En relación a la reciente carta de una CT de Humanidades publicada en este medio, me parece necesario afirmar que cae en serios errores e impropiedades para defender una postura que derechamente va en contra del magisterio moral de la Iglesia y de lo sostenido en repetidas ocasiones por la Congregación para la Doctrina de la Fe. No es compatible el ser católico y defender el aborto, porque la biología humana y la ciencia nos enseñan que desde el momento de la concepción, es decir desde la unión de los gametos masculino y femenino, existe vida humana en el vientre materno, que contiene un ADN o carga genética que la persona conservará durante todo el resto de su existencia y que le permitirá desarrollarse progresivamente. Como católicos sabemos que el mandamiento de “no matarás” tiene frente a los nuevos dilemas éticos que plantea la modernidad, una especial actualidad en relación al aborto, imponiéndonos el deber estricto e irrenunciable de no atentar contra la vida de un inocente, por mucho que existan otros intereses legítimos de por medio.  

Los que defendemos la vida no buscamos el castigo y la impiedad para con las mujeres en situación de aborto, como capciosamente se sostiene en la carta que critico, sino que de salvar ambas vidas, tanto la de la madre como la del hijo. El estado debiera poner el énfasis en hacerse cargo de las mujeres con embarazos vulnerables, y no de estar gastando recursos en asegurar la prestación de aborto en todos los hospitales del país. Por ello mismo rescato en esto lo que señala la carta cuando se refiere a las salidas alternativas, y en ese sentido veo necesario que se fortalezcan los programas de acompañamiento e incluso las fundaciones de infancia para acoger a aquellas mujeres, y de esa manera ir disminuyendo los abortos clandestinos.   

En lo concerniente con la referencia bíblica de la carta, se puede decir que claro está que Jesús trae misericordia y comprensión, pero también palabras de verdad. Nos exhortó en que “no creías que he venido a abolir la ley y los profetas: no he venido a abolirlos sino a darles plenitud” (Mt 5, 17.37). Dios quiere misericordia, pero también nos habla con la verdad, y nos advierte de aquellas acciones que vienen a destruir nuestra paz e interioridad. Es propio de la caridad cristiana denunciar aquello que está mal y las falsedades que se promuevan, y por ello si se defiende la vida, es también por una profunda caridad y amor al prójimo, no por querer estar apuntando con el dedo a los que hicieron mal. 

En relación a la cita bíblica del pasaje de la Virgen María, cabe hacer notar que en las palabras de nuestra Madre la Iglesia no busca resaltar su autonomía de la voluntad, sino que se realza la aceptación que tuvo ella a los planes de Dios, como algo concordante en grado sumo con el fin último del ser humano, que es amar a Dios y al prójimo sobre todas las cosas. 

Por otro lado, un concepto de feminismo, que promueve el aborto, la lucha entre hombre y mujeres, la renuncia a la feminidad como atributo distinto de la masculinidad y que hace diferentes y complementarios a ambos sexos, que promociona una sexualidad apartada de sus fines naturales y solo enfocada en el placer, entre otras cosas, tampoco es compatible con la religión católica. Lo siento con esto el tener que arruinar la fantasía conciliativa en el que estaban algunos, pero es lo que siempre ha defendido la Iglesia a través de su tradición, evangelio y doctrina a través de los siglos. 

Por último, preciso es afirmar que estoy de acuerdo con la suscriptora de la carta que analizo, en que es necesario tener compresión con el dolor ajeno y con las mujeres en embarazos vulnerables, y en consecuencia, creo que la defensa de la vida no solo debe quedarse en unos cuantos postulados sino que debe ser integral, promover el acompañamiento de estas mujeres y hacernos cargos como sociedad de su situación, instalando políticas públicas pro familia y que ofrezcan verdaderas alternativas frente al aborto. La solución no es acabar con otra vida, no es aquello un derecho reproductivo que libere a la mujer del “patriarcado”, sino que verán aquellas mujeres víctimas de esta propaganda abortista, que el aborto en realidad una vez que se realiza solo trae tristeza y desconsuelo, y que la solución no estaba por ahí, sino que en salvar ambas vidas. 

Joaquín Vidal, alumno 5to año Derecho UC.

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