“Comer bien se ha vuelto un privilegio”: estudiantes del Campus Lo Contador denuncian una baja oferta de lugares para comer

Con almuerzos que compiten con el costo de impresiones de hasta $18.000, locales que cierran temprano y máquinas que no aceptan JUNAEB, la comunidad del campus se ve obligada a una “supervivencia nutricional” en jornadas que se extienden hasta la madrugada.

Nota por Sofía Sepúlveda, Javiera Zumelzu, Isidora Jiménez, Paulina Muñoz y Vicente Ortiz.

Dentro del Campus Lo Contador hay aproximadamente 2.500 estudiantes que se dividen entre las facultades de Diseño, Arquitectura y Estudios Urbanos. A ellos se les suman estudiantes de posgrado, profesores y funcionarios, quienes también se quejan de que hay pocas opciones de alimentación. 

La falta de variedad de alimentos es un problema silencioso para quienes frecuentan el campus. Mathias Yagual, estudiante de Diseño, dice con una evidente decepción: “Esto es algo que pasa desde siempre

Las opciones disponibles para quienes frecuentan el campus se concentran en un casino, el kiosko “Rockandrolla, una cafetería y ocho máquinas expendedoras que se encuentran en el mesón UC. Ninguna máquina acepta JUNAEB como medio de pago.

¿Comer o imprimir?

Los precios de los alimentos que están disponibles varían considerablemente. El casino ofrece almuerzos desde los $2.800 y las máquinas expendedoras del Fork ofrecen comidas preparadas que cuestan entre $3.990 y $7.690.

A esto, se suma que gran parte de las porciones son percibidas por los estudiantes como insuficientes en relación a su precio: “Considero que la mejor relación cantidad-precio, mas no calidad, son las comidas que se entregan en el casino”, señala Ambar Aedo, estudiante de Diseño en segundo año.

Esta realidad obliga a los estudiantes a barajar prioridades económicas, donde el costo de un almuerzo compite directamente con la compra de materiales o la impresión de trabajos para sus entregas. 

Las impresiones en grandes cantidades representan la mayoría de entregas y exámenes de los trabajos de los estudiantes del campus. Las impresiones en la universidad van desde los $1.000, mientras que algunas superan los $18.000.

Sofía Villegas, estudiante en segundo año de Diseño, dice que los estudiantes deben recurrir a la “supervivencia nutricional”. Según Villegas, en el Campus Lo Contador, “comer bien se ha vuelto un privilegio”.

Jornadas extensas con pocas opciones para comer

La cafetería y el kiosko cierran entre las 17.00 y las 18.30 y el mesón UC cierra a las 20.00 horas. La necesidad de permanecer en el campus hasta altas horas de la noche —e incluso de madrugada durante la época de entregas— es una realidad que se convierte en un problema al momento de pensar cómo alimentarse. 

Ámbar Aedo, estudiante en segundo año de Diseño, dice: “He estado en Lo Contador desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde de un martes. Después de cierta hora, todo cierra y no hay dónde comer”.

Joaquín Higuera, estudiante de Diseño en segundo año, señala que el comer algo después de las diez de la noche es prácticamente imposible y la ubicación del campus y la poca cantidad de locales a su alrededor agravan el problema.

Los problemas de alimentación en Lo Contador trascienden la simple falta de variedad y precios, sino que se consolidan como un factor que agrava la exigente calidad de vida de los estudiantes de las facultades de Diseño, Arquitectura y Diseños Urbanos.

Tallarinata 

El 15 de abril, la Mesita Lo Contador (que agrupa a los centros de estudiantes del campus) organizó un plenario abierto. El objetivo de la asamblea fue levantar información sobre la escasez de puntos de alimentación dentro del recinto. Durante la instancia, también se abordó el alza de aranceles en las carreras de Arquitectura y Diseño. Asimismo, se discutió el incremento de precios implementado este año por la concesionaria del casino, la falta de alternativas veganas y vegetarianas y la escasez de opciones gastronómicas fuera del horario académico. Florencia García, encargada del campus Lo Contador, estuvo presente en la “tallarinata”.

Antonia Rioseco, vocera del Centro de Estudiantes de Arquitectura (CEArq), estuvo a cargo de dirigir la asamblea. Según explicó, la idea era manifestar el descontento por la falta de puntos de alimentación en el mismo momento en que los estudiantes comían. Argumentó que “si no tenemos opciones baratas, nosotros mismos cocinamos la comida”.

La presidenta del CED, Valentina Silva, recuerda que los estudiantes tuvieron la oportunidad de dar su opinión: “Se habló de la implementación de food trucks, como los de San Joaquín, la opción de precios para estudiantes y la apertura de espacios a emprendimientos de los mismos alumnos”. 

Búsqueda de soluciones

Mathias Yagual, estudiante de Diseño, califica la situación como un problema contingente e histórico. La falta de alternativas de alimentación, dice Yagual, es una desventaja evidente al momento de compararse con otros campus de la universidad que sí cuentan con una mayor diversidad de servicios. Apunta a que una de las principales razones es la estructura y la administración del campus: “Mucha gente dice: ‘Ojalá haya un Castaño en Lo Contador’. Pero no hay dónde instalarlo, y ese es el problema”. 

Josefina Edwards, directora de la Dirección de Campus, declara trabajar con la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC) y los representantes del campus Lo Contador desde inicios de año: “Ha habido una muy buena acogida para hablar sobre el tema”.

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Sofía Sepúlveda
Sofía Sepúlveda

Coordinadora de Actualidad - El PUClítico Chile