XCLNT en el Municipal: como si fuera la primera vez 

Son las ocho de la tarde en las afueras de un concierto que empieza a las ocho. Afuera del Teatro Municipal se forman tres filas distintas. Nadie sabe cuál le corresponde. No hay caos. Saben que eventualmente entrarán y el show recompensará.  

Crónica por Carla García, gráficas por Renato Zárate.

No es la primera vez que Los Tres se presentan en el recinto, pero hay algo distinto esta noche, una sensación que se percibe antes de que suene la primera nota: el Municipal no fue construido para el rock. Sus paredes de dorado y terciopelo fueron levantadas para la ópera y el ballet.  

Los cuatro suben al escenario y abren con «Cantar y amar», el primer corte de XCLNT. El teatro lo absorbe todo: las luces rojas, la distorsión, la vibración del bajo. Se transforma en algo que se parece mucho a la reverencia. El teatro está en metamorfosis y el público también. La noche empieza.  

La tensión natural de escuchar un disco nuevo en vivo es una negociación entre lo familiar y desconocido: mientras algunos corean, otros lo intentan. Hay un esfuerzo por seguir palabras que todavía no han envejecido. Es un show de lanzamiento, XCLNT de principio a fin. Y Los Tres suenan impecables: pese a años de carrera, tocan como si cada canción fuera un territorio que aún están explorando. 

Los Tres es una banda, aún. No son un artificio de nostalgia. A palabras de Álvaro Henríquez, vocalista de Los Tres, XCLNT no pretende ser vanguardista ni pretencioso, son canciones. Y esta noche, en el Teatro Municipal, son escuchados como siempre quisieron ser escuchados. En el transcurso de las canciones pocos graban. Hay una decisión tácita y colectiva. Todos miran y escuchan. Están ahí, presentes. 

Adelante hay un papá con su hija pequeña. El papá canta con entusiasmo. La niña no mira el escenario, mira a su papá.  

Terminan la primera parte del show con “Que vuele”, el último tema del álbum. “Ese ha sido el disco excelente. Ahora volvemos en unos minutos con los temas que si se saben”, dice, irónico, Henríquez.  

El Municipal espera.  

Luego de 15 minutos vuelven con “Gato por liebre”. Del público se escucha: “Empezó lo bueno”. Ahora hay una energía distinta. El público canta con una sensación de nostalgia. Desde los primeros acordes el teatro dejó de ser un recinto de escucha atenta y se convirtió en algo más parecido a un reencuentro. El público de pronto sabía cada palabra. Las había sabido siempre. 

«Hojas de té», «Un amor violento», «He barrido el sol», son canciones que viven desde hace décadas en el inconsciente de la gente. El Municipal las recibió con la sorpresa de quien sabe que algo es bueno, pero igual se emociona cuando llega. Como si fuera la primera vez.  

«La espada & la pared» cerró con un fragmento de «Tren al Sur». La banda ya ha implantado en varios conciertos como un homenaje a Jorge González. «Tu cariño se me va», el tema final, se siente como un regaloinevitable: una canción que le perteneció a Buddy Richard, pero que, con los años, termino perteneciéndole a Chile.  

Adentro, por un par de horas, la ciudad había sido otra. El frío se olvidó. 

En los pocos segundos de silencio entre canciones alguien grita: “Los Tres, la mejor banda de Latinoamérica”. Todos aplauden al unísono. Nadie le discute.  

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