Estimada directora: El día de ayer, mientras cientos de personas participábamos de la Santa Misa, un grupo convocado por el Centro de Estudiantes de Educación se instaló en la entrada del templo, generando ruido constante e impidiendo que pudiéramos seguir el desarrollo de la misa con el respeto y el recogimiento que esta merece, especialmente en sus momentos más significativos.
Ante esta situación, me acerqué a solicitarles de manera respetuosa que se trasladaran a otro lugar. Sin embargo, su respuesta fue despectiva e indiferente, señalando que permanecerían allí por algunos minutos más, sin considerar el impacto de sus acciones sobre quienes nos encontrábamos dentro.
El ejercicio de la libertad de expresión implica necesariamente el reconocimiento de los demás. Quien quiere ser escuchado debe empezar por escuchar y respetar a los demás, porque la convivencia en una sociedad democrática exige no solo libertades, sino también límites claros basados en el respeto mutuo.
Interrumpir de esa manera un espacio tan importante para muchos no solo constituye una falta de consideración, sino que refleja una preocupante degradación en la forma en que algunos entienden la participación política.
Confío en que se promueva un estándar mínimo de respeto que permita la convivencia entre personas con distintas visiones, sin que unos atropellen a otros.
Diego Domeyko
Consejero territorial de Solidaridad



