Luis Alvarado, el encargado de los videojuegos de Casa Central: “Aquí no es solamente prestar y devolver, es acompañar”

Tras 21 años en la Universidad Católica, el asistente de la Biblioteca de Biomédica reflexiona sobre su rol y la relación con los estudiantes. Rodeado de libros, películas y videojuegos, recuerda las anécdotas que han marcado su trayectoria y explica el cambio en la manera en que los alumnos habitan el espacio de estudio.

Nota por Isidora Arias, Mateo Cartes y Juan Pablo Rubio

Luis Alvarado (52) es asistente de las bibliotecas de la Universidad Católica (UC) desde el año 2007, aunque fue en 2005 cuando llegó a la universidad. “No sé en qué momento postulé acá”, dice. En el año 2012 decidió trasladarse a la Biblioteca de Biomédica de Casa Central. Lleva 14 años al resguardo de los libros, videojuegos y películas del piso -3, donde es uno de los encargados.

Luego de años en el puesto en la biblioteca, los estudiantes lo apodaron “el tío de los videojuegos”, a pesar de que él no siente un especial apego a este mundo: “No tengo relación con los juegos, pero me gusta ver a la gente jugar”. Recuerda que lo que más jugaba de joven era en las máquinas arcade, pero nunca desarrolló un total interés en esta actividad. “Yo solo paso los cables y veo que todo funcione bien, yo no juego”, afirma.

Alvarado admite que sin el Mario Kart Wii y el Just Dance 2014 “no sería nada”, porque son los dos juegos que los alumnos, principalmente de Derecho y Medicina, más juegan. “Cuando veo que están saltando allá, adentro de la sala, me da gusto. Me gusta que los alumnos salgan del estudio rígido y serio y que se pongan a jugar, a cantar y a reírse. Eso me encanta”, indica con emoción. 

El valor que le da a las conversaciones y su buena memoria son, según dice, las razones por las cuales considera que a las personas les gusta conversar con él. Alvarado señala que cuando llegó a la UC era cesante y soltero; hoy está casado y tiene dos hijas, mientras continúa con su trabajo en Casa Central: “Yo soy feliz con lo que hago”.

—¿Qué es lo mejor de trabajar en la Biblioteca de Biomédica?

—He conocido a muy buenos compañeros y que ya no están. Pero, aparte de eso, los alumnos. Lo que acá hemos logrado es que el alumno sepa qué está haciendo con el saludo. Hemos logrado que saluden de entrada y de salida, cosa que al principio no era tan así. Aparte, me gusta esa guerrilla no declarada entre los alumnos de Derecho y los de Medicina, porque los abogados vienen mucho para acá. Ahí uno aprovecha para meter carbón a los alumnos.

Entre risas, Alvarado dice que los estudiantes de Ciencias Biológicas y Medicina “se toman” la biblioteca, pero los alumnos de Derecho no dan su brazo a torcer: “Los estudiantes nos reclaman y nos dicen: ‘¿Pero por qué no se van al frente mejor?”. Destaca que, durante la semana de solemnes, no deja de ver alumnos de traje y corbata caminando de un lado a otro entre las librerías.

Las bibliotecas se caracterizan por tener un silencio sepulcral desde que abren hasta que cierran, pero Alvarado reconoce no ser el mejor ejemplo para estar en estos lugares: “Hay veces que los alumnos se acercan y me dicen que baje un poco el volumen, porque soy muy bueno para hablar y, más encima, hablo fuerte”, indica.

“Yo creo que voy a terminar mi vida acá porque me gusta mucho acá. Y lo último que leí fue porque estoy acá”. A pesar de declararse un mal lector y de no recordar el nombre de su última lectura, sí tiene su favorita: “Sé que es como funeque, pero me gustan mucho las memorias de Pablo Neruda”. Cuenta que es un libro que lo ha acompañado toda su vida, desde que se lo regalaron a los 15 años. “Confieso que he vivido es el libro que todo chileno tiene que leer”, argumenta y dice que ayuda a entender tanto a Chile como a la figura de Neruda.

–¿Alguna vez ha tenido que despertar a alguien que se quedó dormido?

–Sí. Cuando llegué acá había unos sillones arriba que se los dieron a Derecho y los sacaron por lo mismo, porque los estudiantes se quedaban dormidos y dormían toda la mañana. Para mí era muy incómodo despertar al estudiante, despertar a cualquier persona en general. A lo que más le tengo respeto es al sueño: para mí el sueño es sagrado. 

