A dos días de cumplir 39 años, el exalumno de Licenciatura en Matemáticas repasa el camino que lo llevó desde las salas de clase hasta los principales escenarios del país. Mientras se prepara para viajar a Concepción a presentar su nuevo show de stand-up “Armando Chistes”, aborda el fin anticipado de El Desestrece y una carrera que aún está lejos de terminar.
Entrevista por Sebastián Rozas.
Un joven Slimming de 18 años postuló a la Universidad Católica luego de dar la PSU. Le faltaron ocho puntos para su primera opción: Física. Luego de visitar una feria de admisión en el campus Casa Central, fue a un cyber cerca de su casa en La Florida para matricularse en su segunda opción: Licenciatura en Matemáticas. Luis se convirtió en el primero de su familia en entrar a la universidad. Años después iniciaría la carrera que lo llevaría a posicionarse como uno de los comediantes más reconocidos del país.
Luis Slimming (39), conductor de los pódcast El Sentido del Humor y Entre Broma y Broma, se volvió realmente conocido en el Festival del Huaso de Olmué y en el Festival de Viña del Mar. Slimming ya había estado en esos festivales como guionista para otros comediantes, como Edo Caroe. El 2024 fue su momento de brillar en la Quinta Vergara, se retiró con las gaviotas de oro y plata en mano.
Pero no todo han sido laureles para él. Hace tres meses trabajó frente a las cámaras con el estreno de El Desestrece, programa de humor que conducía junto a sus colegas Marcelo Valverde y Héctor Romero. El show nocturno de Canal 13 tuvo un cierre anticipado. Tras ocho episodios, llegó a su fin el 24 de mayo debido a no obtener el rating esperado.
El futuro de Slimming aún es incierto. Mientras sueña con hacer una serie, se prepara para tomar un vuelo a Concepción. A dos días de cumplir 39 años, viaja para presentar su nueva rutina de stand-up “Armando Chistes”. Recuerda sus años en la UC y un breve periodo en la docencia como parte de tierra fértil en la que, sin saberlo, sembró las semillas que lo harían florecer en la comedia.
–Cuando entraste a la UC, ¿cuál fue tu primera impresión?
–Puros cuicos. Me sentía como chancho en misa. Resulta que en mi facultad eran bien de todos lados, no era Ingeniería Comercial. Pero cuando llegué al campus, me sentía en una película, como en Hogwarts. Me acuerdo que un año nevó y cuando llegué en la mañana estaba todo blanco, era muy Hogwarts.
Ese campus “de película” era San Joaquín. Entre los árboles nevados y amplios patios, un joven de lentes empezaba su carrera universitaria. Cuenta que al principio fue duro convivir con personas que tenían una base académica distinta a la suya. Recuerda su primer encuentro con un compañero de carrera: “Él había estudiado cálculo integral y yo con raja conocía el cuadrado binomio”.
–Uno de tus primeros acercamientos hacia el humor fue en la universidad dibujando cómics para una revista. ¿Cuál era esa revista y cómo llegaste a ella?
–Era Vive la UC. Yo dibujaba chistes de actualidad como cómics y los subía a Facebook. Lo hacía en papel, le sacaba foto y lo escaneaba. Un compañero mío me dijo: ‘Oye podriai’ mandar los dibujos a esta revista’, entonces fui con mis dibujitos para allá. Quizás los dibujitos no les gustaron, pero sí me encontraron divertido y me ofrecieron escribir columnas y cosas chistosas para la revista.
–El mayor valor de esa experiencia fue conocer cabros que estudiaban Periodismo y pituteaban ahí. Pude codearme con compañeros que eran de otra facultad y hacían stand-up. Ellos me dijeron: ‘Oye, hay un micrófono abierto que lo hace la Jani Dueñas en el Cachafaz de Guardia Vieja, podrías ir’. Así entré al mundo del humor. Después fui a hacer show ahí y alguien de Coliseo Romano me vio, me llevó a la tele y así partió mi carrera de humorista.
–Trabajaste como guionista en televisión y para otros comediantes también. ¿Cómo te diste cuenta de que te gustaba escribir, siendo que tuviste una formación muy matemática?
–De hecho, mi escritura era muy mala. Lo que hacía era escribir cosas en Facebook y eso se popularizaba entre mis compañeros. Eran tonteritas, como: ‘¿Por qué me cae mal el weón que toca la guitarra en los carretes?’ y era medio monólogo. Llegué a la revista con estas cosas y por eso le gustaban más mis textos que mis dibujos. Me di cuenta que a la gente le gustaban porque se reían. Yo escribía con faltas de ortografía, no sabía ni poner coma, pero las cosas que escribía eran chistosas. Entonces eso me dio confianza. Sentí que me iba a ir mejor conversando que escribiendo. Podía hacerte reír sin que te fijaras en mi mala ortografía.
Así aprovechó los espacios que le brindaba la universidad para hacer crecer su faceta humorística. Luis estudió la carrera por ocho años. Un avance curricular lento lo hizo egresar después de muchos de sus compañeros. Aun así, nunca desistió de la carrera: “No quería dejarla tirada porque deseaba darle esa felicidad a mis papás”.
