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¡Es el primer lunes de mayo! Hoy se celebra la MET Gala, y resulta idóneo dar inicio a una de las jornadas anuales más importantes del calendario de la moda con una mirada profunda a la secuela que ha paralizado la industria y rompe números en taquilla, The Devil Wears Prada 2.
Alright everyone, gird your loins!
El pasado viernes se estrenó a nivel mundial la entrega que, luego de 20 años, reúne a Andy, Emily, Miranda y Nigel en un mundo de la moda revolucionado por lo digital y las redes sociales. Las revistas ya no son lo que eran, Runway lucha por mantener su relevancia y legado. Con David Frankel como director –mismo que en la primera–, la cinta trae un plot rupturista y actualizado a los tiempos, con un par de vueltas de guion que no dejan de sorprendernos.
Un guion refrescante
Si la narrativa de la primera trataba sobre encajar en un molde, la de esta secuela trata sobre quién controla la industria. El acierto está en adaptar a Miranda al mundo actual: ya no es una deidad intocable que va por la oficina tirando su abrigo a las personas; recursos humanos, la cultura de la cancelación y la Gen Z simplemente no se lo permiten. En este escenario, el rol de su nueva asistente, Amari, es mucho más activo e incluso impositivo, pues la acompaña en todo momento, controlando no solo su calendario, sino lo que tiene o no permitido decir tanto en público como en el trabajo.
Otra de las joyas en la escritura recae en el desconocimiento de quién es el antagonista principal, a pesar de lo obvia de la respuesta, se sospecha de distintos personajes hasta que finalmente se revela la verdad. Por otro lado, destacan los cameos de muchos rostros relevantes de la moda y el entretenimiento, como las modelos Anok Yai y Heidi Klum, el estilista Law Roach, los diseñadores Marc Jacobs y Donatella Versace, y la superestrella pop Lady Gaga.
Un plot twist bien hecho
A pesar de que desde la sinopsis nos presentan dos fuerzas enfrentadas en el conflicto principal –Miranda y Emily–, el antagonismo de esta última, interpretada por Emily Blunt, es muy sutil al inicio y resulta casi cómico, algo que realmente te hace levantar sospechas sobre si ella es la verdadera villana. Verla unir fuerzas con Andrea, interpretada por Anne Hathaway, para salvar Runway es un acierto de guion. Su trama te atrapa y te mantiene adivinando hacia dónde va la historia. Pero cuando se revelan las verdaderas intenciones de Emily, todo cobra sentido y la trama se vuelve mucho más lúdica y tensa.
A pesar de su derrota final, Emily tiene un acto de redención con Andrea que, sin dar muchos spoilers, curó la infancia de muchos, incluyéndome.
The Devil Wears… ¿Prada?
Esta vez, el vestuario estuvo a cargo de Molly Rogers, en reemplazo de la icónica Patricia Field, quien estuvo nominada al Oscar por su trabajo con el vestuario de la primera entrega. Para Miranda, interpretada por la icónica Meryl Streep, el desafío era actualizar su estilo a las tendencias actuales sin borrar su aura de ice queen en el proceso. Entre los diseños que más destacan están piezas de Dries Van Noten, Brunello Cucinelli, Armani y Saint Laurent.
Andy mantiene su estilo utilitario, pero esta vez lo eleva combinando básicos con piezas de diseñador. La protagonista demuestra que su paso por Runway le ayudó a evolucionar su forma de vestir. La vemos lucir Armani, Armani Privé, Coach y Gabriela Hearst.
Para Emily, su vestuario evoluciona en concordancia con su nuevo rol ejecutivo en Dior, luciendo las distintas épocas de la maison, resaltando piezas de la era Galliano. También incluye piezas de Rick Owens y Jean Paul Gaultier.
Finalmente, la película nos dio a una nueva fashion icon, Amari, la nueva asistente de Miranda interpretada por Simone Ashley. En su estilo estructurado, brilla una rotación de atuendos de Thom Browne y Balmain, acompañados de joyería Cartier.
Espejismos con la realidad
Dejando de lado el espectáculo visual, la película funciona como un espejo de la industria actual. No solo retrata la creciente dependencia de las revistas hacia las plataformas digitales, sino que también caricaturiza sin tapujos la realidad de los grandes conglomerados. El ascenso de Miranda como editora global de Runway representa el mismo cambio de rol que asumió Anna Wintour en Vogue el pasado julio, cuando fue ascendida al mismo cargo.
Además, se ha especulado que los personajes de Emily y Benji son una parodia directa de Jeff Bezos y Lauren Sánchez, quienes han estado en la palestra tras los rumores de su posible compra de Condé Nast, empresa global de medios de comunicación dueña de marcas como Vogue y Vanity Fair. Aunque la propia Emily Blunt desmintió la relación con los personajes, hechos como que Meryl Streep cancelara su participación en la MET Gala de este año –precisamente por el patrocinio de los Bezos al evento– han vuelto a encender las especulaciones.
Reseña por Raúl Zamorano.






