A partir de lo ocurrido el pasado 1 de octubre han nacido miles de comentarios, lamentablemente muchos de estos incitando al odio, al punto de llegar a las amenazas de muerte, y todo esto por simplemente tener un pensamiento distinto al de los demás.
He visto comentarios que mencionan que, tanto el Movimiento Gremial como Solidaridad, al realizar una movilización pacífica en contra de la paralización en la universidad, no respetaron el resultado de la votación realizada por la FEUC para decidir si adherirse o no a la movilización organizada por la Confech. Pero estos movimientos jamás impidieron el paso ni la realización de esta movilización, tal y como se puede ver en todas las fotos y videos que han aparecido en los distintos medios de comunicación. Los dos movimientos mencionados realizaron su propia manifestación en las puertas de Casa Central. Por lo tanto, la movilización y la libre expresión jamás fueron impedidas.
La idea de expresarse en contra de la paralización y de la marcha llamada por la Confech es por la violencia y destrucción que hay en estas mismas. Si reflexionamos, ninguno de los dos movimientos está en contra de las movilizaciones (por lo mismo realizaron su propia movilización), pero sí están en contra de la violencia y destrucción, y estas bajo ningún motivo se justifican.
Cuando se culpa a la FEUC por adherirse al paro y se exige salirse de la Confech, no es un ataque hacia la democracia ni hacia lo que eligió el estudiantado, es una crítica a la nula responsabilidad que ha tomado la FEUC frente a los actos de violencia y destrucción que no solo se presentaron en esta última marcha, sino que en todas las que la Confech convoca. Al momento de unirnos a estas movilizaciones aceptamos todo lo que esta conlleva, lo que significa aceptar la violencia que hay en ella. Y esto es totalmente inaceptable.
La idea de una entidad que une a los estudiantes del país con el objetivo de construir una comunidad mejor para cada estudiante es increíble. Ese objetivo es de aplaudir. El problema es que esta entidad, la Confech, no ha cumplido este objetivo. En los últimos años lo único que ha logrado es separarnos cada vez más y formar una comunidad estudiantil completamente polarizada.
Una mejor solicitud a la FEUC sería exigirle a la Confech la pacificidad en las movilizaciones y la representación de todo tipo de estudiantes, sin importar su pensamiento. Pero como se ha visto, este último ente tiene cero tolerancia con quienes no piensan como ellos, y frente a los problemas que se ven hoy en día en Chile, más que tratar de solucionarlos, los agravan mediante la violencia. Es por eso que, frente a la nula recepción de ideas distintas a las propias por parte de la Confech, lo único que queda es separarse de esta.
Las movilizaciones son sumamente importantes para mostrar no solo lo que la gente piensa, sino también lo que necesita. Pero cuando frente a la injusticia se responde con violencia, lamentablemente estamos dando la causa por perdida.
Como estudiantes, no solo de la UC, sino que de todo Chile, es válido que nos separen los distintos tipos de pensamientos. No podemos pretender que todos tengamos la misma ideología, pero lo que no podemos permitir es que la violencia y el odio nos separen. El servicio al prójimo y la búsqueda de un mejor Chile nos deben unir, y unidos debemos dar fin a la polarización que hoy habita en las calles de nuestro país.
Amaro González Díaz
Estudiante de Ingeniería Comercial