–El período que estuviste en la UC, ¿es una época que recuerdas con cariño o fue una etapa más?
–Como estuve hartos años, igual fue medio estar preso. Mis primeros años los recuerdo muy bonitos, de estudiar y conocer gente nueva. Después, en mi último año, lo único que quería era salir y ya no me gustaba tanto la matemática. En paralelo, empecé a ganar plata como guionista, entonces dije: ‘Igual puedo vivir de esto’.
–¿Cuál es la mejor anécdota de tu vida universitaria?
–Los bonitos recuerdos fueron las amistades que logré hacer. También participaba de repente en la Semana Matemática, el Día del Alumno, hacía stand-up para mis compañeros. Fueron las primeras veces que pude subirme a escenarios. Me acuerdo de una vez que me pifiaron porque los tontos weones del centro de alumnos pararon la música para que yo me subiera —comenta mientras ríe—. La gente ya está bailando, están todos curados y paran el carrete para que un weón cuente chistes, ¡NO! Ese fue un recuerdo muy amargo, pero al mismo tiempo me sirvió para aprender. Lección número uno: el humor va antes de la fiesta.
–Después de salir de la universidad, ejerciste un tiempo como profesor. ¿Cómo crees que se conecta la pedagogía con tu trabajo actual? ¿Qué herramientas te entregó?
–Yo era un profe de reemplazo, hice clases como tres, cuatro meses. La gente piensa que yo fui profe diez años cuando en realidad hice un posnatal. Como Sammis Reyes en la NFL, le saco todo el provecho a los 15 minutos que estuve ahí. Siento que yo siempre quise ser profe, cuando en realidad lo que yo quería era tener público, tener 40 personas atentas a lo que yo decía. Aparte de enseñarles, los hacía reír. Era un poco lo que hago ahora en los bares, pero ahí yo no sabía qué era esto lo que realmente quería. Descubrí que lo que más me gusta es tirar la talla y generar comunidad con la gente.
Ese deseo por hablar ante un público lo fue acercando cada vez más al stand-up. Sus ramas se extendieron hasta ocupar espacio tras bambalinas en programas de televisión para los que escribía guiones. Hasta que, este año, Slimming por fin pudo trabajar en frente de las cámaras.
–En abril de este año estrenaste el programa El Desestrece junto a varios de tus colegas, sin embargo, su término fue anticipado.
–La experiencia del programa fue media dulce y agraz, pero las partes dulces fueron muy dulces. Fue bacán poder trabajar con mis amigos en la tele, nos ayudó a tomarnos en serio, como ‘mira las cosas que podemos hacer si le ponemos dedicación’. Con las cosas que salieron mal hay una autocrítica, pero también creo que tiene que ver con que la industria de la tele es más o menos añeja y nosotros venimos con los ritmos del internet.
–¿Cómo evaluarías la televisión chilena actual tras esta experiencia?
–Me quedé con la sensación de que la tele sigue siendo la tele y quizás yo no estoy listo para ella. Para mí, la prioridad número uno es que el programa tiene que ser chistoso. Para la tele, siempre la prioridad va a ser que lo vea harta gente, que los auspiciadores estén contentos, que no se enoje nadie, y en el puesto número siete, que sea divertido.
El comediante reflexiona sobre su carrera y recuerda los momentos más altos, como su presentación en el Festival de Viña del Mar, y los no tan altos, como El Desestrece. Señala estar en constante aprendizaje y compara su trabajo con la vida estudiantil: “Hay ramos que te echái’, ramos que pasái’ y la carrera se termina cuando uno se muere, me imagino”. Todavía falta para que lo sembrado por Luis crezca en su totalidad, pero por ahora aprovecha los frutos que le ha dado.
–¿Qué sigue para Luis Slimming?
–Me gustaría participar en algo que sea muy amado por todos, como 31 Minutos o Los Simpson. Hacer algo que perdure, que las futuras generaciones disfruten y digan: ‘¿Quién participaba en eso? Mira, Luchito’. También seguir en lo que hago y envejecer bien, no convertirme en el viejo boomer; ojalá los jóvenes también se rían conmigo.
Bonus track — PUClicuestionario
—¿Baño favorito?
Los de Construcción Civil, famosos por ser muy bonitos.
—¿Ramo favorito?
Teoría de los Números.
—¿Ramo más temido?
Intro a la Programación; me lo eché como tres veces.
—¿Algo que te faltó hacer antes de egresar?
Pegarme un viaje a la playa con mis compañeros.
—Consejo para los estudiantes UC.
Les diría que la carrera universitaria ahora no tiene tanto peso como antes, que estudien lo que les gusta. Y conocer gente distinta es muy bonito, sacarle provecho a eso.
—Si fueras rector de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?
Renovar el baticristo, le cambiaría el look, un Jesús más buena onda.
—Invéntate un ramo.
El Humor en las Matemáticas.






