Lucas Nervi, campeón panamericano: “Al estudiar o al tocar música, soy mejor deportista”

El campeón panamericano de lanzamiento de disco analiza su presente rumbo a Los Ángeles 2028. Hoy se divide entre la exigencia olímpica, un álbum de jazz a punto de ver la luz y una carrera de Ingeniería Civil que avanza a su propio ritmo.

Es una mañana helada en el café Ettiene de Escuela Militar. Son las 9.30, está nublado y el frío cala por los huesos. Lucas Nervi aparece a lo lejos. Se distingue fácilmente a la distancia: mide 1,88 metros. Llega con una sonrisa cálida en el rostro.

Tiene 25 años. Se convirtió en campeón panamericano de lanzamiento de disco tras su medalla de oro en Santiago 2023. Es uno de los nombres más importantes del atletismo chileno actual. Pero su historia no se explica solo en el deporte: también es estudiante de Ingeniería Civil en la Universidad Católica. Ha tenido que compatibilizar los entrenamientos con una carrera que avanza a otro ritmo. A esto se le suma su faceta como músico, en la que destaca el bajo como su instrumento principal. Confiesa que trabajó durante dos años en un álbum de jazz que pronto saldrá a la luz.

Su presente está dividido entre competencias internacionales, con una gira que lo llevará por América y Europa rumbo al ciclo olímpico de Los Ángeles 2028, la universidad y un proyecto musical que aún busca nombre definitivo, pero que ya tiene identidad: “Ensayo 6339”. El disco está inspirado en su marca panamericana y en la idea de que su vida, más que una serie de resultados, es un proceso constante de prueba, error y equilibrio entre todo lo que lo define.

Su vida universitaria también ha sido parte central de su historia. Proviene de una familia de médicos, pero hoy él y sus hermanos abrieron un camino distinto y le dieron forma a una nueva generación de ingenieros. Para Nervi, estudiar Ingeniería Civil ha implicado un recorrido más largo que el habitual: la carrera que normalmente toma cinco años, él proyecta terminarla en cerca de doce por la exigencia de su disciplina deportiva. Durante este proceso, reconoce que también hay errores, como el ramo de Química, que aprobó en su cuarto intento. 

—Se ve que has desarrollado distintas facetas en paralelo: el deporte, la ingeniería y la música. ¿Cómo tomaste la decisión de no dedicarte a una sola de ellas?

—Hoy lo veo todo desde un equilibrio, y también se ha dado de manera súper espontánea, porque desde chico estoy metido en la música y en el deporte. Es lo que he hecho siempre, y cuando dejo uno de lado, el resto de las actividades se perjudican. Me di cuenta de esto cuando me centré solo en una. Justo después de ganar los Juegos Panamericanos, tenía un 99% de chances de clasificar a los Juegos Olímpicos y dije: «Me voy a aislar en el deporte, solamente voy a hacer esto», algo que nunca había hecho. Dejé la universidad, dejé la música, dejé a mi gente cercana y llegaba a las competencias muy mal. Fue el semestre más duro que he tenido en mi vida. Ahí me di cuenta de que sí importa lo que pasa en mi vida para mi rendimiento deportivo. Al estudiar o al tocar música, soy mejor deportista. Al final, uno es persona antes que deportista. 

—¿Hay un área que te gustaría potenciar más que otra?

—La música. Hoy la tomo muy como descanso. Pero, por ejemplo, terminé de grabar hace poco mi primer álbum de jazz y no quiero salir a tocarlo en vivo todavía, porque sé que quiero estar mejor preparado. Sé que no es viable con las cosas que estoy haciendo ahora, así que prefiero darle el tiempo más adelante, cuando termine mi carrera deportiva o mi carrera universitaria. 

—¿Tocas algún otro género musical? 

—Sí, metal. La verdad es que me gusta de todo. De hecho, es chistoso, porque el jazz ni siquiera es lo que más escucho. Me gusta estudiarlo y entender cómo funciona, pero el metal me mueve mucho. Aunque, en realidad, cada género cumple un rol distinto dependiendo de lo que necesite. También me encanta la cumbia, el reggaetón, el funk, el reggae. Entre el jazz y el metal más pesado, escucho prácticamente de todo. 

—Has hablado del fracaso como una herramienta de aprendizaje. ¿Cuál ha sido el fracaso más importante que te ha ayudado a aprender?

—Mi mayor fracaso, de todas maneras, fue dejarme de lado en las cosas que me gustaban, en las cosas que eran importantes para mí y no verlas como parte de este equilibrio. Recuerdo que en 2024, después de ganar los Juegos Panamericanos y mientras intentaba clasificar a los Juegos Olímpicos, llegué a pensar: “Estoy dispuesto a sacrificar mi salud mental para llegar a los Juegos Olímpicos”. Lo más duro es que, incluso después de haber ganado los Panamericanos, aún sentía que no era suficiente. Pensaba: “Todavía soy una basura, porque hay gente que es mejor que yo y que ha ganado los Juegos Olímpicos”.

—Sobre tu vida universitaria, ¿por qué decidiste estudiar Ingeniería Civil?

