la música como caminos separados, sino que están en constante sintonía.
—¿Crees que la arquitectura tiene algo similar con la música?
—Siento mucho estos paralelismos entre los procesos de mostrarle al mundo la música y mostrarle a mis profesores o a mi curso mis proyectos (…) es el mismo nerviosismo de presentar algo que es muy tuyo, que pasa tanto en la música como en la arquitectura.
Para ella, diseñar un edificio y construir una canción son procesos más parecidos de los que muchos imaginarían.
Así nació jotadieciocho
Corría el año 2018 cuando su padre le regaló una interfaz para conectar micrófonos e instrumentos al computador. No parecía un acontecimiento especialmente trascendental en ese momento, pero terminaría cambiando muchas cosas. «Ahí empecé a hacer canciones» recuerda.
Las grababa en su pieza y luego se las mostraba a sus compañeros de colegio. La recepción no fue particularmente entusiasta. No fue hasta “Para Mi”, su primera canción, que sus amigos abrieron los ojos de sorpresa.
—Me dijeron: «Oye, Javi, está buena esta canción. Deberías subirla».
Ella todavía recuerda la sorpresa que sintió frente a ese comentario. Hasta entonces, la música era algo privado en su vida. Pero por primera vez sintió que alguien más veía potencial en lo que estaba haciendo. Fue entonces cuando abrió SoundCloud y se encontró con un problema inesperado: necesitaba un nombre artístico.
“La verdad es que no lo pensé nada”. Se ríe antes de continuar. “Tenía que poner algo y puse J18.”
La “J” corresponde a la inicial de Javiera y el “18” al día de su cumpleaños. Lo que para ella fue una decisión improvisada, para sus padres resultó una elección bastante curiosa.
—Me acuerdo que mis padres me decían: “¿Por qué te pusiste ese nombre de androide?”. Tienen razón, pero igual me gusta ahora que lo pienso.
—Si tuvieras que describir a J18 como un personaje distinto de Javiera Pino, ¿qué dirías de ella?
—Diría que es súper intensa y dramática. A veces escucho mis canciones y me da un poco de vergüenza ajena, pero la música es mi manera de expresar cosas que son más incómodas de conversar así como así.
Hace una pausa antes de completar la idea.
—Creo que vive en un mundo paralelo. Un mundo donde todos son súper sensibles. Y es un androide que toma la micro J18 todos los días.
Su primer sencillo comenzó a circular entre amigos y conocidos. Poco después decidió subirla a Spotify y compartirla en TikTok. Le fue bien de inmediato. En poco tiempo Javiera ya contaba con quinientos oyentes. La música se empezaba a ver como algo a lo que se podía dedicar.
Quizás las horas suman meses
Aunque hoy J18 acumula miles de reproducciones y acaba de lanzar su primer álbum, hubo un momento en que la música cumplió un rol mucho más íntimo.
La pandemia coincidió con una etapa difícil para Javiera.
—El COVID pegó muy fuerte en mi familia. Perdí un par de personas importantes. Ahí sentí que, pucha, de verdad estábamos viviendo en una pandemia real.
La música se convirtió en un refugio. Entre la incertidumbre, las pérdidas y el aislamiento, encontró un espacio para procesar emociones y seguir creando. Lo que hasta entonces había sido una inquietud creativa, comenzó a transformarse en algo más serio. Con más tiempo para escribir, producir y experimentar, J18 empezó a tomar más forma.
Años después, ese proceso desembocó en “Quizás las horas suman meses”, su álbum debut, un proyecto que le tomó alrededor de dos años de trabajo y que desarrolló principalmente durante los veranos, cuando las exigencias de la carrera le daban algo más de espacio para dedicarse a la música.
Más que una colección de canciones, el disco fue concebido como una obra completa.
—¿Qué significa para ti el lanzamiento de este álbum?
—Significa querer contar una historia completa. Querer que, quienes lo escuchen, entren en un universo paralelo, que es el álbum. También fue la oportunidad de hacer algo más profesional, trabajar con un productor muy bueno y lograr que sonara como yo quería.
Cuando habla de referentes, menciona rápidamente a la cantante estadounidense Clairo. En particular, su álbum Charm, una obra que escuchó repetidamente mientras imaginaba cómo quería que sonara el suyo.
—Creo que fue el álbum que escuché completo y pensé: “Quiero hacer un álbum como esto. Es demasiado genial”.
Más que replicar un estilo, lo que admiraba era la posibilidad de construir una obra coherente de principio a fin. Algo que, de alguna forma, también intentó hacer con «Quizás las horas suman meses».
Por ahora, el futuro sigue abierto. Entre maquetas, entregas, grabaciones y conciertos, Javiera continúa habitando dos mundos que se alimentan mutuamente. Y aunque todavía no sabe si terminará siendo una arquitecta que hace música o una artista que estudió arquitectura, parece haber encontrado una forma de convivir con ambas versiones de sí misma.
Puclicuestionario
—¿Baño favorito?
—Del nuevo edificio de la Facultad de Arquitectura, el -1.
—¿Ramo favorito?
—Debates de la Arquitectura Contemporánea.
—¿Ramo más temido?
—Proyecto de título.
—Cosa que quieres hacer antes de egresar.
—Nunca he sido ayudante, me gustaría serlo.
—OFG que recomiendas.
—Arquitectura Sacra, muy entrete y muy fácil.
—Si fueras rector de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?
—Almuerzo gratis para todos y muchos botones de emergencia para botar ramos.
—Invéntate un ramo.
—Gestión de la vida laboral.






