Ellos no traen mirra, oro ni incienso. Llevan madera, metal y pintura. Son los encargados del taller del campus Lo Contador y con sus herramientas guían a los estudiantes a convertir sus ideas en realidad.
Con el cielo completamente despejado, la luz natural entra por los grandes ventanales del taller. “Aquí parece acuario con los vidrios”, dice Juan Carlos. Los tres funcionarios que trabajan en el lugar son del signo zodiacal Acuario. A la espera de que inicie el primer bloque de la jornada, conversan con El PUClítico sobre su experiencia como funcionarios que instruyen a los estudiantes de Diseño y Arquitectura en el Campus Lo Contador.
Por su gran sentido del humor, se autodenominan “los tres chiflados”. Se encargan de mantener las maquinarias, velar por la seguridad y, sobre todo, de acompañar a los alumnos.
Ramiro Agustín Mercado (56) fue el primero en llegar a la UC. Lleva más de 27 años en la institución y 25 en el taller. Es el encargado del lugar y abre las puertas de este espacio. Pedro Luis Miller (51) se sumó hace 18 años. Es el encargado de mantener el taller con insumos y de la mantención de las máquinas. A veces fabrica algunas. En 2014 llegó el tercer jinete, Juan Carlos Allende (45), el encargado del pañol. Con sus múltiples habilidades motrices, Allende aporta las carcajadas y la asistencia técnica.
El taller cuenta con tres secciones: la sala principal, el patio y el pañol. En la primera están la mayoría de las máquinas y tres mesones de trabajo; en la segunda se trabaja el concreto y el cemento; y en la última se entregan las herramientas.
La oficina de Agustín rebosa de figuras de madera. Incluyen un gallo, una cabra y un perro, que, según él, representan a cada funcionario. El escritorio de Juan Carlos destaca por un mural con tarjetas de cartulina con mensajes de apoyo que escribe a mano y entrega a los estudiantes como un detalle. El lugar de trabajo de Pedro se encuentra en una pequeña sala blanca llena de cartones. El olor del taller, dice Agustín, es “80% aserrín y 20% soldadura”.
Agustín llega a las 7.15 de la mañana. Es el primero en llegar. Se toma un café y revisa que las máquinas estén en buen estado. En caso de que haya un problema, se lo informa a Pedro, que llega a las 8. Él prefiere tomar té o alguna hierba para dejar todo afinado antes de abrir el taller. Juan Carlos tiene otros trabajos, por lo que llega a la hora que quiere. Se encarga de entregar las herramientas y asistir a los alumnos.
—¿Cómo llegaron a trabajar al taller de herramientas?
—Agustín: Empecé a trabajar en la universidad hace casi tres décadas, pero no en el taller, sino en el jardín infantil como estafeta.
—Pedro: Llegué por un error. Ocurrió cuando Fanaloza, la empresa donde trabajaba, cerró. Empecé a buscar trabajo y mi cuñado vio el puesto libre en la UC, que decía “laboratorio”, Él me postuló de ingeniero mecánico para mantención. Pensé que el trabajo sería para reparar equipo médico, pero cuando llegué me di cuenta que eran todas máquinas de taller. “Bueno, me quedaré para probar”, pensé. Y aquí me ven, 18 años después probando esta cosa, a ver si nos convencemos.
—Juan Carlos: Todo partió porque los chiquillos necesitaban ayuda, especialmente porque en época de exámenes el taller rebalsa de estudiantes. Me pidieron ayuda para dar una clase de soldadura, y como salió bien, me preguntaron qué sabía hacer aparte de manejar el bus, que era mi pega en ese momento. Ahí tiré todo mi currículum y quedé aquí. Aún manejo los buses de la universidad y soy asistente del decanato en paralelo.
—¿Cómo es trabajar los tres juntos?
—Pedro: Penas no pasamos con Juan Carlos, porque, como siempre anda peluseando, tenemos harto para reírnos. Agustín de a poco se ajustó. Primero teníamos una realidad totalmente distinta: él estaba acostumbrado a trabajar en la universidad. Tiene un ritmo distinto a la fábrica que es de donde yo venía.
Agustín coincide que el más risueño de los tres es Juan Carlos. A pesar de sus personalidades diferentes y de venir de ritmos laborales tan distintos, los tres han logrado consolidar una dinámica basada en un profundo respeto, comunicación y compañerismo: la estricta seriedad técnica de Pedro, la vocación más estructurada de Agustín y la energía inagotable que aporta Juan Carlos.
—¿Qué carrera prefieren: Arquitectura o Diseño?
—Pedro: Lo he dicho toda la vida: Diseño.
—Juan Carlos: No tengo preferencia, me gusta compartir con todo el mundo. Al final, somos todos diseñadores de vida. Arquitectura también depende de cómo te enseñen, pero me gustaría estudiar cualquiera. Todas las micros me sirven.
—Agustín: Ingeniería, porque en Diseño están demasiado motivados con que sea lindo, pero no funcional. Toda mi carrera está orientada al área técnica. De ahí conversamos si es bonito o feo. Si no funciona, un uno. En general, las dos me gustan, pero me gusta mucho más la arquitectura.
—¿Tienen una herramienta favorita?
