La siguiente columna aborda temas relacionados con el suicidio, los cuales podrían afectar la sensibilidad de algunos lectores. Se recomienda discreción.
Llega septiembre y la atención se vuelca hacia la prevención del suicidio. Sin embargo, en el día a día de las aulas, los trabajos y las calles, habitamos un entorno que juzga el dolor psicológico como una simple «exageración» o una «búsqueda de atención».
El sufrimiento en la juventud no siempre es evidente. Trágicamente, solemos silenciar esas primeras alertas con respuestas frías y despectivas.
Esta negligencia institucional se traduce en dolor cotidiano. Se ve claramente en el Metro de Santiago, donde los anuncios de «persona en la vía» dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una realidad constante: durante el 2025 se contabilizaron más de 25 anuncios, concentrados en su mayoría hacia el tramo final del año. Lo más triste y desgarrador es presenciar cómo la prisa de la rutina lleva a muchos a molestarse simplemente por el retraso de su viaje, perdiendo toda sensibilidad ante el dolor de una tragedia humana.
Esa misma insensibilidad es la que obliga a tantos a esconder su sufrimiento. ¿Cuántos jóvenes viven hoy cargando ese dolor en silencio, llegando al extremo de cortarse o hacerse daño físico sin que nadie a su alrededor lo note? Y cuando el auxilio no llega, las consecuencias son irreversibles. Son demasiadas las personas que hemos perdido a un compañero o compañera, desconociendo por completo lo que atravesaban y marcándonos profundamente por su ausencia.
¿Cuántos casos han ocurrido en las universidades de nuestro país que han sido encubiertos o dejados bajo la manga por las autoridades institucionales para cuidar la imagen de estas mismas? La falta de protocolos transparentes, el miedo al qué dirán y la burocratización de la ayuda solo perpetúan la impunidad del abandono y dejan a las comunidades educativas sin respuestas ni contención real.
No podemos seguir respondiendo con soluciones «parche» que solo maquillan el problema ni con el silencio cómplice de las instituciones. Exigir medidas de fondo, visibilizar la realidad sin tabúes y actuar a tiempo es la única forma de salvar vidas.
Cristobal Santander
Estudiante de Pedagogía en Química




