Antes de comenzar, quiero llevarlos a un paseo por el recuerdo:
Año 2017, período de elecciones presidenciales. En ese entonces, un independiente, José Antonio Kast, postula a la presidencia hablando de familia y distanciándose de los políticos, diciendo: “El que diga que va a solucionar todo en cuatro años, ese es el primero por el que no tienen que votar, porque los países no cambian tan rápido”. Ese año obtuvo el 7,93% de los votos.
El 2021 también fue un año de elecciones presidenciales. José Antonio Kast ya era el líder de Republicanos, su propio partido. Aquí cambia radicalmente el discurso y presenta sus ejes de campaña: “Bajo el lema de ‘Recuperemos Chile’, el partido de Kast planteó la necesidad de avanzar en aspectos relativos a la migración, la recuperación de la economía y la seguridad”, se lee en la página web del partido. Ese año pasó a segunda vuelta, pero perdió contra Gabriel Boric.
En 2025 era la tercera campaña de José Antonio Kast y, para esta ocasión, presentó todos los planes para mejorar un Chile que “se cae a pedazos”. Presentó el “Plan Implacable” para seguridad; presentó el “Plan Escudo Fronterizo” para migración; y para economía presentó el “Plan de Reconstrucción Nacional”. Ese año ganó las elecciones y se convirtió en presidente de la República.
De estos últimos tres planes, el presidente electo amplió sus promesas en campaña. Para migración prometió expulsar a 300.000 migrantes, dando un contador que terminaba el 11 de marzo. Para economía prometió recortar 6.000 millones sin tocar el gasto social. Y para seguridad, prometió cambios desde el primer día de gobierno.
Cuando escribo esto, han pasado 74 días. La ministra Steinert admitió no tener claro el plan y ya fue reemplazada de su cargo. El cambio de gabinete más rápido desde la vuelta a la democracia.
El presidente Kast admitió que lo de los migrantes era una metáfora; luego corrigió y dijo que era una hipérbole. Que la ministra de Seguridad no tenga un plan, ¿qué es? Recortar el gasto social en diversas áreas, basándose en la falsa premisa de que el “Estado está en quiebra”, ¿también es una metáfora? ¿O es una hipérbole?
Ese parece ser el lenguaje de nuestra época: ya no basta con proponer. Ahora todo debe ser “implacable”, “definitivo”, “histórico” o “de reconstrucción nacional”. La política dejó de hablar en términos reales y comenzó a hablar en metáforas de guerra, salvación y catástrofe.
Chile no estaba simplemente mal; se caía a pedazos.
La migración no era un problema complejo; era una invasión.
La delincuencia no era una crisis de seguridad; era una batalla final entre el bien y el mal.
Y quizás ahí está el verdadero triunfo de Kast —más allá de ganar una elección—: haber entendido que hoy las campañas no se ganan necesariamente con argumentos, sino con emociones capaces de amplificarse hasta convertirse en sentido común.
Espero que el gobierno deje de sorprendernos con más “hipérboles» y se digne a trabajar por aquello por lo que fue elegido.
Pablo Durán Rivera
Estudiante de Historia





