Disfruta lo votado

Una de las costumbres de Chile es quejarse del gobierno. Solo basta con abrir cualquier iteración de la encuesta Cadem de los últimos diez años para ver que, con cortas excepciones, la gran mayoría de los chilenos no está satisfecho con el desempeño de sus gobernantes. Siempre tenemos problemas que son culpa del presidente de turno. Antes Piñera, luego Boric, hoy Kast, y mañana será otro. Las razones detrás del descontento son bastante recurrentes: no son suficientemente competentes, no son suficientemente honestos, no tienen las prioridades correctas y otras similares. 

Si un observador externo, sin previo conocimiento, observara esta situación, probablemente empatizaría con los chilenos. ¡Vaya frustración tener tan malos presidentes! Si solo le diéramos una chance de elegir sus gobiernos y su congreso, podrían implementar la visión de país de la cual están tan convencidos. Lo que este observador no sabría es que hace casi 40 años que los gobiernos y congresos sí los elegimos nosotros. Lo que pasa —le explicaría yo— es que los elegimos en noviembre, pero en junio ya cambiamos de opinión. 

Kast no recibió el voto de todos nosotros, no, pero nadie podría decir que como país no teníamos alternativas. Entre las primarias y la primera vuelta presidencial, once candidaturas aparecieron en la papeleta. ¿Por quién votaron nuestros compatriotas? Lo esperable es que —dada la frustración presente y pasada con gobiernos supuestamente incompetentes, “sobreideologizados” o deshonestos— los chilenos fueran consistentes con su palabra y tajantemente rechacen tales candidaturas. 

Por supuesto que no. Al final de cuentas, ¿por qué tendríamos que estar de acuerdo con nosotros mismos? El 57% votó por Kast, Kaiser o Parisi, candidatos que encarnan exactamente los atributos que hoy parece que el país completo tanto odia. 

La situación resulta un tanto paradójica. Al parecer, no soportamos cuando los presidentes vienen a imponer una agenda cultural propia, ni cuando se rodean de gente incompetente, ni cuando llegan al gobierno sin un plan claro para enfrentar los problemas que prometieron solucionar, pero no podemos resistir el impulso de votar por candidatos que son exactamente eso. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que los gobiernos no caen del cielo, sino que son un reflejo de nosotros mismos? 

Hoy, muchos votantes de Kast dicen estar arrepentidos. No están de acuerdo con que el recorte fiscal afecte derechos sociales, alegan. ¿Y las veces que se repitió hasta el cansancio que el recorte prometido por el candidato Kast era imposible sin tocar derechos sociales? Ah, es que no pensaron que fuera cierto. No están de acuerdo con que no haya un plan detallado de seguridad pública. ¿Y todas las veces que el candidato Kast se negó a explicar cómo solucionaría el problema de la inseguridad pública, dejando en evidencia que no existía un plan? Ah, es que no pensaron que fuera cierto. No están de acuerdo con que no se haya expulsado a los inmigrantes ilegales al inicio del gobierno. ¿Y todas las veces que se le dijo al candidato Kast que era imposible hacerlo? Ah, es que no pensaron que fuera cierto.

El voto tiene consecuencias. Si votaste por Kast y no estás arrepentido, me alegra que tu visión para el país se esté materializando de manera democrática y legítima. Si no votaste por Kast, tienes todo el derecho a oponerte a través de los mecanismos de la democracia y proponer una mejor alternativa al país en las próximas elecciones. Si votaste por Kast y estás arrepentido, piénsalo dos veces antes de sufragar en 2029. Mientras tanto, disfruta lo votado.

Nicolás Malfetano

Estudiante de Ingeniería Comercial

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