El viernes 24 de abril, algunos estudiantes leímos la siguiente pregunta en la prueba de Psicología del Desarrollo II: “Según los autores vistos en el curso, redacte una carta explicando los efectos negativos de las reformas educativas que se oponen a la reinserción desde la mirada del desarrollo positivo”. Dicha pregunta nos sorprendió gratamente por poner nuestros aprendizajes al servicio de lo público. Lamentablemente, también nos sorprendió, porque el día anterior se dio un consejo federativo con las políticas públicas en educación como tema. Cuestión ante la cual se esperaría preocupación por los derechos vulnerados, pero que ciertos representantes hicieron lo posible para evitar.
A un mes de anunciarse el proyecto “Escuelas Protegidas”, que establece revocar la gratuidad como amenaza, el Gobierno de José Kast no ha cesado sus anuncios, promoviendo —tras defender los recortes previos bajo el alero de priorizar la educación primaria— el cese del beneficio escolar Junaeb. Se esperaría opinión y articulación ante un gobierno cuya visión mercantilista busca quitarle la comida a los niños, mientras decide quiénes pueden manifestarse y quiénes serían privados de su posibilidad de estudiar por hacerlo. Sin embargo, el consejo tendría otros planes, pues el gran tema de conversación durante horas fue la incomodidad que sintió el consejero territorial de Solidaridad de Ingeniería Comercial durante los diez minutos que los representantes de Educación se manifestaron pacíficamente en el patio.
Se levantaron puntos interesantes; no se trata de menospreciar el Consejo. Se mencionó la reinserción, la preparación y el respeto a las carreras de Educación, rechazar el binarismo político; pero constantemente se volvía a lo mismo, los diez minutos de marcha que incomodaron a dicho consejero territorial. Todo hizo sentido cuando otro consejero del mismo movimiento, estudiante de Derecho, alzó la voz para defender el tema diciendo: “Gracias a Dios ya no estamos hablando de gratuidad”. La misa es un momento de conexión profundamente humana y empática, un espacio de amor al prójimo, celebrando sus alegrías y llorando sus penas. La concentración no es una excusa para la indiferencia.
Dejemos de defender lo indefendible por vestir colores coincidentes con los nuestros. Es momento de que el debate público deje de centrarse en puntualidades y aspectos políticos, que no hacen ni harán cambios en la vida de nadie. Hubo un momento de esperanza, se dijo “acá somos todos sensatos” y hubo acuerdo en rechazar los recortes del Gobierno; espero que no se quede ahí y que, si usamos la bandera chilena como símbolo, prioricemos lo que le afecta a esta.
Mientras discutimos por horas, se decide quiénes pueden acceder a la educación superior en base a qué tan llenos están sus bolsillos, excluyendo a diestra y siniestra, gracias a la frivolidad de quienes tuvieron el momento para decir algo al respecto. En Desarrollo II se nos enseña que la cohesión, el entendimiento y el diálogo intergrupal son fundamentales para un desarrollo adecuado. Por otro lado, el Gobierno nos pide dejar de lado a quienes hayan sido condenados, a quienes no tengan para pagar aranceles millonarios o a los mayores de 30 años. No podemos hacernos llamar representantes si no velamos por cada una de estas realidades.
Estoy seguro de que podemos dar mucho más de nosotros, que podemos poner nuestros estudios al servicio del rol y debate público; estoy seguro de que es momento de hacerlo. Por la reinserción, por la gratuidad, por el almuerzo de cientos de miles de niños en nuestro país, no volvamos a dejar que estos temas tan importantes se queden fuera de la conversación. No volvamos a agradecer a Dios que ya no estamos hablando de gratuidad.
Agustín Barrera
Consejero Territorial de Psicología
Militante de la Nueva Acción Universitaria (NAU!)




