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El pasado 31 de mayo, HBO lanzó el capítulo final de la tercera y última temporada de Euphoria tras cuatro años de espera. La serie que alguna vez destacó por su estética, su banda sonora y su retrato crudo de la adolescencia, regresa con una propuesta radicalmente distinta: un salto temporal de cinco años que traslada la historia a la adultez de sus personajes.
Reseña por Fernanda Hernández.
Nueva narrativa
Aunque la decisión de ejercer un salto temporal pudo haber abierto nuevas posibilidades narrativas, en la práctica se siente desconectada de lo que la serie ya había construido. Muchos conflictos quedan sin una resolución satisfactoria y varios personajes pierden la relevancia que tenían en temporadas pasadas. La relación entre Rue y Álamo transmite una sensación de repetición constante, mientras que personajes fundamentales, como Jules, quedan relegados a un rol secundario que apenas influye en la trama. Mientras que Nate pierde gran parte de la complejidad que lo convirtió en uno de los personajes más inquietantes de la serie.
Lenguaje visual
Uno de los cambios más notorios es el abandono de la identidad visual que convirtió a Euphoria en un fenómeno cultural. La ausencia de Petra Collins, cineasta estadounidense que dirigió las temporadas anteriores sin recibir crédito alguno, se refleja en una fotografía más sobria y menos arriesgada. La falta de Labrinth, músico encargado del soundtrack de las entregas previas, deja un vacío importante en la construcción emocional de las escenas. Aunque la temporada recupera algunos elementos característicos de la serie, no logra integrarlos de manera orgánica.
Simbologías
Uno de los mayores aciertos está en el uso de simbolismos. A lo largo de esta entrega destacan las referencias bíblicas y la constante presencia de caballos, que aparecen en múltiples escenas como símbolos de cambio, destino y transformación. Su recurrencia resulta especialmente llamativa al coincidir con el año del caballo en el horóscopo chino, lo que refuerza la idea de que los personajes están siendo impulsados hacia un destino inevitable.
Las referencias religiosas también ocupan un lugar central. Cuando Rue está a punto de colisionar contra un camión, se encuentra con un árbol en llamas que recuerda a la zarza ardiente de Moisés. Otro símbolo es el vestido inspirado en la Virgen de Guadalupe que lleva Maddy durante la escena de la muerte de Nate. Tradicionalmente, la Virgen es representada sobre una serpiente y Maddy permanece frente al ataúd de Nate, quien muere por la mordedura de ese reptil. Incluso la presencia de Rosalía en el elenco parece dialogar con esta estética, considerando las múltiples referencias bíblicas presentes en su último álbum, LUX.
Crítica social
La serie intenta construir una crítica social marcada por el pesimismo a través de estas imágenes religiosas, lo que sugiere que la salvación no existe. Esta idea alcanza su punto más claro en el desenlace de Rue. Al ser la última temporada de Euphoria, su muerte funciona como un cierre significativo, donde las decisiones que marcaron su vida terminan por destruirla, lo que refuerza una visión donde la redención nunca llega.
El precio de reinventarse
El final de Euphoria no es un completo desacierto y conserva destellos de aquello que la convirtió en un fenómeno televisivo. Pero, al desprenderse de gran parte de su identidad visual, de su equipo creativo y de las historias que dieron forma a sus personajes, la serie termina por transmitir una sensación de haber perdido parte de su esencia. Paradójicamente, en su intento por reinventarse, Euphoria deja atrás aquello que la hizo única. El resultado es una temporada ambiciosa en sus ideas y simbologías, pero incapaz de generar el mismo impacto emocional que alguna vez definió la serie. Más que una despedida a la altura de su legado, parece ser el recuerdo de una versión de sí misma que ya no existe.
Nota final: 4.0 / 7.0