—Pedro: La fresadora de mano, uno puede hacer millones de cosas. Y la navaja suiza, siempre ando con una navaja suiza.
—Agustín: La ingleteadora y la sierra de mesa.
—Juan Carlos: En este momento, el taladro inalámbrico es una herramienta que pasa a ser casi multipropósito. Con un taladro haces mucha pega. Yo tendría que haber sido Juan Carlos Taladro, no Juan Carlos Bodoque, Juan Carlos Taladro.
—¿Cuál ha sido la situación más crítica que han vivido en el taller?
—Pedro: Una niña tuvo una fractura expuesta. Se fracturó el dedo.
Pedro relata que el accidente fue casi chistoso. Le ayudaba a una alumna a realizar cortes a una pieza de madera en la sierra de mesa. Le explicó los pasos uno por uno: “Tomas el palo, empujas la pieza y cortas. Apagas la máquina, se detiene, levantamos, sacamos el pedacito y cortamos otra pieza”. Según menciona, no alcanzaron a pasar ni cinco segundos cuando la estudiante vuelve gritando: “¡Pedro, Pedro, Pedro!, es que me corté”. Al revisar la herida, Pedro vio que tenía una fractura provocada por el impacto de un trozo de madera al no apagar la máquina antes de retirarlo.
Los funcionarios son la primera línea de acción ante posibles accidentes. Como bromean entre ellos, no son solo “una cara bonita”, sino que también cuentan con preparación de primeros auxilios. Pedro volvió a encajar el dedo de la estudiante y posteriormente fue enviada a un centro médico para su recuperación.
—¿Alguna situación chistosa que hayan vivido en el taller?
—Agustín: En una ocasión tuve licencia por cinco días porque estaba enfermo.
Agustín recuerda que el día que volvió al trabajo, llegó esperando encontrarse con sus compañeros. En su lugar, lo primero que encontró al entrar a su oficina fue un ataúd; lo había construido él mismo para un encargo anterior, que estaba guardado. A su lado había dos papeles que acompañaban la urna. Decían: “Pitito se escapó y está en Estados Unidos. Está enfermo, está con licencia”. Con extrañeza, Agustín abrió el ataúd para encontrar en su interior una foto suya y un sombrero; una bienvenida imposible de olvidar. “Esos son mis compañeros, en vez de preocuparse si sigo enfermo, se preocupan de mover un ataúd para una broma”, relata Agustín.
—¿Cómo es su relación con los estudiantes?, ¿sienten el cariño de los alumnos?
—Pedro: Yo creo que es buena. Uno no es monedita de oro para caerle bien a todos, es imposible. Pero diré que con el 99% me llevo muy bien.
—Agustín: Cuando entran los alumnos por primera vez, no sé por qué me tienen miedo. No sé si es miedo o respeto. Será por mi cara o porque hablo fuerte. Después ellos me van conociendo y me dicen: “Sí, Agustín, tú tienes razón, hay que conocerte para no tenerte miedo”. Yo prefiero que el taller esté con alumnos, así el día se pasa rápido.
—Juan Carlos: Yo he sido hasta psicólogo de los alumnos sin quererlo. Sí se siente el cariño. A veces vienen aquí a tomarse un té o alumnos que egresan y te vienen a ver porque te echan de menos.
Agustín recuerda una situación fuera del acuario. En una ceremonia de titulación, estudiantes de Diseño se pararon a cantar en su honor “ídolo, ídolo” y “porque es un buen compañero”. Confiesa que, por la emoción que le causó este gesto, tuvo que retirarse del evento.
Bonus track – Puclicuestionario
—¿Baño favorito?
—Pedro: El que esté abierto. Me gusta más el de Diseño.
—Agustín: Aquí nosotros no tenemos baño. El de Diseño.
—¿Lugar favorito del campus?
—Pedro: Donde están los árboles, los parques, el pasto.
—Agustín: Los pastitos.
—¿Colega favorito?
—Pedro: Juan Carlos.
—Agustín: Pedro.
—Cosa que quiere hacer antes de dejar la UC.
—Pedro: Prenderle fuego, no sé. Tal vez me gustaría hacer un workshop de práctica o un curso de taller aplicado.
—Agustín: Hacerle algo a un jefe o a algún compañero. Yo sé que me tengo que ir primero.
—Consejo para los jóvenes.
—Pedro: Aprovechen de estudiar ahora que están jóvenes (…) Busquen el equilibrio espiritual como dice Freddy Turbina.
—Agustín: Cuando entren al taller no tengan miedo. Nadie nació sabiendo, todos aprenden en el camino. Hoy por ti y mañana por mí.
—Si fueras rector de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?
—Pedro: Subir el sueldo a los del taller.
—Agustín: Velar por el personal (…) Sin los trabajadores la universidad no funciona.
—Invente un cargo o área que debería existir en la UC
—Pedro: Departamento de Recreación. Que una vez cada tres o cuatro meses los funcionarios hagan un paseo, no sé, a la Quinta Normal, una pichanga, una completada.
—Agustín: Inspectores viendo el campus, en caso de un robo o accidente.
Juan Carlos no pudo participar del Puclicuestionario por licencia médica.






