Esta semana ocurrió un debate interesante. Nuevamente nuestra política universitaria superó precedentes y levantó en tiempo récord la idea de un paro. La lógica de la CONFECh es atendible: el gobierno propone recortes, propone castigar a estudiantes que interrumpen las clases y levanta una reforma tributaria que busca reducir cargas empresariales.
La política del paro tiene a su vez un importante precedente en la toma de 1967, convocada por la FEUC de Miguel Ángel Solar. La toma duró 12 días e incluyó componentes que la distinguen de cualquier otro intento contemporáneo. También había tres demandas, pero giraban en torno a la democracia universitaria. Fue aprobada por el 85,5% del estudiantado y la conformaron 6.500 alumnos, recibió el apoyo de la CUT y la FECh. Incluyó peleas entre alumnos y sacerdotes y requirió de la mediación presidencial de Eduardo Frei Montalva. ¿Cómo no querer un paro ante la épica de 1967?
No obstante, lo más importante de la toma de Casa Central no fue su épica, sino su efectividad. Las demandas estudiantiles fueron concedidas. Es más, si de efectividad hablamos, los últimos paros no tienen nada que envidiarle, habiendo logrado también sus cometidos. Quizás por eso es una herramienta tan popular. Pero, ¿a qué costo?
La toma por naturaleza es una fuerza inapelable ejercida para obtener una demanda, por eso es altamente efectiva. El paro se puede “democratizar”, pero, ¿hasta qué punto es válido que un 50%+1 suspenda el derecho a la educación y al tránsito del 50%-1? Es más, la política del paro vulnera un principio democrático fundamental: el diálogo razonable y pacífico en pos del bien común. ¿Cómo saber que una idea es buena si se impiden las debidas objeciones y consideraciones del resto? Quizás por eso las “grandes reformas” motivadas por paros tuvieron también las peores ejecuciones o desenlaces, incluso para sus promotores.
Esto es especialmente importante de reivindicar a la sociedad actual que quiere “democratizarlo todo”. Aquí una respuesta actualmente polémica: no se puede, porque la democracia requiere de pilares. Si no existieran, de democratizar la democracia como la conocemos hoy, probablemente sería suprimida por las mayorías. De la misma forma, proponer un paro para conseguir todo lo que queremos solo corroe el pilar de diálogo pacífico, razonable y plural. Partamos por informarnos, debatir y levantar propuestas antes que protestas, sino seguiremos hundiéndonos en el mar de descrédito que nos caracteriza ahora con el peso de la política del “paro simbólico”.
Borja Yañez Morales
Estudiante del 50%-1
Estudiante de Derecho



