Más allá de las etiquetas

A propósito del video publicado por lacatoxjara, en el que participan representantes tanto del pacto Amanecer como de la NAU, vale detenerse más allá de lo pobre de los eslóganes, que revelan cierta incomodidad ante las elecciones de este domingo. Quiero referirme a un concepto que se utiliza allí con notable liviandad: el de “ultraderecha”.

Usar esa etiqueta demuestra una incomprensión profunda del Chile actual y de lo que la mayoría de los chilenos quieren hoy. Tras el fracaso del primer proceso constitucional, el clivaje político del país cambió. Ya no se estructura únicamente en torno a las disputas heredadas de 1973, sino en torno a lo ocurrido en los últimos seis años: el intento de sectores de izquierda por desestabilizar a un presidente democráticamente electo, la relativización de la violencia que vivimos, el abandono del respaldo a Carabineros, incluso proponiendo reemplazar por completo la institución, y la imposición de agendas identitarias por sobre el bien común. Ese es el peso que arrastra hoy la izquierda, y sobre el cual todavía no ha hecho una autocrítica sincera.

Lo esencial, sin embargo, es que estos sectores estuvieron del lado contrario de la ciudadanía el 4 de septiembre, cuando el país rechazó de manera categórica la propuesta constitucional refundacional impulsada por el Frente Amplio y el Partido Comunista. Esa asociación política es imposible de borrar, por mucho esfuerzo comunicacional que se despliegue, y haber estado en el lado equivocado de un momento tan decisivo es lo que más pesa hoy ante la opinión pública.

En este escenario, la izquierda parece no haber aprendido lo suficiente. La victoria de Jeannette Jara en las primarias lo ilustra con claridad. Sus credenciales democráticas generan dudas legítimas, considerando que milita en el Partido Comunista, una organización cuyo horizonte político, inspirado en Marx y Lenin, siempre ha sido la conquista del poder a cualquier costo. A esto se suma que, como tantos militantes de su colectividad, probablemente haya jurado en su juventud “luchar por la construcción del socialismo y el comunismo en nuestra patria, estando dispuestos a dar la vida por ello si fuese necesario”. Esa convicción y esa fidelidad a un proyecto que ha fracasado donde ha sido aplicado no hacen sino profundizar la incomodidad que hoy enfrenta ante la ciudadanía.

Por eso, aunque durante estos últimos días se insista en convencer al país de que votar por Jara es una buena decisión, será difícil lograrlo mientras la izquierda siga sin entender el nuevo clivaje político chileno. Todo indica que José Antonio Kast podría convertirse este fin de semana en el candidato presidencial más votado de nuestra historia. Y una parte significativa de quienes votarán por el candidato son precisamente aquellas personas a las que ciertos sectores de izquierda califican como ‘ultraderecha’, una etiqueta completamente alejada de la realidad.

No son “ultraderecha” quienes desean orden en las calles, respeto por nuestras tradiciones, estabilidad económica y mejores oportunidades para sus familias. Son chilenos comunes y corrientes, cansados de la inseguridad, la incertidumbre y la confrontación permanente. El apoyo que ha recibido el candidato proviene de sensibilidades políticas diversas que buscan que el país recupere la estabilidad y que reconocen, entre los dos liderazgos en disputa, que solo en él existe una posibilidad real de lograrlo. Esa opción está muy lejos de la connotación negativa asociada al término con el que hacen campaña.

Será en la amplitud de nuestro sector donde deba asumirse la responsabilidad de no dejarse intimidar por el Partido Comunista ni por el Frente Amplio, de ofrecer gobernabilidad y acuerdos en los grandes temas nacionales, y de liderar la recuperación de la seguridad, el crecimiento y la tranquilidad que tantas familias de Chile necesitan.

Jean Joublan

Estudiante de Ingeniería

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