–Una historia chistosa que me tocó fue en Derecho. Fuimos a trabajar allá y había un silencio absoluto. El problema fue que un alumno empezó a roncar y era muy fuerte. Yo me demoré en reaccionar y nadie de los alumnos, por alguna razón, se fue a quejar del ronquido, nadie. Miro y había una alumna que estaba roncando. Con mucho cuidado y todos mirándome de pasada le dije, «sabis que estai roncando fuerte» y me dijo “ya ya ya”. El problema fue que, cuando volví, como a los diez minutos, se escuchan de nuevo los ronquidos. Ahí ya me hice el loco –se ríe–.

—En estos 20 años le ha tocado ver pasar a muchas generaciones, ¿cómo ha ido cambiando el estudiante UC que viene a la biblioteca?

—El estudiante antiguo antes pasaba y con suerte te saludaba. Después vino una generación en que comenzaron a saludar, muy respetuosa, pero que igual te hablan como con vergüenza. Son muy respetuosos y muy cariñosos. También he notado, que es algo que los antiguos no hacían, que los estudiantes ahora leen por gusto, como novelas o cosas así. Los antiguos con suerte se conseguían los resúmenes y los de ahora son más mateitos.

Reconoce que los estudiantes, desde que empezó a trabajar en las bibliotecas, le han demostrado respeto y mucho cariño. “A fin de semestre me llevé muchos regalitos el año pasado, como siete chocolates, un par de cositas del Castaño y hasta un par de calcetas”, recuerda. Además, destaca a los alumnos que se van a despedir de los funcionarios al terminar la carrera y a los que van a conversar con ellos luego de una prueba aprobada: “Después vienen y nos dicen ‘¡Me fue bien!’ y nosotros nos alegramos por sus éxitos. Es lo más bonito de esto, porque aquí no es solamente prestar y devolver, es acompañar”.

—Después de 20 años viendo pasar miles de caras que hoy ya son profesionales, ¿qué es lo que hace que todavía disfrute venir a trabajar acá todos los días? 

—Lo que más me gusta del día a día es conocer gente nueva. La gente de acá es muy, muy entretenida. Los estudiantes de las diversas carreras, que te cuentan su historia, y los profesores que se acercan a la biblioteca. Me gustaría que vinieran más profesores, pero muchos de los que vienen a la biblioteca son muy abiertos. A veces estás hablando con gente que van a ser autoridades o eminencias, que tienen un futuro super lindo y son super humildes

—Me encanta encontrar la humildad y la sencillez en gente que es muy grande, porque yo al principio era muy prejuicioso: “Oh, voy a trabajar en la Católica y me voy a encontrar con puros cuicos pechoños”. Y no es así, no es la realidad. Y aunque fuera así, incluso los cuicos pechoños que encontré eran simpáticos; me cayeron bien. Los terminaba abrazando igual y ellos a mí.

—Si mañana tuviera que jubilarse, ¿cuál es el primer pensamiento que se le vendría a la cabeza al cruzar esa puerta?

—Hace poco se jubiló un compañero y lo seguí para cachar esa sensación; él se iba después de 40 y tantos años. Yo no soy de llorar tanto, me emocionó un poco así, pero creo que se me va a caer una lagrimilla y voy a dar gracias. De hecho, incluso si mañana mismo me echan, me voy agradecido. Ya he estado tantos años y estoy contento. 

Al reflexionar sobre él mismo y su rol en la biblioteca, Alvarado señala que aunque no es capaz de salvarle la vida a un estudiante, le puede recordar que está vivo: “Yo no tengo mucho que ofrecer, solamente una sonrisa y una ayuda”.

Bonus track PUClicuestionario

—¿Baño favorito? 

—El que no tenga fila y que haya confort para limpiarse.

—¿Lugar favorito del campus? 

—El olivo que está en el Patio Juan Pablo II.

—¿Colega favorito? 

—Juan Enrique Gálvez, pero ya se jubiló. Él me enseñó a ser amable.

—Cosa que quiere hacer antes de dejar la UC. 

—Me gustaría decir un par de verdades, pero eso tengo que hacerlo al dejar la UC.

—Consejo para los jóvenes. 

—Los jóvenes tienen que cuestionar, reflexionar y ver. Y jugar po’, obvio. Si el juego es serio, como dice Cortázar. 

—Si fuera rector de la UC, ¿cuál sería su primera medida? 

—Subir el sueldo en las bibliotecas.

—Invente un cargo o área que debería existir en la UC. 

—Una Vicerrectoría de la Felicidad.

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