—Me gusta mucho mi carrera y también la forma de pensar que te entrega la Ingeniería. Cuando estaba en tercero o cuarto medio, mis compañeros se reían de mí, porque yo hacía ensayos de la PSU en mi tiempo libre. No era porque estaba estudiando para la prueba, sino porque me entretenía hacerlos. Genuinamente me gusta mucho.

—Pasaste Química al cuarto intento. ¿Cómo fue eso?

—Sí. La cuarta es la vencida —dice con una sonrisa—. Cuando entré a la universidad, en pandemia, boté el ramo en marzo. Como los deportistas toman menos carga, averigüé cuál era el ramo que menos me atrasaba en la carrera y me dijeron que era Química. Después, pasé el resto de los ramos relativamente fácil, porque en la pandemia la dificultad tampoco era la misma. Ahora mirando para atrás, creo que me equivoqué. No esperé a ver cuál era la carga real del semestre, sino que simplemente lo boté.

—¿Cómo se vive la vida universitaria sabiendo que no te graduarás con la generación que entraste ni compartirás el proceso con el mismo grupo de amigos? 

—Mi paso por la universidad ha sido súper especial y distinto. No he tenido una vida universitaria social tan activa. Los amigos que me he hecho son amigos importantes en mi vida. Los veo frecuentemente, tenemos proyectos juntos, pero claro, nunca tuve ese carrete universitario. Conozco a mucha gente en la carrera y me llevo muy bien con la mayoría, pero no es esa conexión tan profunda que veo que tienen algunos compañeros con sus grupos de la universidad. Lo otro que sí puedo decir es que he recibido mucho cariño de parte de mis compañeros. 

—¿Te hubiera gustado tener esta cercanía que, si no hubieras sido deportista, se tiene generalmente? 

—Sí, de todas maneras. Yo soy una persona bastante social, entonces sí miraba a mis compañeros y decía: «Pucha, me habría gustado tener más espacio para vivir eso». Pero finalmente es parte de las decisiones que uno toma. Ni siquiera lo veo como un sacrificio. Cada vez que tengo la oportunidad de compartir con gente de la universidad la aprovecho y trato de generar esas amistades. 

—¿Cómo es un día típico de U para ti? 

—No hay día típico de universidad —se ríe—. Generalmente, preparo las evaluaciones desde mi casa y en verdad no estoy yendo tanto. Me gustaría ir a clases. Todos los principios de semestre digo que voy a ir, pero pasa la primera interrogación y eso deja de ocurrir. Hasta hace poco vivía la universidad desde la mirada del deportista, no desde la mirada del estudiante. Con esto me refiero a que yo armaba mi semestre y mi calendario sabiendo de antemano que iba a haber clases a las que no iba a poder ir por las competencias. Cuando había ramos que exigían presencialidad, mi reacción era: “No, yo no puedo ir, no puedo cambiar mi horario”. Después tuve reuniones con la Dirección de Pregrado y me preguntaron: “Ya, pero ¿hay algo que podrías hacer tú para tratar de ir a esas clases?”. Ahí me di cuenta de que llevaba semanas pensando en que era un problema, pero nunca había visto qué cosas podía cambiar yo. Creo que ahí fue la primera vez que empecé a ver la universidad como estudiante y no solo como deportista. 

—Sobre tu carrera deportiva, ¿qué cambió luego de Santiago 2023 en tu vida cotidiana?

—Fue loco. Ahí se me metió otra patita a la mesa, que es el tema de la exposición, de saber que la gente está pendiente de mi carrera deportiva. No es que antes no lo hubiera sentido, pero por ponerlo en números, antes de la competencia tenía 4.000 seguidores y el día después de los Juegos Panamericanos tenía 124.000. Cosas como ir a la universidad y que me pidan fotos, o estar en la calle y que la gente se acerque, es algo que se me metió dentro de la conciencia, a ratos para bien y a ratos para mal.

–Bueno, ya cuando pasen los años y veas esto desde atrás, ¿qué te gustaría haber aportado al deporte chileno?

–Una sonrisa y poder vivir el rigor que tiene el alto rendimiento, pero desde estar disfrutando. Me tocó estar con las dos visiones: la parte muy bonita del deporte y la parte muy fea. Finalmente, habiendo conocido esos dos espacios, me doy cuenta de que la mejor manera de vivir el deporte es estar compartiendo los valores, de estar disfrutando lo que estás haciendo. Entonces, yo creo que eso es lo que tengo para ofrecerle al deporte en Chile: el disfrutar.

Bonustrack – PUCli cuestionario

—¿Baño favorito?

—Los que están abajo del Luksic.

—¿Ramo favorito?

—Introducción a la Música, Ciencia y Tecnología.

—¿Ramo más temido?

—Química.

—Cosa que quieres hacer antes de egresar.

—Algún proyecto para llevar el deporte a las clases o incluir a los deportistas dentro de los estudios.

—OFG que recomiendas.

—Introducción a la Música, Ciencia y Tecnología, o cualquiera de música.

—Si fueras rector de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?

—Todos haciendo deporte y todos tocando un instrumento, igual como aprendí en la casa.

—Invéntate un ramo.

—Cómo vivir desde el equilibrio.

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Fernanda León
Fernanda León

Coordinadora de Deportes - El PUClítico Chile