La estudiante UC llegó a Chile desde Puerto Príncipe siendo apenas una niña y hoy pasa sus días en el campus San Joaquín. Reflexiona sobre las barreras culturales, la contraposición de estas y cómo el vivir lejos de su país de origen le ha permitido reconectarse y redescubrir sus propias raíces caribeñas desde la capital chilena.
Por Macarena Sagredo y Margarita Tello
Gemima Emile (19) tiene diez años cuando su madre deja Haití de forma inesperada. Viven en Puerto Príncipe, la capital haitiana, cuando le dice que deben irse del país. Con maleta en mano, su madre emprende sola el camino a Chile y la deja al cuidado de sus tíos.
No es hasta un año después, a finales de 2017, que Gemima aborda un avión para emprender un agotador recorrido de doce horas para reunirse con su madre. Recuerda la confusión al cruzar las puertas del aeropuerto y no entender el idioma en que le hablan, ni tampoco el intenso frío que la recibió a pesar de viajar en diciembre. Vestía un polerón delgado y jeans pensados para el clima caribeño de Haití. “Allá, esté soleado o llueva, siempre hace calor”, afirma.
Gemima, aún aturdida por el largo viaje, ve a lo lejos a su madre. En ese momento suelta su equipaje y corre hacia ella. Ambas se encuentran en un abrazo que marca el fin de una etapa de escuchar sus voces por el teléfono.
Se asientan en Paine, donde su madre trabaja en el fundo donde se instalan para vivir. Esto provoca que, en su día a día, las interacciones sociales que tiene se reduzcan a quienes viven alrededor: “Me permitió adaptarme a mi ritmo porque no tenía que involucrarme con mucha gente a la vez”.
Hoy, Gemima va en primer año de Enfermería en la Universidad Católica. Reconoce que el mayor desafío que enfrentó al relacionarse con otros es el idioma, que debió aprender desde cero. También recuerda que empezó a manejarse con el español después de seis meses de estar en el colegio, pero le tomó dos años poder considerarse fluida en el idioma. “Como era chica, fue más fácil aprender la lengua, pero creo que uno nunca termina de entender absolutamente todo, como los modismos”, dice.
—¿Por qué decidiste estudiar enfermería?
—Siempre me llamaron la atención las áreas de la salud, porque de chiquita fui superenfermiza. Me lo pasaba en los hospitales y, al ver a las enfermeras y los doctores, pensaba en que yo también quería poder ayudar a que las personas se sientan mejor.
—¿Consideras que tus raíces haitianas influencian tu perspectiva sobre la carrera?
—Al ser de dos culturas, veo a las personas con otra dimensión. Creo que al atender a un paciente, no solo le puedo dar los cuidados estandarizados —reflexiona con una sonrisa— sino que también puedo ver sus propias creencias. Aprendí a no basarme en prejuicios ni juzgar las creencias ajenas, sino que intentar entenderlas.
Gemima se toma un momento para explicar que en Haití hay muchas creencias, como la brujería o los chamanes, que en Chile se pueden considerar como supersticiones. “Si alguien cree que algo raro los ayuda, voy a hacer lo posible para cumplirlo”, sostiene.
—¿Por qué decidiste postular a Enfermería por Vía Intercultural?
—La verdad, viendo los puntajes, esa vía me ayudaba bastante. Sabía que tenía ciertas desventajas al postular y esta vía ayuda a reconocer personas que tienen otros talentos o habilidades. Así que aproveché y postulé bastante temprano. Cuando mis compañeros estaban inscribiéndose a la PAES, yo ya estaba entrando a la UC por interculturalidad.
—¿A qué te refieres con que tenías “desventajas” al postular?
—¡Comprensión lectora! No es que sea mala leyendo o que no sepa español. Aun así, sentía que la lectura podría llegar a afectarme en algún punto, confundirme con palabras o con ciertos modismos. Ya en la universidad creo que me he nivelado bastante bien, pero definitivamente fue un miedo antes.
—¿Cuántas personas entraron a la carrera por esa vía contigo?
—Creo que en la facultad soy la única persona haitiana. Por suerte, no he enfrentado ningún prejuicio o algo así. La gente es bastante madura y normal.
—En tus años como embajadora cultural y ahora como estudiante, ¿por qué es importante fomentar la diversidad cultural?
—Suena obvio, pero ayuda a conocer las culturas de los otros. Se eliminan ciertos prejuicios que podemos tener hacia otras personas. Al estudiar, a mí me gustaría saber cómo son las tradiciones de mi compañero, si es chino, colombiano o venezolano. Creo que mis compañeros también podrían querer conocer más de mi cultura, mis tradiciones y de mi identidad haitiana.
—¿Sientes que la universidad potencia la diversidad cultural?
—La verdad es que sí. Este mes me invitaron a participar a una feria cultural a exponer sobre Haití. Siempre están mencionando a los demás países, las cosas que tienen. No es que siempre están referenciando a todas las culturas, pero siento que lo hacen cada vez que pueden.
—Aun así, estamos en octubre, el mes donde se conmemora la interculturalidad y la inclusión. ¿La universidad ha potenciado esto en un mes que no haya sido octubre?
