Este 21 de agosto, el humo y las banderas amenazan con engañarnos de nuevo. El célebre “Fondazo” de nuestra federación se avecina y, con él, el fantasma de su melancólica crisis de identidad. Si la historia reciente sirve de presagio, el espíritu dieciochero será exiliado una vez más para dar paso a un carrete genérico, vestido con un poncho que le queda tristemente grande.
Durante años, vimos a la Nueva Acción Universitaria perpetuar este espejismo de guirnaldas plásticas. Cuando Solidaridad asumió el mandato, dándose de patriotas en nombre de nuestras raíces, muchos ingenuos esperaron un genuino rescate cultural. Pero la partitura fue exactamente la misma.
Hoy, a las puertas de una nueva edición, cabe preguntarse: ¿alguien en la política universitaria tendrá el temple para romper el patrón y hacer que esta “fonda” sea, por fin, una fonda? ¿El premio de consuelo volverá a ser un vaso de terremoto regalado, como si mezclar pipeño con helado de piña fuera suficiente para redimir la amnesia de nuestros representantes? Las dos o tres cuecas de rigor no pueden seguir siendo un peaje cultural rápido y molesto.
Si la actual federación desea realizar un carrete este viernes, que lo haga sin disfraces. Pero si van a invocar a la patria como excusa para convocar, exigimos no repetir los errores del pasado y honrar la cultura que fingen celebrar. De lo contrario, desde nuestra parte como simples estudiantes promedio, seguiremos contemplando cómo el famoso “Fondazo” no es más que un funeral de la chilenidad, servido en vaso de plástico con un pie de cueca de relleno.
Alexander Lunó
Estudiante promedio de College




