En 1992, un grupo de antiguos compañeros decidieron formar el Colectivo de Memoria UC, un espacio que busca promover la memoria histórica y la defensa de los Derechos Humanos. Luis Aguilar fue uno de aquellos alumnos que lo fundaron. Hoy, a 53 años del Golpe de Estado, Aguilar reflexiona sobre el rol de la organización y la importancia de preservar las historias de aquellos que ya no están.
Entrevista por Fernanda León, Macarena Sagredo y Violeta Edwards.
Un día como hoy, hace 53 años, comenzó un periodo que ensombrecería a todo Chile. Los fantasmas de aquella época quedaron atrapados en la memoria de quienes la vivieron y, para algunos, todavía recorren los pasillos, las salas y los rincones de los lugares que fueron testigos de esos días. El país se teñiría de una amarga injusticia y, con el paso del tiempo, quienes sobrevivieron cargarían con la tarea de recordar a aquellos que ya no están y que probablemente nunca volverán.
Luis Aguilar (71) es una de esas personas. Su historia también está marcada por la Universidad Católica (UC), institución a la que ingresó en 1976, cuando el país todavía estaba sumido en los primeros años de la dictadura. Además, Aguilar es uno de los fundadores del colectivo Memoria UC.
Cuando crearon el colectivo, pensaron que las acciones que tomaría la universidad serían distintas: “Creímos que tomarían la bandera de la memoria, del ‘nunca más’, y del reconocimiento de los excesos que se habían cometido”. Su principal objetivo era “generar conciencia dentro de los estudiantes sobre la importancia de la memoria”. Además, buscaban saber la verdad, saber qué pasó con sus compañeros, funcionarios y profesores que desaparecieron durante la dictadura.
—¿Cómo surgió la necesidad de organizarse para trabajar la memoria dentro de la UC?
—Básicamente, éramos un grupo de compañeros, la gran mayoría de Ingeniería. Algunos pudieron volver a Chile durante los años 90 y otros veníamos de estar siempre acá. Nos juntamos y pensamos que era bueno estar organizados para enfrentar lo que suponíamos que iba a ser un camino propio de la universidad de investigación: sobre lo que había pasado con sus profesores, sus alumnos y sus trabajadores durante la dictadura. Nos dimos cuenta de que esperar que la universidad hiciera algo no tenía mucho sentido, porque en ese momento estaba cerrando las puertas a cualquier iniciativa relacionada con la memoria o con investigar lo que había pasado. Por eso decidimos tratar de hacer cosas propias.
—¿La difusión del colectivo fue de boca a boca?
—Sí. No hicimos afiches ni publicaciones. Ahí nos dimos cuenta de que esto no era solo un problema de historia o de tener nombres, sino que había una relación muy directa con las familias de quienes fueron asesinados. También vimos que había poca o nula acción de la universidad para reconocer a quienes habían sido parte de su comunidad.
Aguilar reconoce que la universidad aún tiene cosas por hacer y que algunas son imposibles de lograr. Sin embargo, dice que la institución, desde la rectoría de Ignacio Sánchez, sí ha tenido un cambio sustancial. “Se abrió el debate de que sí existió una violación a los derechos humanos dentro de la universidad y que hubo más de 100 profesores exonerados por motivos políticos”, asegura.
Independiente de que haya un sector que, según Aguilar, niegue lo ocurrido en dictadura, distingue que la UC reconozca qué fue lo que pasó durante la dictadura militar: “Sí existen víctimas que eran parte de esta comunidad, y eso ha significado un cambio importante en el conocimiento de lo que pasó durante la dictadura”.
—¿Cuál fue el principal obstáculo que enfrentaron como colectivo al momento de hablar con las autoridades de la UC?
—Creo que el mayor obstáculo fue reconocer que sucedió algo, que fueron parte. Había una posición política de las autoridades anteriores a Ignacio Sánchez muy de acuerdo con todo lo que fue la dictadura. Hoy este tema lo hemos podido conversar con el actual rector y él entiende que esto sí sucedió y que las reparaciones son necesarias. La verdad es parte de lo que la universidad tiene que hacer, porque ocultar los hechos no hace que las heridas sanen ni previene que esto no vuelva a suceder.
Aguilar destaca los hitos en cuanto a reparaciones que se han dado al interior de la universidad, como el reconocimiento a los más de 100 exonerados de la dictadura en 2015 y, principalmente, el homenaje realizado en 2013, en el que se reconoció a los 31 estudiantes que fueron víctimas de la dictadura.
—¿Cómo fue la integración con los estudiantes?
—Considero que ha sido la parte más importante. Si bien somos parte de la universidad, nosotros partimos siendo un grupo externo. En general, excepto dos FEUC que hubo estos años, casi todas las directivas han sido conscientes de este problema y han participado activamente. Esto no es un tema de que sea de izquierda o de derecha. Hay Centros de Estudiantes gremialistas que han participado en esto y han sido parte de ponerlo en práctica. Es un tema que trasciende la ideología: es humano, de respeto a las víctimas y de reconocimiento a la historia.
—¿Cómo se transmite la memoria y cómo se logra mantener viva la historia?
—Eso es un tema complicado, porque la historia no siempre va a ser contada con la objetividad que merece. Hoy estamos en un momento en que hay gente que no solo quiere cambiar la historia, sino que puede estar tratando de negar lo que ha pasado. La memoria es un poco más que contar lo que pasó, es hacer parte de la gente el principio de que los hechos que sucedieron no pueden volver a suceder, que las causas que llevaron a esto no pueden volver a darse y que el no respeto al otro, independiente de las diferencias que tengamos, no puede ser algo que asole no solo a la comunidad universitaria, sino que al país.
—Muchas de las personas que hoy participan en estos colectivos no tienen una experiencia personal o familiar con la dictadura ni con alguna vulneración de derechos humanos. ¿Cómo se construye y se fortalece ese compromiso con la memoria en esos casos?
—Esto es algo que tiene que ver con la integración de la persona en la sociedad: no hay que tener una ideología política ni un parentesco con una víctima, hay que pensar en algo que es superior a la violencia personal, que es la relación entre las personas dentro de la sociedad.
Luis Aguilar no tiene ningún familiar que haya sido víctima de la dictadura. Sin embargo, fue testigo de compañeros que fueron detenidos por agentes de los servicios de la época en la sala de clases. Tener un vínculo con alguna víctima, dice Aguilar, no es necesario para formar parte de un colectivo que busca honrar la memoria de los detenidos, desaparecidos y asesinados de la dictadura.
Aguilar dice que lo más importante actualmente es “mantener el ritmo de discusión dentro de la universidad”. Sin embargo, le preocupa la evolución de la sociedad chilena, que, finalmente, define el camino que también tome la institución.
“Estamos en un momento de incógnita de cómo se van a desarrollar los próximos años. No solo por lo que pueda pasar en Chile, sino por cómo se están dando las cosas a nivel mundial”, señala el cofundador de Memoria UC.
El ingeniero que hace 36 años partió con el colectivo comprende que los tiempos han evolucionado y los jóvenes también. Señala que su visión inicial de la agrupación focalizada en la memoria se ha ampliado hacia el respeto de los Derechos Humanos y entiende que Memoria UC tiene un rol dentro de la universidad y, además, en la sociedad chilena.






