Aunque el Campus San Joaquín parece el mismo de siempre, este viernes 11 de septiembre se llenó de claveles, memoria y nueve paradas llenas de un silencio ensordecedor.
Por María Jesús Villalobos
Fotografías por Vicente Hernández
En lugares por los que miles de estudiantes cruzan todos los días sin detenerse, la romería, organizada por el Colectivo de Memoria y Derechos Humanos UC, recorrió los espacios que recuerdan a los detenidos desaparecidos, ejecutados, torturados políticos y víctimas de la dictadura cívico-militar que fueron parte de nuestra comunidad universitaria.

El recorrido inició en la entrada del campus, entre lienzos, pancartas y fotos de quienes conmemoramos. Se detuvo primero en las placas ubicadas en las facultades de Educación y Humanidades, donde se contó la historia detrás de cada nombre grabado para que quedara claro el fin del recorrido: homenajear las vidas perdidas.

En Enfermería, antes de llegar a la placa, la multitud bajó la voz. El grupo recuerda a Jenny Barra Rosales: su familia estaba ahí esa mañana. Recorrieron el edificio donde ella estudió y que lleva tatuado el nombre de la mujer que ellos tanto extrañan.

El ritual se repetía en cada parada: tras decir cada nombre tres veces, el grupo respondía al unísono:
«¡Ahora!: Y siempre. Verdad, justicia y reparación. Siempre”.

En el patio de Sociales el árbol de la memoria no necesita placa para decir algo. Sostiene hace casi dos años, de forma discreta, el recuerdo.
Alrededor, el patio funcionaba como cualquier otro día. Los alumnos comían en las bancas, y las conversaciones no tenían nada que ver con lo que pasaba a diez metros. Ese contraste, más que cualquier discurso, dejaba claro que hacer memoria no significa detener la vida alrededor, sino aprender a que ambas convivan.

A pasos del árbol, tres personas: Biedma, López y Ríos, le dan nombre a una sala de estudio. No es una placa que se mira de paso, es un espacio donde estudiantes pasan horas, muchas veces sin saber que están dentro de un acto de conmemoración permanente.
En la placa FEUC habló Luis Aguilar, cofundador del colectivo Memoria UC, y Martina Matus, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (FEUC), quienes enfatizaron en la responsabilidad vigente de respetar y preservar la memoria.
«La democracia es memoria colectiva. Justamente porque en este momento es cuando peligran los derechos humanos y la democracia. Los jóvenes no podemos olvidar que somos responsables de seguir desarrollando día a día el cuidado de la democracia y de los derechos humanos», dijo Martina Matus, presidenta de la FEUC.

Pero no todas las placas reciben el mismo cuidado. La de la facultad de Ingeniería Comercial recuerdan a un detenido desaparecido y a un ejecutado político, pero no tienen ni una sola línea de contexto. A pesar de todo lo que se ha avanzado estos años en esta materia dentro de la Universidad, aún falta algo.

El recorrido cerró en la Plazoleta por la Paz, dedicada a 31 compañeros víctimas de la dictadura. Ahí se leyeron más historias y varios estudiantes tomaron la palabra para contar sus propias historias: hijos, sobrinos, nietos de personas que vivieron en carne propia los horrores de la dictadura.
Cerca de las 14.00 horas, el campus retomó su ritmo habitual. Alguien pasa caminando al lado de una placa que hace tres horas tenía personas recordando a su alrededor. Los claveles se quedan ahí, hasta que el tiempo se los lleve.







