Son las 19.00 del 27 de julio y las puertas del Movistar Arena se abren. Al ingresar, se ve el escenario principal, que simula ser la parte trasera de un cuadro. Lleva la firma de Rosalía y el sello del LUX tour. En otro sector del recinto está el Stage B, donde se ubicará la orquesta. Por un momento, las lluvias y el frío que envuelven a la capital parecen haber ahuyentado al público.
Por Fernanda Hernández
Rosalía se presenta por sexta vez en Chile, deleitándonos con una propuesta que combina arte, música y espiritualidad. En cuatro fechas entrega una de las propuestas más ambiciosas y memorables de su carrera: el LUX Tour.
En un principio, el escenario queda a cargo de Amanda Naranjo. La pianista nos deleita interpretando algunas piezas clásicas, creando la atmósfera previa al plato principal de la noche. Aún el público no se hace notar, con el pasar de las horas, el Movistar comienza a llenarse poco a poco.
Acto I
Las luces bajan y los músicos de la orquesta entran al escenario, provocando la ovación del público. Se da inicio a lo que todos estábamos esperando: el revés del cuadro se abre y aparece una caja gigante que revela a Rosalía vestida como una bailarina de ballet.
El primer acto arranca al ritmo de “Sexo, Violencia y Llantas”. La cantante muestra su lado más sensible y espiritual, con singles como “Reliquia” y “Divinize”. En el escenario, las siluetas y formas juegan con el imaginario, marcado por las claras referencias al artista Edgar Degas.
Acto II
El telón se cierra ante un público expectante. Rosalía cambia de vestuario al ritmo de “Berghain”. Ahora viste un tocado de plumas negras como referencia a la figura del diablo en la obra “El Aquelarre” del pintor español Francisco de Goya.
Las luces, sombras y humo generan un cuadro en movimiento. Las proyecciones en pantalla son espectaculares y la interpretación de la española es emocionante, casi teatral. Continúa con un segmento para aquellos que recordamos con nostalgia la era Motomami. Con “SAOKO”, “LA FAMA” y “LA COMBI VERSACE”, el Movistar Arena se convierte en una pista de baile. El segundo acto finaliza regresando a la atmósfera de espiritualidad. De la mano de la canción inspirada en Santa Olga de Kiev, “De Madrugá”, Rosalía simboliza la transformación interior y la fuerza.
Acto III
El escenario principal vuelve a llenarse de humo y una melodía eriza la piel del público. Entre la neblina aparece la silueta de Rosalía interpretando “El Redentor”, sencillo de su álbum debut, Los Ángeles. Luego nos sorprende con un emotivo cover de “Can’t Take My Eyes Off You”, donde se posiciona en el interior de un cuadro e invita a algunos asistentes a subir al escenario para grabarla y contemplarla como si fuera la Mona Lisa de Da Vinci.
Este acto da paso al famoso “Confesionario”, dinámica que antecede a “La Perla”. En noches anteriores participaron Francisca Valenzuela y Romina Pistolas; esta vez es el turno de Katteyes. Resulta imposible no destacar la cercanía y complicidad que la cantante ha desarrollado con el público chileno. Mientras escuchaba la historia de la invitada, respondía utilizando modismos como “¡Qué weón!”, para finalmente dedicar la canción al “longi culiao, saco de weas, perla este”, desatando risas y ovaciones.
En “La Perla”, Rosalía se transforma en una auténtica escultura viviente, evocando con su vestuario a la Venus de Milo. El impecable trabajo de cámaras y la escenografía favorecen a quienes observamos el espectáculo desde mayor distancia, reforzando la idea de que ciertas obras de arte se comprenden mejor cuando se contemplan en perspectiva.
La cantante, a petición del público, interpreta a capella un fragmento de “CÓMO UN G”. Uno de los momentos más íntimos de la noche. De pronto, Rosalía baja al Stage B para cantar “Dios es un Stalker”, acercando el micrófono a algunos fans para que canten junto a ella.
Acto IV
En “Focu Ranni”, Rosalía ofrece otro impresionante espectáculo visual en el que interpreta a un ángel que, finalmente, desciende. “Magnolias” cierra la jornada con broche de oro, mientras su silueta se desvanece entre las luces del escenario.
Este es, fácilmente, uno de los mejores espectáculos de la década. Rosalía toma la religión como concepto central, no teme experimentar con su música y logra una propuesta artística tan ambiciosa como coherente que deja ver destellos de “EL MAL QUERER”. Cada detalle es cuidadosamente ejecutado: el escenario se transforma en una experiencia sensorial, un museo vivo, donde cada coreografía, vestuario e incluso el micrófono inspirado en el arquitecto español Antoni Gaudí son parte de una misma narrativa visual.
A esto se suma el extraordinario nivel de interpretación, tanto escénica como vocal, de Rosalía, quien solo con su rostro logra transmitir al público las emociones que describen sus canciones, incluso soltando algunas lágrimas.
LUX Tour en Chile: La religión como musa del arte






