En el Consejo FEUC del jueves 23 de abril, se debatió sobre diversos temas como el Gobierno del presidente Kast, la educación primaria, secundaria y superior, y las manifestaciones tanto dentro como fuera de la universidad. A pesar de las discrepancias, quienes intervinimos pudimos llegar a importantes conclusiones para reafirmar el compromiso de los universitarios con la educación en todos sus niveles.
Desde la bancada de Solidaridad (SDD) pusimos sobre la mesa los puntos que consideramos relevantes con respecto a las manifestaciones sobre educación. Allí reparé en la importancia de que la discusión no solo abordase la educación superior, sino que también se hablara sobre la educación escolar y su lamentable y drástico deterioro en los últimos años.
Hablar de la gratuidad y el acceso a la educación superior es fundamental, pero como estudiantes universitarios, es un deber no callar la crisis de la educación escolar. Nuestro compromiso con la educación nacional, como hemos planteado distintos representantes del movimiento en debates, en los patios y en medios de comunicación, es de largo plazo y con todos sus niveles. Sería egoísmo corporativo concentrarse solo en la educación superior y dejar la escolar de lado.
Un consejero territorial de la Nueva Acción Universitaria (NAU) recortó mi intervención en el consejo, sacándola de contexto y privándola de su sentido natural, como si yo no quisiera hablar sobre la situación de la educación superior. De hecho, ya había hablado en el consejo sobre dicho asunto, criticando medidas del gobierno que nos parecían cuestionables desde Solidaridad. Esto defendiendo que hubiéramos esperado, más que recortes, una reforma transversal que dé una salida a largo plazo a un sistema educacional que se encuentra en crisis en todos los niveles.
Ese fue el contexto en el que dije la frase referida en la columna. No para evadir el tema de la educación superior, sino para reafirmar el valor que tiene que, como universitarios, volvamos a conversar sobre la triste decadencia que compromete a las generaciones futuras del país.
El derecho a la educación vulnerado son los 931 mil niños chilenos que faltaron gravemente a clases en 2024, la violencia normalizada contra profesoras y profesores —como el caso de Calama o el de los profesores que fueron rociados con bencina en el Barros Arana—, la decadencia de los liceos emblemáticos y la lamentable situación del profesorado y sus condiciones de trabajo. Una crisis brutal que no se va a solucionar con un recorte de presupuesto aquí y allá, o con tal o cual aumento de la gratuidad. Se requieren reformas profundas que remuevan el sistema desde sus bases para terminar la crisis.
Ante tal desolador panorama, ¿no es un deber como estudiantes y con el país dejar de mirarnos eminentemente a nosotros mismos e incorporar, junto a los temas que aquejan a los universitarios, la tragedia de nuestra educación escolar?
Ese es el compromiso de Solidaridad, eso es lo que defendemos y hacia allá se dirigió mi expresión. Por eso es triste ver que, ante problemas tan serios como los señalados y en vez de contribuir a la discusión de fondo, el aludido consejero territorial de la NAU se dedique a gastar el tiempo cortando y pegando frases sacadas de contexto, llegando a tal punto que termina falseando los hechos.
Hugo Herrera Truffello
Consejero Territorial de Derecho
Miembro de Solidaridad (SDD)