—Yo solo he estado aquí este año, soy novata. Pero en lo que yo he visto, no.
—¿Cómo fue adaptarse a una cultura nueva?
—No fue complejo, pero definitivamente fue algo nuevo. Las personas son muy diferentes en Haití. Por ejemplo, allá no se marca tanto el espacio personal, somos más de tacto, de saludar con beso y abrazo.
—¿Qué otros shocks culturales experimentaste?
—Aparte del idioma, creo que lo que más me afectó fue que acá es señal de respeto mirar a alguien a los ojos cuando habla. ¡Y en Haití no! Cuando uno habla con alguien mayor, debe ser mirando hacia abajo o al lado; si no, se considera irrespetuoso. Cuando llegué, hablaba con personas mayores y me corregían todo el tiempo.
—¿Hay algo que te gustaría que los chilenos supieran de la cultura haitiana?
–Nuestras tradiciones. Tenemos un montón de bailes, como el mambo y el tambor, o nuestra comida. Pero en general creo que lo más importante es la curiosidad. A mí también me gustaría saber cómo las otras personas hacen su día a día con su cultura. Creo que debería ser recíproco.
—¿Hay algo que te haya cansado que los chilenos te pregunten?
—Cuando traigo trenzas, me preguntan si es que me las quita para lavarme el pelo. ¿Cómo me las voy a quitar?
—¿Cuando ves gente sin el tipo de pelo afro con trenzas, lo consideras apropiación cultural?
—La verdad que no me molesta, pero siento que se debe tomar en cuenta el trasfondo del peinado. Si es que las ocupan por moda sin investigar la historia que tienen entonces sí. En todo caso, recomendaría que no las ocupen porque quedarían calvos.
Durante su trayectoria, Emile ha sido coronada como Teen Haití en Chile (2022-2025), Teen Paine 2023 y representante en el certamen Reina Mundial del Turismo 2024 en la categoría Teen.
—¿Cómo llegaste a participar en concursos de belleza y desfiles?
—Fue por casualidad. Yo quería meterme a un curso de mecánica y mi mamá me dijo que no. Entonces entré a modelaje sin muchas razones, solo que no me dejaron mecánica. Partí chica en un certamen llamado Miss Teen Chile y terminé ganándome una beca para estudiar modelaje. Fue cuando fui a buscar mi pasaporte a la embajada de Haití que me contaron de la existencia de una competencia para jóvenes haitianas en Santiago, la Miss Haití en Chile. Así comencé a conocer a más gente y cultura haitiana, una comunidad acá que yo no sabía que existía.
—¿Que significa participar en certámenes representando a Haití, siendo que ya no resides ahí?
—Es una manera de mostrar otra perspectiva de mi cultura, y representar un pedazo de mi país a 12 horas en avión de este. Me ha permitido conocer personas nuevas, pero también que ellas conozcan de mi país. De hecho, cuando viajé a Paraguay para participar en Reina Mundial del Turismo, había hecho un miniproyecto llamado “Descubre Haití”, para que la gente pudiera informarse más sobre la cultura, comida tradicional y cosas así.
—¿Ser Miss Teen Haití en Chile cambió la manera en que vives tu identidad?
—Siento que me voy involucrando más con las personas y con la cultura. Mis otras vecinas, que son haitianas chilenas, no están tan involucradas con la comunidad, pero yo sí. Aunque sea sorprendente, en Chile he descubierto cosas de Haití que no sabía viviendo allá, conocí otra manera de vivir la cultura haitiana.
—Al representar a Haití en tantos certámenes, ¿no te han dado ganas de volver?
—Sí, me gustaría ir de visita, pero la verdad es que mi mamá no me deja. Esto porque para ir, tendría que pasar por la capital, la cual está tomada por ciertos grupos. Si lograra llegar al aeropuerto y tomar un avión a otra región del país, recorrería sin problemas. El problema es la capital.
Gemima comenta que en el largo plazo le gustaría seguir viviendo en Chile a pesar de las ganas por visitar el país caribeño. “Aunque cuando sea vieja me gustaría volver a Haití y morir allá”, dice.
—¿Qué te ha enseñado el modelaje que puedes aplicar en tu vida universitaria?
—La paciencia y la resistencia. Una tiene que estar como cuatro horas de pie en tacones. Además, hablar en público, tener buena vocalización y sobre todo no tener pánico a decir lo que uno piensa.
Bonus Track – PUClicuestionario
—¿Baño favorito?
—El de Enfermería.
—¿Ramo favorito?
—Anatomía, aunque me mató, me arrastró y me dio con un bate de béisbol.
—¿Ramo más temido?
—Antes de entrar a la U era Anatomía, luego fue Química.
—Cosa que quieras hacer antes de egresar
—Seguir haciendo voluntariados. Además hacer varias certificaciones extracurriculares, conocer más gente y hacer intercambio en Francia.
—OFG que recomiendes
—Aún no tomo ninguno, pero me interesa alguno de teatro.
—Si fueras rectora de la UC, ¿cuál sería tu primera medida?
—Pondría sillones nuevos en Enfermería. En realidad pondría en todas las facultades.
—Invéntate un ramo
—Modelaje para todos.






